“The party” de Sally Potter o Gyps fulvus (Buitre leonado)

Esta inmensa ave rapaz de más de dos metros y medio de envergadura alar y que puede llegar hasta los diez kilos de peso, es un ave inconfundible que es fácil de detectar en el cielo de la vieja Europa por su silueta inconfundible de alas en uve ligeramente elevadas sobre el cuerpo y que en nuestro país es un residente permanente y habitual. Desde que los antiguos pobladores ganaderos se instalaron en la Península Ibérica hasta el día de hoy, es una especie asociada de manera evidente a las actividades pastoriles llevando a cabo una labor sanitaria a veces poco o nada entendida por esos seres vivos que responden al nombre de humanos que le persiguieron  tratando de diezmarle con venenos sin llegar a extinguirle no por falta de saña y que ahora, gracias a planes de protección y a su capacidad reproductiva se ha convertido en una especie abundante y aparentemente fuera de peligro a pesar de que la gestión de muladares y sitios de perfil semejante, han estado y están muchas veces gestionados de manera necia e ineficaz.

Buitre leonado Por su propia torpeza en tierra debido a su tamaño y a su peso y sobre todo al diseño de los dedos de sus patas rematados por uñas cortas y romas, no puede ni aunque quisiera, dedicarse a la depredación de animales vivos como hacen la mayoría de las aves rapaces, pero la naturaleza acumula toda la sapiencia que nos falta a nosotros y por ello la ha dotado de un pico con una capacidad de desgarro espectacular capaz de introducirse sin apenas resistencia en los tejidos y de un diseño anatómico que se caracteriza en la parte del cuello por una zona desprovista de plumas, lo cual le permite entrar a saco en los cadáveres que se encuentra por esos mundos de Dios sin que los restos de sangre y carne putrefacta se le adhieran a lugares donde pudieran causarle una incomodidad manifiesta a la hora de desempeñar labores importantes como desplazarse de un sitio a otro en busca de papeo. Tiene una habilidad innata para encontrar corrientes térmicas que le permiten recorrer distancias bestiales en un sólo día sin apenas esfuerzo y está dotada de una capacidad especial para la detección y el consumo de animales muertos.

Fue un animal muy importante en la cultura celtíbera ya que acudía a despachar los cadáveres de los guerreros muertos en la batalla y puestos a secar a la intemperie y de ese modo, el alma de los muertos acudía al cielo, ahorrándose algunos trámites innecesarios.

Gusta de habitar en cortados fluviales, nidificando en muchas ocasiones a alturas considerables en agrupaciones de muchos individuos especialmente en la época de cría y cuando se juntan para dejar en los huesos aquello que se pudieran encontrar, no son nada infrecuentes las peleas entre los más gallitos para llevarse las mejoras tajadas.

Y a ello se entregan también con pasión los protagonistas de esta película en la que en principio, antes de leer siquiera la sinopsis, llaman la atención tres cosas. A saber: lo granado de su reparto absolutamente impecable, la decisión de su directora de rodarla o al menos editarla en blanco y negro y la escasa duración de su metraje que no llega ni a los setenta minutos, lo cual en una época en que los cinesasta alargan el percal hasta la extenuación, la suya y la de los espectadores, resulta novedoso e inusual.

Respecto de lo primero, tampoco es infrecuente que los cineastas ingleses sean capaces de aglutinar a actores de talla sublime en torno a sus creaciones, que acuden en tropel como buitres leonados a darse un festín actoral en torno a guiones generalmente jugosos con mucha más miga que corteza y que deben de suponer, no sé si ya un reto a estas alturas de su carrera, pero sí un caramelo al que nadie sin diabetes podría resistirse o incluso negarse a darle una chupada intensa si estuvieran aquejados de dicha enfermedad.the party cartel

Y es lo que hace esta señora que lleva en el cine un porrón de años y que desde los veinte, y ya ronda lo setenta, se dedica a esto sin que por ello su filmografía le haya convertido en alguien reconocible y admirable por parte de esas legiones de aficionados al cine que suelen huir de propuestas intensas de difícil digestión, para decantarse por persecuciones, planos brevísimos y testosterona para detener siete trenes.

Y esta es sin duda una propuesta diferente desde su mismo inicio, en la cual ya hace una presentación en un plano frontal  con puerta con aldaba presente ante nuestras narices para mostrarnos a una Kristin Scott Thomas enajenada en lo que ya supone un punto álgido que no sólo condicionará nuestra mente para lo siguiente sino que coloca las expectativas a niveles difíciles de mantener sin que la narración llegue a aflojar por debajo de ese listón en ningún momento.

Como ya sabenos por otras pedazo de películas como “Celebración” de Thomas Vinterberg en 1998, perteneciente al movimiento Dogma o “Agosto” , basada en una obra de Tracy Letts y dirigida en 2013 por John Wells, cuando las familias o los amigos se reunen para celebrar algo, suele acabar todo patas arriba, con la vajilla destrozada, los corazones partidos en varios trozos y la sangre desbocada dentro de las venas o fuera de ellas, porque cuando el ser humano se junta y se desinhibe, ya sea por la ingesta de alcohol, por un exceso de confianza o por esa mala hostia primigenia que nos asalta cuando nos tocan la moral o porque simplemente nos mola ver sufrir a nuestros semejantes, puede ocurrir cualquier cosa y lo mejor que puede acontecer es que cada cual se marche después a su casa y no haya que visitar hospitales, organizar funerales o encargar atestados policiales que determinen la participación de cada uno de los integrantes en la acción delictiva.

La mayor parte de las veces, todo suele reducirse a rencores, rencillas u odios permanentes o temporales que se reeditarán cada cierto tiempo como las malas películas a causa de una retrospectiva o por simple falta de presupuesto para alquilar una mejor.

¿Quién no ha acudido alguna vez a una reunión familiar en navidad o a una de amigos por alguna ocasión especial y no ha acabado consolando damnificados, calmando ánimos o interponiéndose entre el ansia bíblica y ebria de dos o más contendientes en el esfuerzo titánico de imponer sus criterios a toda costa?

Los protagonistas de esta película disfrazada de comedia pero que encierra una mala hostia a duras penas soportable, lo que la convierte en un drama en toda regla con licencia para esbozar sonrisas lobunas que se congelan en el rostro, son los amigos de una pareja de clase bastante alta cuya parte femenina celebra su ascensión a la cumbre política en forma de nombramiento de ministra de sanidad en la oposición.

Eso en España suena a mierda pinchada en un palo porque en nuestro país la oposición no nombra ministros porque eso sólo es un derecho, creo recordar, de los que alcanzan el poder ejecutivo, mientras que los demás se limitan a tratar de echar abajo propuestas en un ejercicio vacuo e inútil si los anteriormente citados gozan de esa cosa llamada mayoría electoral que no es más que una dictadura consentida.

Pero es que los ingleses son diferentes.

Son los únicos que en este mundo mundial conducen por la izquierda y los sitios que ya no pertenecen a sus dominios, pero que alguna vez estuvieron bajo su yugo, siguen haciéndolo. Son los reyes de la colonización y el expolio, están ubicados en el puto centro del meridiano de Greenwich que es el  kilómetro cero a nivel planetario, son los que hablan el inglés más puro, el más académico y que hasta un zote como yo puede captar palabras sueltas si lo hablan a velocidad razonable, interrumpen las guerras y las cuitas para sentarse a la mesa a tomar un te con pastas como es debido para luego retomar las hostilidades con fuerzas renovadas, tienen una monarquía rancia e institucional como ninguna, pero que raras veces interfiere en los asuntos políticos porque no es lo que se espera de ellos y en el lugar dónde se dirimen los asuntos importantes, lucen esas pelucas anacrónicas que hacen pensar que el tiempo se detuvo y ahí se quedó. Por si eso fuera poco, deben de beberse hasta el agua de los floreros en un escaso período de tiempo antes de que los lugares de alterne echen el cierre lo cual convierte las calles a partir de cierta hora en un hervidero de borrachos pendencieros, saltan de un balcón a otro en los sitios turísticos con grávida estulticia y ahora han votado para salir de la Unión Económica Europea en la que han permanecido firmes a la hora de seguir manteniendo su moneda.

En otras palabras, los ingleses tienen unas pelotas como balones de playa, pero duras como putas piedras porque siempre han hecho lo que les ha salido de dónde sea que salen esas cosas y eso es digno de admiración.

Y en cuanto al cine, hacen también lo propio. Sus películas son un muestrario de emociones contenidas, aunque no siempre, de mala baba disfrazada de flema británica, de dardos envenenados lanzados con exquisita elegancia y eso les hace grandes, les hace únicos, les hace jodidamente británicos y, en esos casos, yo también digo, Dios salve a la Reina, aunque al resto de los mortales nos la metan doblada.

Y aquí Sally Potter mete en un espacio cerrado y en tiempo real a tres parejas, una convencional, una de sesgo lésbico, otra felizmente casada con sus convencionalismos repletos de altibajos y a un elemento individual desparejado, encarnado por Cillian Murphy, que se presenta en solitario cuando se le esperaba en compañía y que por su actitud, entre desesperada, ciclotímica y enervante, deducimos que le ocurre algo gordo sin que a los demás parezca importarles lo más mínimo. Porque si algo caracteriza a esta panda de ególatras trasnochados es que hacen gala de un egoísmo sumario y desde el marido orgulloso del logro de su mujer, pero ausente como un autista que según su estado de ánimo va colocando vinilos en el tocadiscos, hasta su mujer hegemónica y sobrada, pasando por su amiga cínica y sin filtro, su marido naturista que vive en los mundos de Yupi porque la abstracción es una manera de supervivencia tan válida como cualquier otra, la pareja de lesbianas con abismal diferencia de edad y el inversor de bolsa que considera a los demás escoria, todos componen a su manera un cuadro de la sociedad actual en la cual cada uno vigila su culo sin que tenga importancia el de los demás, pero agarrándose de forma artificiosa a esa afectación impostada que sentimos cuando alguien nos cuenta sus miserias, sabiéndonos superiores a ellos porque nosotros no estamos en el mismo charco.

Y esta panda de adultos inmaduros, que en su día por edad excepto uno, debieron de luchar en las barricadas peleando por un mundo mejor en la época de los hippies que pensaban en su ingenuidad que iban a cambiar algo, se han convertido en burgueses acomodados que olvidaron su pasado rebelde y que se han adaptado a los nuevos tiempos porque se vive mejor con pasta y sin sufrir pobreza energética que recogiendo cheques de comida, pasando códigos en un supermercado de un suburbio o haciendo cola en la oficina del paro para aspirar a un curro indigno mal pagado y gestionado por una empresa de trabajo temporal que se embolsará el cuarenta por ciento de tu sueldo sin mover un puto dedo.

Y a raíz de una confesión acerca de un suceso inleudible en un futuro próximo,  cada cual va retratándose  y dejando caer sus caretas de protección hasta mostrarse como realmente son, como buitres leonados en torno a un cadáver, pugnando por llevarse el mejor trozo de carnaza.

Gran cine de víscera y patada en los huevos, al ritmo de una banda sonora elegida con esmero y reproducida en tiempo real por los protagonistas para aderezar un baile de máscaras, un carnaval descarnado con sorpresa y giro final en el cual, pese a la potencia de los personajes y los profesionales que los encarnan, destaca con luz propia un nombre propio al que no llegaremos a poder poner cara.

Final cíclico y en bucle para llevarnos de nuevo al mismo punto de partida, como esos buitres que se elevarán a los cielos llevando en sus buches los pedazos de los guerreros caídos en la batalla para que los dioses les reencarnen de nuevo en otras criaturas perecederas que volverán, pasado un tiempo a iniciar idéntico camino.

Y que Dios te libre de ser invitado a una fiesta y convertirte en diana.

Y que el mismo ente te quite los dardos si es que ese día te toca jugar a tí.

Y que cuando salgas por la puerta sigas teniendo un parecido razonable con la persona que entró un par de horas antes.

Y que al mirarte al espejo no veas un monstruo de siete cabezas.

Y que si lo ves, tengas el coraje necesario para admitir que ese bicho eres tú.

Y por supuesto, que no te acabe gustando lo que ves.

the-party-pelicula-2018-imagen-05

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *