“The disaster artist” de James Franco o Sula nebouxii (Pájaro Bobo o Piquero patiazul)

El Piquero patiazul, llamado por alguna razón pájaro bobo, supongo que por su aspecto estrafalario y expresión peculiar, aunque hay otro tipo de aves que también reciben tan poco cariñoso epíteto, es un tipo de ave marina perteneciente a la familia de los alcatraces, que sólo toca tierra para reproducirse y que puede cazar tanto en solitario, como en pareja o en bandada. Tiene una alzada de unos ochenta centímetros y una envergadura alar que supera el metro y medio. Tiene unas alas largas y puntiagudas de color marrón junto con gran parte del cuerpo y la cabeza, luciendo un vientre de color blanco, siendo lo más llamativo de su anatomía unas patas de color azul intenso, debido a que son capaces de sintetizar a través de la alimentación, unos pigmentos carotenoides que se encuentran de forma natural en algunas plantas y organismos fotosintéticos como algas y algunos tipos de bacterias. Estos compuestos que son ingeridos por el Piquero patiazul  y que son importantes para su función biológica, determinan el tono de sus extremidades inferiores y tienen también una función crucial en su ritual de cortejo previo al apareamiento ya que las exhiben ante las hembras en una rocambolesca coreografía y estas desechan a los que ellas consideran que no tienen el tono adecuado, ya que la falta de esa pigmentación llamativa puede deberse a que el ejemplar no está todo lo sano que debería de estar para garantizar la supervivencia de la especie. Se trata también de una especie cainita porque en las ocasiones en que la puesta se compone de más de un huevo, estos eclosionan de manera asincrónica estableciéndose crecimientos desiguales y  por lo tanto, disparidad de tamaño entre los hermanos y el que primero ve la luz, acosa, instiga y acaba por cepillarse a los más pequeños ante la indiferencia de la madre.blue_footed_boobies_dancing

Habita las islas tropicales y subtropicales del Océano Pacífico por la zona del Ecuador y tiene fijada su residencia exclusiva en las Islas Galápagos que es un lugar paradisíaco estrictamente protegido por leyes locales e internacionales con un número de visitantes anuales restringido que además tienen que apoquinar un pastizal que se invierte en seguir preservando ese espacio dónde los animales no sienten la presión humana y al no considerarnos una amenaza potencial, campan a sus anchas, literalmente como Pedro por su casa. Fue una de las especies más estudiadas por Charles Darwin que expuso sus teorías tras pasar largas temporadas allí antes de escribir su tratado, santo y seña de la comunidad científica.

Y digno de estudio por los antropólogos cuando llegue el momento, debería de ser la existencia de un señor llamado Tommy Wiseau, sobre el que se sabe más bien poco y que filmó en el año 2003 “The room”, la que está considerada de manera unánime la peor película de todos los tiempos a la que el frikismo años después ha elevado a los altares de la cinematografía cutre y que todos los fines de semana es proyectada en sesiones golfas con salas abarrotadas y entusiastas que convierten cada proyección en un desmadre total que contraviene las más elementales normas que deben de tenerse en cuenta cuando se accede a uno de esos santuarios oscuros, salvo la luz del proyector y lo que refleja la pantalla, que deberían ser protegidos como cualquiera de las islas que habita el Piquero patiazul.

Pero cuando se trata de este señor que se auto proclama americano de pura cepa pero cuyos orígenes tal vez haya que situarlos en la Europa del este, no hay nada normal y por lo tanto, todo lo que le rodea está bañado por la pátina del oscurantismo más inofensivo y  la extravagancia más absoluta.

Y es inevitable emparentarle con otro director nacido en 1924 y fallecido en 1978 que respondía al nombre de Ed Wood y que fue considerado el precursor del sub género de cine de serie Z y que contaba en su haber con un buen puñado de películas espantosas pero que uno no puede ver sin descojonarse de la risa y tanto él como su actor fetiche y uno de sus mejores amigos, Bela Lugosi, no consideraban que estaban realizando basura cinematográfica, por lo que cabe deducir que por lo menos ellos sí que creían en sí mismos. Y su cine ha trascendido las pantallas y pasó a la historia aunque fuera siendo catalogado como el peor director de la historia del cine. Tim Burton lo inmortalizó en 1994 sirviéndose también de su actor fetiche, Johnny Depp. Pero la pasión por el séptimo arte de este irrepetible director de cine cutre le venía de lejos, concretamente desde que con once años sus padres le regalaron una cámara con la que le condenaron de manera indirecta a pertenecer al olimpo de los podios inversos.the_disaster_artist-267344284-large

Y James Franco hace lo propio, pero centrándose únicamente en el making of de la ópera prima de Tommy Wiseau y sirviéndose de la guía que le proporcionó la novela de Greg Sestero que era y es el mejor amigo de este tipo que parece sacado de una de las películas de míster Ed Wood y cuya edad como todo lo que le rodea, es un misterio. Según sus palabras pertenece a finales de la década de los sesenta, pero hay quién sitúa su nacimiento en mitad del siglo pasado, pero es y seguirá siendo un misterio, como todo lo que le rodea a nivel personal, porque este señor parece haberse presentado en el planeta tierra por generación espontánea como si hubiera sido poseído por un ente externo que no sólo no pudo influir en su víctima, sino que acabó fagocitada por el abducido. Por lo visto, trabajó en todo lo que le salió, pero eso ni explica ni justifica que pudiera gastarse unos seis millones de dólares en levantar su producción, guionizada por él en una novela inédita de casi quinientas páginas, y pagando sueldos y otros asuntos sin que nadie alcanzara a saber nunca dónde estaba la fuente primigenia de la que manaba semejante pastizal.

Y por lo tanto, como la propia vida del señor Wiseau y todo lo que rodeó a su mítica película, este ejercicio cinematográfico de descarado homenaje a una figura tan extravagante empezando por su mismo aspecto como el que presenta el Piquero patiazul, es también un despropósito, pero esta vez intencionado. James Franco, actor, productor, cómico, guionista y director ocasional, aficionado y acostumbrado a bandearse con lo más granado de un Hollywood en el que encaja como un pez en su gigantesca pecera dorada, se rodea de su hermano Dave y de sus colegas para tratar de representar con una fidelidad por lo visto rayana  en la copia por lo que puede verse en los títulos de crédito, los entresijos de una producción inolvidable que daba no para una, sino para varias películas o incluso una serie de varias temporadas.

James Franco, al que nadie puede discutir no sé si su talento, pero por lo menos no su capacidad trabajadora ya que está metido en múltiples fregados, ha dado el pelotazo seguramente para su propia sorpresa, empezando por los Globos de Oro que son la antesala de los Oscars pero que son entregados a dedo tras votaciones supuestamente privadas por miembros de una serie de asociaciones que tienen tendencia a lamerse los culos unos a otros, por lo cual la entrega de estos galardones, como los que vendrán después, pueden considerarse partidistas y sectarios. No así, los que son dados en otros eventos cuyos palmares y decisiones parecen más consensuados y variados por lo menos en cuanto a la heterogeneidad  de los jurados que se encargan de repartir los premios de las diferentes secciones. Y se llevó el premio gordo a la mejor película en el festival de Donosti en su 65ª edición ante el revuelo general que suele provocar siempre en este festival las decisiones finales de los encargados de tomarlas.

Por supuesto esto no provocó, porque iba a ocurrir de todas formas, pero sí aceleró la distribución de esta obra que tras los premios americanos verá aumentada su popularidad en forma de un número mucho más elevado de copias a repartir por las salas patrias.

Y, excepto en la primera parte en la que conocemos a los personajes Tommy Wiseau y Greg Sestero, encarnados por los hermanos Franco y asistimos a la manera en que se encontraron y se hicieron amigos y a cómo empezaron a acometer las vías que les permitieran acceder físicamente al sueño de ambos de levantar una película, el resto es la descripción exhaustiva del proceso de realización de la misma y está contado de manera fresca y divertida, lo cual es perentorio debido a la reiteración de escenas que reflejan fielmente lo que debió de ser ese rodaje caótico y aparentemente interminable en el cuál nadie se sabía los diálogos ni lo que había que hacer en cada momento y que funcionaban como entes independientes ajenos a una maquinaria común, lo cual convierte en poco menos que un milagro, que pudiera ponerse la palabra fin tras varios meses de flotar en una piscina de bolas. Supongo que se acabó por dos motivos. El primero de ellos es que todo el mundo cobró por su trabajo y esa es la principal razón por la cual las cosas se acaban. Es decir, porque te han pagado por ello aunque eso no es garantía de nada. Y la segunda y más importante fue porque este señor, igual que Ed Wood, tenía una confianza ciega en sus posibilidades y al final eso puede acabar por resultar contagioso porque ni Ed ni Tommy  tenían el más mínimo talento, pero sí una férrea determinación que es, al fin y al cabo, el motor más poderoso.

Si Tommy Wiseau hubiera nacido unas décadas antes y nadie se hubiera acordado de él, seguramente su biografía habría quedado enterrada en los sótanos más profundos, a no ser que algún Tim Burton ocasional le hubiera rescatado de las sombras, pero contaba con las redes sociales y con ese internet que lo mismo puede hundirte que elevarte a las alturas y esa herramienta jugó sin duda a su favor y no hay más que teclear su nombre y las dos primeras letras de su apellido, para que los buscadores nos ofrezcan una visión abundante, parcial y enlatada de su misteriosa biografía.

Ya le hubiera gustado al bueno de Ed Wood contar con semejante ventaja, toda vez que manifestó una tendencia a la proliferación de trabajos mucho mayor que la que muestra su posterior colega.

Tommy Wiseau ha seguido trabajando a su manera y facturó en el 2004 un documental llamado “Homeless in America” y desde el año 2015 en una sitcom que responde al título de “The neighbours” en las cuales, como acostumbra, figura en las facetas de productor, director, guionista y actor, por lo que deduzco que sigue manteniendo una fe inquebrantable en sí mismo, sin duda potenciada por su éxito inesperado que trocó una supuesta película dramática en una comedia de bajura inconscientemente hilarante.

Película no sé si digna de recibir premios tan potentes teniendo en cuenta la cantidad de gran cine que se realiza a lo largo de un año, pero que tiene su evidente mérito porque carece de conflictos reales ni de sorpresas ni giros de guión, pero que aún así se ve de principio a fin con una sonrisa de estupefacción en la cara y en la que es evidente que todos los que han participado en ella se lo han pasado en grande y eso se trasmite de la pantalla a la platea. Ya es mucho.

No sé, como dije al inicio porqué llaman pájaro Bobo al Piquero patiazul, porque aplicar conceptos humanos a los animales es algo que sólo nosotros podemos hacer y quedarnos tan anchos, pero ni lo es este tipo de alcatraz ni mucho el inspirador de esta película, personaje único e icónico que sólo comparte con el habitante de las Islas Galápagos, su extraña y singular apariencia.

Tal vez Charles Darwin se digne  regresar de la tumba para tratar de etiquetarle.

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