“Un minuto de gloria” de Kristina Grozaeva o Pica pica (Urraca)

Bajo este nombre científico que más bien parece el de un tipo de chuche muy famosa cuando yo era niño, se esconde un ave paseriforme de la familia de los córvidos que es la más reconocible y una de las más abundantes en Europa. Está considerada también una de las aves más inteligentes y está comprobado que la extensión del cuerpo estriado de su encéfalo, tiene el mismo tamaño relativo que el de los chimpancés, los orangutanes o los humanos.Tiene el cuerpo blanco y negro con destellos iridiscentes, acabado en una cola larga azul o verde metálico, según incidan sobre ella los rayos del sol y su voz es un matraqueo áspero.urraca

Puede habitar en cualquier hábitat siempre que no comparta nicho ecológico con otras aves, como le ocurre con el rabilargo, ya que su carácter omnívoro y su preferencia por espacios degradados por el hombre y su agrado por las cercanías a poblaciones humanas se lo permiten.

Es un ave con gran poder de comunicación con sus congéneres y con su voz ronca emite señales de advertencia cuando hay peligros cercanos avisando de la presencia de posibles enemigos. Se defienden en grupo cuando alguna es acosada por otro predador alado que pretenda incluirlas en su dieta y pueden llegar a acosar cual manada a otros depredadores terrestres y, cuando hallan comida, avisan a cuervos y buitres para que vayan abriendo el cadáver con sus picos más fuertes y luego acuden ellas a dejar los huesos mondos y lirondos.

Con el debido adiestramiento desde jóvenes, pueden llegar a imitar la voz humana y son capaces de diferenciar personas a nivel individual y, como les ocurre a delfines, primates y elefantes, reconocen su imagen cuando se ven reflejadas en un espejo, lo cual añade un toque de sofisticación a un ave que también forma parte de la superstición popular que la sitúa, según casos, a un lado u otro del espectro de popularidad.

Se la conoce según lugares de la geografía española por otros nombres como picaza, picuraza, marica o pega, lo cual viene a decir que el ser humano en general, por lo menos por estas latitudes, no le tiene mucha estima.

Es también una gran recolectora de comida y objetos brillantes, que esconde con la misma habilidad con la que sobreviven y se reproducen, como millones de humanos tratan de sobrevivir y cuyo día a día es un curso de supervivencia básica sin recursos ni tutor que les oriente.

Y el protagonista de esta buena e indignante película búlgara es un empleado de los ferrocarriles estatales dependiente directo del ministerio de transportes, que malvive en una casa de mierda con lo básico y  con la única esperanza de que el estado no siga posponiendo la paga mensual con la que sólo puede aspirar a mantener de manera escueta sus ridículos privilegios.un-minuto-de-gloria- cartel

Y él cada día acude a su trabajo armado con su mochila y una llave de hierro con la que supervisa el estado de los raíles, mientras observa como jornada tras jornada, compañeros de trabajo, sustraen ilegalmente combustible y todo lo que pueden trapichear, para venderlo supongo que en el mercado negro, mientras los responsables directos y los superiores, desde el más gañán hasta el mismo ministro, miran para otro lado o se llevan parte de la tajada.

Y esto es así en todos los lugares habitados del mundo dónde el dinero es la única manera de poder acceder a cosas, medrar o adquirir poder o simplemente ser más que el de al lado, porque siempre eso ha sido un gran aliciente y parece que no vaya a tener visos de dejar de ser así nunca.

Y para eso se inventaron las mordidas, las comisiones, los aportes voluntarios y los impuestos revolucionarios para callar bocas, abrir culos y llenar carteras.

Pero del mismo modo que hay tiburones que primero muerden y después preguntan aunque no les azuze el hambre, también hay algunos seres humanos que sólo pretenden pasar por la vida viviendo y dejando vivir que es una de esas máximas que deberían de convertirse en un mantra para todos y que con que sólo la siguiera un veinte por ciento de la población mundial, este mundo daría un poquito menos de asco.

Y el ferroviario protagonista de esta potente película búlgara, es un hombre que sólo quiere hacer su trabajo y que le paguen por ello, a ser posible con puntualidad, para poder seguir con su vida y que una mañana  se encuentra un pastizal en las vías del tren que le hubiera solucionado la vida, pero decide comunicarlo a las autoridades, convirtiéndose en ese mismo momento en un héroe nacional para unos y en un gilipollas tarado para otros y en carne de cañón para toda esa multitud que se mueve en tierra de nadie y que traspasan fronteras morales con la facilidad con la que el cuchillo secciona la mantequilla.

Lo curioso es que nadie reparará en ti y seguirás siendo un ciudadano anónimo a menos que te toque la lotería, seas víctima de un atentado o te de, entre otras cosas, por liarte a hostias o apuñalar congéneres por cualquier esquina del paisaje patrio y es ese momento en el cual se está bajo los focos, cuando se adquiere esa fama pasajera que muchos buscan y que otros tratan de esquivar como la peste. Y cuando eso ocurra te perseguirán a todas horas armados con sus cámaras y sus micrófonos para tratar de arrancar una declaración, una mirada, uno de esos testimonios que la gente espera y que gusta de escuchar y ver mientras comen, se liman las uñas o se las muerden que tanto me da, o buscan vida alienígena en el interior de su pabellón auditivo y cuando la ola pase, esos mismos que te buscaron con ahínco, te dejarán tirado en la cuneta porque la información y las noticias van a toda hostia y se enfrían con la misma rapidez con la que entran en ebullición.

Parafraseando a Andy Warhol, todos tendremos derecho a quince minutos de fama, pero a este hombre le basta y le sobra con uno sólo de esos minutos, aunque el título adaptado de la película para el mercado español sea engañoso, ya que en el original hace alusión al reloj que el ferroviario lleva siempre a mano, con una dedicatoria grabada por su padre y al que cada día pone en hora con la ayuda de un servicio telefónico y de una voz pre grabada.

Y este señor del cual nadie sabía nada y que sólo era un expediente en el ministerio, un número asociado a un nombre y un apellido, salta a la palestra por protagonizar algo que la inmensa mayoría de los mortales no habría hecho de encontrarse en la misma tesitura y eso que le convierte en un ciudadano ejemplar, es al mismo tiempo una trampa que alterará su vida.

Como premio, el ministerio de transportes, cuya cabeza visible es el ministro, pero que lo lleva con mano de hierro una dama rodeada de acólitos dispuestos a dejarse inmolar con el indicativo perentorio de un simple parpadeo de su superiora, deciden convocarle para darle un reconocimiento público y un reloj conmemorativo del día en el cual este señor tartamudo, fóbico social y reservado hasta decir basta, decide hacer lo correcto.

De modo que este  señor acude con sus mejores galas que parecen sacadas directamente de un contenedor de ropa usada a ese agasajo estúpido y maniqueo que es sólo, como todas las cosas institucionales, un simple paripé para cubrir el expediente y darse auto bombo y allí la responsable directa por debajo del ministro, le quita el reloj que le había regalado su padre al homenajeado, para que el titular de la cartera de transportes pueda ponerle otro delante de las cámaras.

La otra protagonista es esa mencionada dama de hierro, adicta al trabajo, soberbia y caciquil, que no acepta un no como respuesta y que debe de salirse siempre con la suya caiga quién caiga y que por supuesto, aunque cuente con un equipo que le ríe las gracias y la saca las castañas del fuego, se apuntará siempre los tantos como si fueran suyos. Y este fémina terrible e implacable, encantada de haberse conocido y que considera que nadie está ni estará nunca a su altura,   pretende coger el último tren de la maternidad antes de que se le pase el arroz y  acude con su amantísimo, resignado y abnegado marido a la clínica de fertilidad para conseguir unos embriones sanos para implantárselos y jugar a ser papás y mamás y seguir llenando este mundo de pequeños hijos de puta que, cuando crezcan seguirán idénticos pasos que los padres, porque hay pocas cosas peores que un cabrón o su equivalente femenino, orgullosos de serlo y que consideran a los demás seres humanos de segunda categoría que en un momento dado pueden ser intercambiados por prebendas o privilegios. Da miedo pensar en esos proyectos de seres humanos encapsulados en sus viviendas de lujo y empapándose del modus operandi de sus progenitores, esperando que llegue el momento de la independencia para poder abatir sus propias presas.

Todo se sale de madre cuando el señor honrado, una vez le devuelven a su zulo, pretende recuperar su reloj y recibe negativas y largas mientras el trata de hacerse entender y en ese tránsito es utilizado por un profesional de la manipulación que usa su desesperación como arma arrojadiza hacia estamentos podridos, sacando a la luz cosas sabidas por todos pero no expuestas al público y eso acaba desencadenando una tromba de agua que sólo ahoga al único que no sabe nadar.

Se trata de una muy buena película que, con un planteamiento aparentemente sencillo, dispara contra todo y contra todos de manera elaborada pero sutil, demostrando que en todas partes cuecen habas y que unos comen más que otros porque tienen cubiertos y porque se han abierto un hueco en la mesa a base de utilizar los codos y sobre todo de eliminar a la competencia. De paso, este trabajo audiovisual de una directora que pone siempre el dedo en la llaga, plantea ciertas preguntas de difícil respuesta.

¿Es lícito quedarte con un dinero que no es tuyo si te lo has encontrado, sobre todo si existe la posibilidad de que esa misma pasta haya sido sustraída de manera ilegal?, ¿Cuántos años reales de perdón tiene quién le roba a un ladrón?, ¿La gente que utiliza a otra gente sin importar las posibles consecuencias y que estaban en la cola de los bolígrafos cuando se repartieron las conciencias, dormirá bien por las noches o tendrán algún momento en que les traicione el subconsciente con el consiguiente malestar u olvidarán sus actos llegando incluso a la conclusión de que ni siquiera fueron perpetrados por ellos mismos? ¿Toda la clase política de todos los lugares del mundo está integrada por idénticos seres humanos que buscan su propio lucro y el de los suyos y allegados o existirá alguien honrado que será aniquilado por el resto de la manada para evitar comportamientos extraños y juicios comparativos?

El resultado es una moraleja contemporánea sobre la prisa, la falta de solidaridad,la pudrición del ser humano, la revancha, el odio, el amor mal entendido y el deseo de perpetuar a toda costa nuestros anhelos, todo ello articulado en torno a un reloj que es mucho más que un simple objeto para su poseedor y que viene a decirnos que, una vez se traspasa el punto de no retorno, no hay fuerza en el mundo capaz de volver a colocar las cosas en su sitio.

Esos funcionarios corruptos, ese ministro manipulador, malversador e hipócrita, esos profesionales de la comunicación que venderían a su madre por una exclusiva, esos delincuentes comunes que operan a nuestro alrededor y que pueden vivir incluso bajo nuestro mismo techo, no sólo sin que lleguemos a censurarles, sino incluso llegando a parecernos normal lo que hacen, son como urracas que almacenan comida y joyas y que se defienden unos a otros porque no es que la unión haga la fuerza, sino que, cuantos más hagan lo mismo, más fácil nos resultará  auto convencernos  de que lo que hacemos lo haría cualquier otro en nuestra situación.

Conclusión: si te encuentras un montón de dinero y no tiene nombre, quédatelo y compra colchones para meterlo debajo.

Como diría Woody Allen, Toma el dinero y corre.

Y si te cazan, ya sabes. Mal de muchos, epidemia.

un minuto de gloria imagan dest

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *