“Vivir de noche” de Ben Affleck o Saccharum officinarum (Caña de azúcar)

Los gánsteres son casi tan viejos como el cine y este medio indispensable les ha rendido puntual tributo con mucha frecuencia regalándonos algunas obras que permanecerán para siempre en la memoria de los espectadores. Y la década de finales de los años veinte y los treinta, eran el caldo de cultivo ideal para que proliferaran como moscas este tipo de personas que convertían en mantra eso de a río revuelto, ganancia de pescadores. Las prohibiciones generan demanda y la demanda genera oferta. Ahora se supone que hay libre comercio y esas paparruchas, pero lo cierto es que los que tienen pasta e influencia, pueden medrar y aquellos que medran tienen los mejores puestos por una sencilla razón: eliminan a la competencia y hay varias formas de hacerlo. La más expeditiva es quitárselos de en medio y vuelta al refranero, muerto el perro se acabó la rabia, pero también está aquello de si no puedes con tu enemigo, únete a él.vivir de noche cartel

Francis Ford Coppola revitalizó el género llevando a la gran pantalla en varias partes la obra cumbre de Mario Puzo. Brian de Palma en 1987 puso en pie una obra maestra del cine moderno con “Los intocables de Eliot Ness”, Los hermanos Cohen dieron otro punto de vista en “Muerte entre las flores” en 1990. Curtis Hanson hizo lo propio en 1997 con “L.A Confidencial” y hasta Ridley Scott se sumó a la nómina de directores consagrados filmando su mejor obra desde “Blade Runner” en 2007 con “American ganster”.

Ha sido y es un género revisitado y seguirá siéndolo porque nos ponen cachondos y nos generan mucha envidia aquellos que se libran de ataduras morales y, pasándose las normas por el forro de los mismísimos, toman lo que quieren, compran a quienes pueden vigilarles y eliminan todo bicho viviente que pudiera ocasionarles puntuales y molestas picaduras.

Y son muchos los actores, auténticas vacas sagradas del cine, los que han encarnado con frecuencia a este tipo de personajes. Desde Edward G. Robinson y James Cagney cuando el cine era en blanco y negro, hasta Marlon Brando y los enormes Al Pacino y Robert de Niro que han prolongado su reinado hasta hace poco, se han metido en la piel de estos tipejos sin alma y sin escrúpulos cuyo código de honor era tan variable y maniqueo como sus estados de ánimo, pero a quién nadie osaba toser porque no es de mucho agrado que te corten tus propios testículos y te los hagan comer.

Tom Hardy y Johnny Depp han sido dos de los últimos que se han sumado a la lista, pero a pesar de sus innegables dotes como actores, no pasan el corte cuando se trata de compararles con aquellos que han elevado el género a categorías sublimes con actuaciones inolvidables que hubieran sido del agrado incluso de los personajes reales que acapararon portadas de periódicos y que tuvieron en nómina más gente que cualquier multinacional de las de la actualidad y que no se molestaban en hacer un ERE cuando querían despedir a varias personas porque les traía más a cuenta vaciar unos cuantos cargadores o tirar al río algunos vehículos con un alto índice de ocupación.

Y por supuesto, Ben Affleck no está ni entre los diez mejores, pero salva la papeleta con solvencia porque, como ya creo haber dicho por lo menos en una ocasión, los que no tienen el talento suficiente para ser maestros con sólo asomar la jeta por una esquina del plano, tienen que currar como cabrones para mejorar y en eso de currar, este señor se entrega a tope. Y como director es mucho mejor que como actor, como demostró en “The town” en 2010 y en “Argo” un par de años más tarde, aunque también triunfó como guionista en 1997 junto con Matt Damon firmando el libreto de “El indomable Will Hunting”.

Muy completito este californiano que nació con el cambio de década del seis al siete y que, desde que debutara como actor infantil en  1981 de la mano de Jan Egleson en “The dark end of the street”, ha seguido currando en la industria en calidad de lo que fuera menester haciendo gala de su carácter polifacético y multifuncional.

En esta película que nos atañe, firma un trabajo muy por encima de la media, sobre todo de las últimas incursiones (véase “Black Mass, estrictamente criminal” de Scott Cooper o “Legend” de Brian Helgeland, las dos del año 2015), partiendo de una magnífica ambientación y una gran variedad a la hora de elegir las localizaciones. Los personajes y las situaciones son arquetípicas porque el género ya no da más de sí, pero las actuaciones están muy cuidadas, el elenco está escogido con mimo y, aunque basada en una novela homónima de Dennis Lehane, escrita en 2012, la adaptación de los diálogos es fabulosa y otorga a la película una credibilidad de la que otras carecen. Hay evolución en la mayoría de los personajes y vemos cómo cambian y oscilan de un lado a otro del espectro, todos dentro de sus capacidades como seres humanos, que atraviesan diferentes tipos de etapas y cómo se enfrentan a los imponderables con los recursos que poseen cada uno, arrostrando las consecuencias de sus decisiones como cualquier mortal ya se dedique a poner ladrillos, picar piedra o vender alcohol de manera ilegal.

Están presentes todos los temas de interés que puedan articular una trama de este tipo. El amor, las relaciones paterno filiales, la amistad, la traición, las creencias y la forma de entenderlas, la redención, el perdón, la venganza y el olvido y todas las tramas secundarias obedecen ciegamente a la principal, pero cada afluente del río va a parar a dónde debe y no hay desaprovechamiento de recursos, ni riadas cinematográficas, ni excesos visuales ni narrativos. Todo está dónde debe estar porque hay una férrea voluntad de que así sea y de que todo el edificio esté bien construido para que no se venga abajo a las primeras de cambio. Las tramas secundarias son tan atrayentes como la principal, incluso más la mayor parte del tiempo y cada historia está cuidada y cerrada como si fuera la más importante. No hay nada superfluo. Los personajes, aunque supongo que eso es mérito del escritor de la novela, son sólidos y tienen entidad propia y el director los coloca sabiamente en el lugar adecuado y construye una historia que tiene su génesis en plena Gran Depresión Americana y todo lo que surgió después con la instauración de la Ley Seca y de la lucha de las mafias extranjeras emigradas y residentes en la América de las oportunidades en la cual cualquier tipo con pistola y un par de cojones bien gordos, podía hacerse el puto amo si era capaz de rodearse de una buena barrera para que los tiros no llegaran hasta su habitación. Las mujeres, cosa poco habitual en este tipo de películas, no son meras comparsas y lucen coraje y determinación a partes iguales y cada uno busca salvar su propio culo como mejor puede.

El resultado es una película notable que alimentará el currículum de su director que más allá de saberse y estar consagrado, no se relaja ni un ápice y continúa honrando al arte que ha elegido como medio de vida y del cual muchos de sus compañeros de profesión deberían de tomar buena nota. No será el mejor actor del mundo, ni el más expresivo ni será jamás el mejor director de todos los tiempos, pero cada día que pasa y con cada trabajo es un poquito mejor que en el anterior y eso se llama evolución y yo admiro profundamente a aquellas personas que buscan de manera constante sus límites hasta que se dan de bruces con ellos y después del choque, siguen intentando traspasar fronteras.

La ley seca estuvo vigente en EE.UU desde 1920 hasta 1933 y durante esa época el mercado negro vivió su época dorada y muchos personajes que supieron estar en el lugar y el momento adecuados, sacaron una gran tajada de ello. Me atrevo a decir que el origen de algunas grandes fortunas de muchas familias, tuviera su punto de partida en esa razón concreta. Toda prohibición acarrea la anulación de lo que hasta ese momento había sido legal y ya por aquel entonces la legalidad de las drogas era un tema controvertido que  sigue en rigor y que alimenta coloquios y tertulias en todo el mundo y aún no se ha demostrado que una cosa sea mejor que la otra.

Por aquel tiempo y lugar, los gánsteres tenían el ojo y la pasta puesta en las islas del caribe, dónde se cultivaba la caña de azúcar de la cual se extraía después el ron tras su destilación que era envasado en barricas y enviado a territorio americano para sus distribución y consumo ilegales.caña ron

La primera vez que se mencionó esta bebida fue en 1650 con el nombre de rumbullion, que significaba literalmente “un gran tumulto”, como los pifostios que montaban estos tipos por hacerse con el control desde el origen de esta planta que una vez destilada ofrecía la posibilidad de embriagarse a unos y de hacerse millonarios a otros. Esta planta posee microorganismos asociados a sus raíces y algunos que crecen en sus tejidos, que pueden fijar el nitrógeno atmosférico y permiten que sea cultivada sin abonos nitrogenados aplicados artificialmente, como los organismos asociados a los jefes de cada mafia que contaban entre sus filas con un nutrido número de acólitos que sembraban el terror a instancias de los que pagaban sus sueldos para controlar el cotarro. Esta planta una vez talada para su uso y gestión, puede retoñar varias veces para ser cultivada de nuevo, como retoñaban los clanes cuando perdían la cabeza visible y otro ocupaba su lugar para perpetuar el asunto.

El hombre es un ser vivo dependiente de muchos factores externos, que suele necesitar de buscar evasiones para asumir la propia realidad. Las drogas, sean del tipo que sean, permiten esas evasiones y no creo que haya mucha diferencia entre el hechicero de la tribu que entraba en trance después de ponerse hasta el culo de la planta local generadora de alcaloides y el chaval que se mete una pirula que contiene dosis semejantes de lo mismo pero debidamente procesada para que también los laboratorios saquen su tajada. Lo que ocurre, es que lo que está prohibido llama mucho más la atención.

Da igual las medidas que se tomen. El hombre como género seguirá metiéndose para el cuerpo todo aquello que pille. Si no nos mata la bebida, lo hará el tabaco, la marihuana, la cocaína o lo que nos meten para que los filetes tarden más en caducar. El final siempre es el mismo. Sólo es cuestión de tiempo y al final la causa de la muerte siempre es paro cardíaco. No hace falta estudiar cinco años para saber eso. A veces se te para el corazón por un estrechamiento de la arteria y una sangre demasiado espesa y otras veces porque te han abierto un bonito agujero en la frente porque has tocado los cojones a la persona menos adecuada.

Son formas diferentes de finalizar algo para lo cual no contaron con nuestra opinión ni nos pidieron permiso. Quién juega con fuego, es lógico que se acabe quemando.

Lo malo son aquellos que mueren carbonizados sin saber siquiera que estaban en mitad de un incendio.

Vivir de noche imagen dest

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