“T2 Trainspotting ” de Danny Boyle o Lophophora williamsii (Peyote)

El mundo descubrió a Danny Boyle con la adaptación de una novela de Irvine Welsh cuyo título es el mismo que tuvo esa icónica película de los años noventa, concretamente de 1996, y que supuso un antes y un después en el cine británico y en el género de tipos pasados de vueltas por consumo excesivo de drogas.Trainspotting2Poster

No creo que no haya ningún aficionado al cine que la haya visto que no flipara con la escena del cuarto de baño más asqueroso de toda Escocia y probablemente del mundo, en una de las más alucinantes y maravillosas transiciones que ningún director de cine, habido y por haber, haya filmado jamás. También descubrimos entonces a un jovencísimo Ewan McGregor, que desde entonces, al igual que el director de la cinta, no han dejado de trabajar, aunque desde mi punto de vista, el talento del señor Boyle como director es infinitamente mayor que el del actor, por mucho que los años y la costumbre le hayan hecho crecer de manera importante dentro de la industria, porque el tío, hay que reconocerlo, también se lo ha currado.

Siento algo de pavor primigenio cuando me enfrento a una secuela de una película que me haya dejado marca por las razones que sean y con ese temor compré la entrada y entré en la sala, pero apenas comenzó la música y las imágenes empezaron a desplegarse ante mí con la fuerza que acostumbra a imprimir a sus trabajos este director británico, me di cuenta de que iba a ser un dinero bien invertido. Esta es la madre de todas las secuelas y hacía falta tenerlos cuadrados para enfrentarse al ingente reto de revisar la primera, reunir a los mismos actores veinte años después y conseguir no sólo que la cosa funcionara, sino marcarse una película de las que hacen época, aderezada además con toda la sapiencia narrativa y cinematográfica que este director incansable ha ido acumulando a lo largo de su carrera.

El cine de Danny Boyle es reconocible y tiene un sello muy concreto que muchos de sus colegas  no poseen. El gusto por las bandas sonoras potentes y la sucesión de imágenes al ritmo desenfrenado de la acción, son marca de la casa. Los planos imposibles que la acompañan y que coloca a los espectadores en una posición incómoda para que nos sintamos tan descolocados como sus protagonistas, también tiene su razón de ser en una forma peculiar de entender el cine y de ponerlo en práctica. La manera de crear tensión y de llevarla hasta puntos de explosión permanente e inevitable, los diálogos acerados y las escenas de violencia tan explícita como fugaz, aunque sean parte de la novela en que están inspiradas, están rodadas y montadas con la maestría de un puto genio, que tan pronto adapta una novela del escritor indio Vikas Swarup, como se atreve con el biopic del cofundador de Apple y que, salvo algunos resbalones reseñables como el de “La playa” en el año 2000, siempre suele dar con la tecla, porque sus historias enganchan desde la génesis de unos proyectos muy bien construidos que tienen todo lo que hay que pedir a una buena obra audiovisual, es decir, ritmo, acción, conflictos, interés, tensión narrativa, desenlaces poco previsibles, edición acorde y todo ello bien mezclado y emulsionado para presentar al público productos de calidad que serán recordados incluso mucho después de la muerte de estas producciones en la pantalla grande.

La acción se sitúa veinte años después cuando el amigo que traicionó a los otros tres, regresa a Edimburgo a ajustar cuentas con su pasado. Lo que se encuentra es en parte consecuencia directa de lo que él mismo contribuyó a desencadenar y cada encuentro con cada uno de los que fueron sus amigos, está narrado con una sucesión de escenas de tremenda fuerza visual en las cuales el más mínimo gesto puede desencadenar en tragedia. Todos siguen estando al filo del abismo y las hachas de guerra no se entierran nunca porque pueden necesitarse para defender con ellas su vida. El hijo pródigo es consciente de que no va a a ser bien recibido y los cajones que se quedaron a medio cerrar, pueden abrirse de golpe y llenarlo todo de mierda, de vómito o de cualquier fluido de características poco sugerentes y apetecibles.

También hay una chica, como no podía ser menos y también es una fuente de conflictos porque si hay dónde introducirlos, aquellos que tienen apéndices diseñados para ello, porfiarán por ser ellos los que lo hagan y siempre hay un vencedor y un vencido, aunque en la sociedad que reflejan o por lo menos los integrantes que la componen, nadie gana y  cada cual se dedica a sobrevivir sin que la dignidad sea una opción posible. En algunos lugares, la supervivencia es sólo eso y se trata de comer por lo menos una vez al día, pagar las facturas y que no te pasen a cuchillo en cualquier esquina por lo general poco iluminada y menos transitada.

En un guión sólido y muy bien construido, que engarza ambas películas con habilidad de cirujano, apenas hay un elemento discordante, y es el hecho de que el más díscolo y pendenciero de la clase se pasee con sus santos cojones por toda la ciudad y los lugares habituales, sin que la policía le eche el guante, apenas parapetado por unos elementos de camuflaje más propios de tienda de chinos vendiendo excedentes de Hallloween a precios de ganga. Esta segunda parte está basada en la siguiente novela de Irvine welsh, llamada “Porno”, cuyo título original no sugiere nada porque la referencia más cercana es ese vídeo que uno de los protagonistas utiliza para extorsionar a alguien para sacarse unos ingresos extras y en ese proyecto común que tratan de poner en marcha los amigos reencontrados, pero que lo frustra el mafioso local en una escena sacada directamente de las tomas falsas de “Muerte entre las flores” de los hermanos Coen en el año 1990.

La trama es original y funciona, la presentación de los personajes que han sobrevivido con diferentes grados de indignidad es soberbia, la puesta en escena y la manera de desplegar los recursos para ir haciendo crecer la pirámide hasta el momento en que esta será derruida, es impecable y todo se dirige con prisas y sin pausa hasta un desenlace final digno del mejor de los westerns, mientras se va desgranando la personalidad y las habilidades ocultas del menos favorecido en todos los aspectos de los cuatro amigos, que llevan flirteando con la desgracia desde que sus padres tuvieron la ocurrencia de traerles al mundo.

Son fabulosas también las transiciones de la película actual con la pasada, así como las paradas de imagen que también caracterizaron a su predecedora y la manera de intercalar ambos productos con fotografías y vídeos caseros de los protagonistas cuando se conocieron en aquella época en que aún eran infantes pero no tiernos, porque nacer en determinados ambientes, predispone a la pelea y al infortunio.

Todo está pensado y diseñado para confeccionar una película grande que tenía todas las papeletas para naufragar por exceso de pretensiones y que cumple su cometido muy por encima de las expectativas, por lo menos de las mías.

Esta película y las sensaciones extrasensoriales que provoca, tanto en la pantalla, como en nuestra imaginación y el  imaginario colectivo, son como el peyote, esa planta perteneciente a la familia de los cactus y que es endémica de México.peyote

Contiene alcaloides psicoactivos como la mescalina que provoca en quienes la consumen efectos psicodélicos, como los que causa esta película que si alguien va a verla bajo los efectos de este tipo de drogas, corre el riesgo de continuar su viaje sin principio ni final. Esta planta y sus derivados activos, tuvo usos medicinales y rituales entre los indígenas americanos, como los rituales que estos cuatro zumbados ponían en práctica cada vez que hacían cualquier cosa, alienados como estaban permanentemente en su sempiterno cuelgue. Y se usa también con fines meditativos, que era lo que tenía que haber hecho esta gente antes de tomar decisiones que condicionarían sus vidas y las de los demás.

No creo que cometan el error de cerrar la trilogía dentro de otras dos décadas, pero si lo hacen y yo sigo vivo y conservo parte de la cordura que aún atesoro más por costumbre que por méritos propios, y si los actores reales me imitan, por lo menos en lo de seguir vivos, a lo mejor vuelven a sorprendernos con otra vuelta de tuerca y un regreso a los orígenes que es dónde todo se fragua mucho antes de meter el bollo en el horno y olvidarse de que está encendido.

Hasta los títulos de crédito del final están cuidados con un mimo del que deberían contagiarse otros miembros de esta complicada profesión que consiste en contar historias para que los demás las escuchemos embobados, como hizo Sherezade con el sultán de turno que iba posponiendo cada noche la decisión de decapitarla para poder escuchar otra historia más.

En definitiva, pedazo de película, secuela con mayúsculas y ejercicio de cine soberbio de alguien que ha hecho de su talento algo cotidiano.

Con lo difícil que es eso.

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