“Yo no soy madame Bovary” de Feng Xiaogang o Acer palmatum “dissectum” (Arce japonés)

Admiro la valentía en cualquiera de sus manifestaciones, tal vez porque yo no soy capaz de asumirla con el carácter y la determinación de la que hacen gala ciertas personas, que tienen claro lo que hacen, hacia dónde van y lo que hacer con ese torrente de información que puede paralizar en el mismo momento de que se es consciente que se posee.yonosoymadamebovary_poster

De entrada, Feng Xiaogang, toma la determinación de modificar el nombre de la novela homónima de Liu Zhenyun y lo europeiza, adoptando el nombre de un personaje de otro novelista mucho más conocido por estos lares. Gustave Flaubert inmortalizó a una de sus criaturas y Madame Bovary ha protagonizado multitud de versiones de todos los gustos y colores. Ésta mujer de armas tomar y decisiones drásticas vivió en las páginas del escritor francés una historia universal de frustración y expectativas truncadas, cuando su matrimonio no alcanzó las cotas que le hubieran permitido conseguir sus objetivos y actuó en consecuencia a su código vital y moral, que suelen estar enfrentados en la mayoría de las personas, aunque estos no suelan saberlo y les importe una mierda.

La protagonista de esta película que en la novela recibe el nombre de Pan Jinlian, también es una mujer que remueve Roma con Santiago para tratar de restablecer un equilibrio y una injusticia que desde su punto de vista, requiere reparación inmediata.

Hasta ahí los paralelismos.

Pan Jinlian, como bien nos cuenta un narrador omnisciente con una sugerente voz en off, ilustrando nuestra ignorancia con un cuento popular chino, es el sobrenombre o el apodo que le colocan como un sanbenito oriental, a todas aquellas mujeres a las que se les presupone una vida de adulterio y, en el mismo momento que una lengua desbocada lo suelta a los cuatro vientos, es un estigma del que no resulta fácil librarse.

La segunda valiente y casi suicida decisión que toma el director chino, es circunscribir toda la acción en base a un círculo y un rectángulo según dónde se desarrolle la acción y que deja en negro el resto de la pantalla, convirtiéndonos en voyeurs, o por españolizarlo, en cotillas que nos metemos en la vida de los demás con premeditación y alevosía.

Con este método radical y nuevo por lo menos para mí, en mi infinita ignorancia, elimina la visión periférica y nos obliga a concentrar nuestra extrañada mirada en el interior de ese círculo o ese rectángulo que convierte toda la película en un ejercicio de geometría perfecta que nos descoloca y nos condiciona y que nos hace desear, dentro de un guión lineal aderezado por puntuales indicaciones, conocer el resto de la historia que nace como algo simple y que se va complicando hasta el desconcierto según nos vamos adentrando en la madeja existencial que propone el director chino.

Una simple piedra empujada por el ímpetu desaforado de un escarabajo pelotero en la pendiente de una montaña muy alta (en el caso de que estas criaturas puedan vivir en esas condiciones), puede llegar a desencadenar algo mucho mayor, toda vez  que esa piedra, una vez cambiada de sitio, podría deslizarse pendiente abajo e ir arrastrando otras a su vez que van aumentando el tamaño del material desprendido, de tal modo que lo que llega unos cientos de metros más abajo, es una avalancha de tres pares de cojones que va a dejar todo hecho unos zorros.

El argumento es simple en apariencia. Una mujer que se ha casado por supuesta conveniencia, que no tiene porqué significar la ausencia de amor, se enreda en un divorcio falso para obtener un supuesto beneficio en connivencia con la otra parte contratante en lo que supone una estafa hacia el gobierno en un país en el cual esas cosas se pagan a precios muy altos. Luego resulta que la otra parte no cumple con lo pactado y lo que en principio parece un buen acuerdo para conseguir ciertos fines, se emponzoña y se tuerce para una de las partes, que trata de obtener reparación de manos de los funcionarios responsables de resolver este tipo de litigios, aunque eso suponga, en apariencia, levantar la liebre.

La mujer va de menos a más, avasallando a los diferentes estamentos gubernamentales que asienten alucinados al despliegue verbal y físico que una joven ataviada con un chubasquero presenta ante ellos sin importarle escenario, protocolos ni gilipolleces varias de esas que se inventan los humanos para tratar de protegerse del exterior y refugiarse en su cómoda burbuja.

Y la piedrecita que el escarabajo moviera en su periplo mañanero allá por las alturas, empieza a caer ladera abajo sin que nadie se percate de lo que se les viene encima.

La tenaz mujer, asediada por sus conflictos internos, llega contra todo pronóstico hasta las más altas esferas, al tiempo que vemos que la sociedad china tiene unos políticos tan corruptos, volubles e impresentables como la mayoría de los nuestros, sin que ello suponga un consuelo, sino la constatación de que los responsables de nuestros asuntos, son una panda de caraduras, por decirlo finamente, que aspiran a perpetuarse en su puesto sin atender  los asuntos mundanos de los que les han colocado en su poltrona.

Lo que ocurre es que por lo visto allí, no sé si es cultural o simplemente anecdótico, el que la hace la paga y si ciertas cosas llegan a saberse entre los de arriba, los de abajo caen como fichas de dominó, que total los chinos son legión y hay sustitutos de sobra para cubrir las vacantes.

Nada que ver con lo que ocurre en España dónde los tesoreros corruptos son alentados mediante mensajes por los presidentes electos y en dónde nadie se hace responsable de nada y los juicios se prolongan durante años mientras las víctimas de los desaguisados agonizan en la ignominia, el olvido y la desazón sin más esperanza que una alineación de planetas que no aporta gran cosa, aunque a esas alturas ya nos valga con el gesto más nimio tal vez  porque eso significa que se han dado cuenta fugazmente de que no somos un holograma que de vez en cuando se materializa para meter un talón en blanco dentro de una urna.

La mujer protagonista, pese a no ser Madame Bovary o precisamente porque no lo es, se embarca en una cruzada de una década renovando sus votos. Es decir, ella aprovecha cada año un evento de máxima magnitud política para seguir reivindicando una falta de resolución que se la ha ninguneado en lo que empieza a ser un ritual incómodo que no por esperado, deja de serlo y que corre el riesgo no sólo de perpetuarse sino de que sirva de ejemplo para  que la imiten otras personas con problemas similares que pudieran venir detrás.

Llega un momento en que la película parece caer en el esperpento y la ridiculez porque el espectador, por lo menos el no  oriental, no acaba de entender que una simple ciudadana pueda llegar a armar tanto revuelo de una manera tan pacífica como tenaz.

En España, y cito siempre el país en el que vivo porque aquí he vivido siempre, no por acritud, las reivindicaciones tienen fecha de caducidad más o menos previsibles. Madrid es utilizada como cubo de la basura del país por algo tan sencillo como que aquí reside el gobierno central  y se supone que aquí todo tiene más visibilidad y por lo tanto más repercusión. Pero generalmente las huelgas de hambre se acaban cuando abren un McDonald´s al lado y nos llega el olor de las hamburguesas y las acampadas en mitad del Paseo de la Castellana son secundadas masivamente el primer fin de semana, pero luego sólo permanecen allí los más afectados y los que más tienen que perder y a los que poco después consideramos parte de un mobiliario desvencijado del que da pereza desprenderse. Cuando llega una efeméride de una fecha traumática, poco tiempo después sólo los que estaban en primera fila de la desgracia siguen ahí al pie del cañón. Los demás, solemos cambiar de canal.

Como las madres argentinas de la Plaza de Mayo que siguen reclamando los cuerpos de sus hijos comidos por los peces o fosilizados en una fosa común y como todos aquellos que siguen reivindicando sus derechos y una parcela mínima de atención y de los cuales nos olvidamos según las noticias dan paso a los deportes.

Nada se consigue sin persistencia ni tenacidad. Se trata de estar ahí, de dar por culo como ellos nos dan a nosotros, de recordarles que tenemos voz y voto y que si nos saliera de dónde proceda y nos diera por ello, estarían bien jodidos como les pasó a la aristocracia francesa que infravaloró a los de abajo y así les fue.

Resulta curioso que el personaje principal y femenino, una vez ha perdido el fuelle porque el desencanto y la no consecución de los objetivos cansa, merma e insensibiliza aunque sólo sea como mecanismo de defensa, redoble sus ansias de venganza cuando ya ha anunciado su retiro de la causa y nadie la cree.

Esta es una película muy oriental en la cual los encuadres son clásicos, dicho esto con reservas ya que la mayor parte de las veces la acción queda recluida en un círculo, pero la mayor parte de las veces están pensados para que lo veamos desde una posición furtiva entre las ramas de unos árboles, reflejándose en el espejo de una camioneta parada en un disco o  a través del hueco dejado por una puerta mal cerrada, lo que acentúa la sensación de invasión no consentida de la intimidad como la que ejercen toda esa corte de parásitos y babosos que persiguen a la heroína involuntaria de esta cinta tratando de prever cuál será su siguiente paso.

Como oriental y estrella de los minimalistas jardines orientales es esta planta de porte aristocrático y follaje espectacular que sólo adquiere su belleza absoluta en aquellos lugares y orientaciones en las que sus hojas no resultan dañadas acer_3por un exceso de sol a las horas centrales del día.

Es una planta que no suele ser bien utilizada y por ello en muchas ocasiones durante el estío, sus hojas se queman y sobrevive a duras menos porque no le queda otro remedio, como sobrevive esta mujer que clama a los cuatro vientos por una injusticia legal basada en un engaño previo y que aguanta carros y carretas a la intemperie, en espera de la llegada de ese momento en el cual el calor extremo afloje y exista un resquicio para respirar y retomar fuerzas.

En un momento dado, se hace referencia al suicidio y cuándo alguien se pregunta en voz alta qué lleva a una persona a quitarse la vida, esta dice que se hacen preguntas que no tienen respuesta, porque si se hallara la respuesta, tal vez el instinto suicida desaparecería. Los que lo consiguen no regresan para contarlo y nunca sabremos si en el momento en el que la vida se les escapa no les gustaría invertir el proceso si eso fuera posible.

Esta planta aguarda en su maceta el momento en el cual un jardinero sensible y con conocimientos le dé exactamente lo que necesita, con la paciencia de un vegetal inmóvil limitado por el sustrato que a la vez le sustenta, como esta mujer aguarda una reparación, no que le devuelva lo que ha perdido sino que la ayude a sustentarse moralmente toda vez que la esperanza se ha marchado.

A partir de cierta parte de la trama,  la película se convierte en un vodevil oriental que a ratos causa hilaridad y en otras desamparo ante la posibilidad de meterse en bucle y no salir de allí,  pero que se sigue con verdadero interés porque aunque se supone que nos lo están contando todo, hay algo oculto que está esperando a ver la luz y queremos que nos sea resulto el enigma, en el caso de que lo haya.

La película tiene una resolución perfecta en lo que supone uno de los mejores giros de guión que puedan verse en una sala de cine y que otorga un sentido a todo lo visto y lo magnifica hasta el punto de abrir todas las compuertas posibles que nos harán revisar el trabajo en nuestra mente una y otra vez y sobre lo cual, aunque es goloso, no puedo decir nada sin que me corran a gorrazos los hipotéticos incautos que se sumerjan en este desvarío literario que propone un servidor.

Este es un gran trabajo inclasificable en todos los aspectos, de corte social pero de calado filosófico, que tiene muchas lecturas, pero cuyo trasfondo es una crítica a un sistema inmovilista y rígido como todos en los que prima lo de unos pocos por encima de lo del resto y es  deudor de una manera de hacer cine que puebla los festivales de medio mundo. Esta obra obtuvo dos galardones en la pasada edición del Festival de San Sebastián. A saber,  Concha de oro a mejor película y Concha de plata a mejor actriz.

No es un mal botín.

Todo se resuelve finalmente por accidente, por azar o por la más pura incompetencia e inacción como ocurre con cierto personaje de nuestro país que nunca asume sus fracasos y cuyos frentes abiertos acaban resolviéndose no por su pericia vital, sino porque son los otros los que con acciones erróneas le solucionan la papeleta.

Y ahí sigue el tío. Tal vez es una buena técnica, aunque no creo que la enseñen en las escuelas.

De ser así, habría hostias por conseguir una plaza.

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