¿Por qué este blog?

Los festivales de cine, ya sean de largometrajes, cortos, animación, documentales o cualquier otra manera de enmarcar un proyecto audiovisual, son el escenario adecuado para presentar al público cierto tipo de trabajos que de otra manera nunca verían la luz. Es necesario que existan y que proliferen como setas para intentar dar cabida y reflejo al esfuerzo de multitud de cineastas de todos los lugares del mundo, que se dejan la vida, las ilusiones y un pastizal que muchas veces no tienen y probablemente no recuperen jamás.

Cierto tipo de cine hace entre cuatro y cinco décadas en nuestro país, sólo podía verse en las salas de arte y ensayo que eran lugar habitual de reunión de intelectuales y opositores al régimen dictatorial, porque era el único sitio dónde las películas no eran despedazadas ni manipuladas hasta el esperpento por la feroz censura.

Por fortuna, esos tiempos ya pasaron, por lo menos en nuestro país y en la inmensa mayoría del mundo, aunque en algunos lugares aún  siga siendo moneda de cambio habitual.  En la vieja Europa seguirá existiendo, pero a unos niveles inapreciables por lo menos en lo que se refiere a la programación de salas comerciales y desde luego no quedan restos de ello en aquellas ciudades que organizan festivales y que son los equipos directivos los que eligen la  programación de entre la infinidad de trabajos potencialmente proyectables.

De entre los trabajos elegidos para ser vistos y juzgados, sólo los que alcancen algún galardón de peso en los festivales importantes, tendrán la oportunidad de vivir una vida fuera de este circuito, para que los disfrute un público mucho más mayoritario, que no siempre es receptivo a ese tipo de cine fuera de norma y patrones clásicos y, siempre y cuando, alguna distribuidora con arrestos, se atreva a hacerse cargo de ello con el riesgo económico que eso supone.

Los demás trabajos se perderán en el limbo y duele saber que películas maravillosas jamás llegarán  a nosotros. Nos queda al menos el consuelo de haber visto algunas y poder hablar sobre ellas.

También es cierto que los grandes festivales y los no tan grandes, necesitan meter con calzador algunas producciones  de tirón comercial para justificar y promover la presencia de las estrellas del celuloide, porque así lo demandan los que pasan horas esperando a que lleguen para recibir un frío saludo, una mirada esquinada o en el mejor de los casos un selfie o un garabato y, porqué no decirlo, porque eso da renombre y caché al festival y vende periódicos y ocupa espacio de propaganda en las televisiones.

Todo sea por el bien del cine y la continuidad de estos festivales cuyos organizadores hacen verdaderos ejercicios de funambulismo monetario para que cuadren las cuentas y tratar de ofrecer un buen equilibrio entre buenos trabajos y presencias mediáticas, para poder acceder en muchos casos a subvenciones y patrocinios que de otra manera se escaparían. Y a fe que lo consiguen equiparándose, desde mi punto de vista, a esos superhéroes de comics que se erigen en  catalizadores de eso tan bello llamado cine.

En España hay festivales de mucho nivel como el de Donosti, considerado uno de los mejores del mundo o la Seminci Vallisoletana que a pesar de haber pasado por varias metamorfosis, ya tiene más de seis décadas de edad y goza de excelente salud. El de Gijón, también tiene que apagar cada año un buen número de velas y otros como los de Málaga y Sevilla, vienen empujando muy fuerte y ya son referencias mundiales en el tema.

Este blog nació como complemento al de “Movies&flowers”, pero su finalidad es básicamente la misma. En este caso no habrá comparaciones con plantas, ni las críticas serán tan extensas. Se trata únicamente de ofrecer breves reseñas con un componente de opinión y crítica sobre la película visionada que no obedece muchas veces a un deseo explícito de verlas sino a la casualidad de que estén en cartel los días que se visita el festival.

Por la propia idiosincrasia de los festivales que sólo suelen proyectar cada película un máximo de dos o tres días y por la desmesurada oferta, es imposible para el espectador verlas todas y hay que elegir tirando de criterio, palmarés, intuición y suerte.

Los festivales no son caros si nos atenemos al precio de las entradas, pero llevan aparejados grandes desembolsos por cuestiones de pura logística. Hay que comer y dormir, a ser posible no en la calle y jamás en el interior de las salas de cine. Es por eso que un servidor no podrá acudir a muchos de ellos, pero cuando se de la circunstancia, me programaré jornadas maratonianas para tratar de ver la mayor cantidad posible de películas.

Sobre aquellos festivales y ediciones a las que pueda acudir y en base a lo que pueda ver y entender, se fundamentará este blog que, al igual que el otro, sólo quiere visibilizar mi inmenso amor por este arte sobre el que se fundamenta parte de mi vida.

Espero estar a la altura de mis expectativas.

Respecto de las de los demás, en el caso de que las haya, sólo puedo garantizar entrega y entusiasmo.

kursal

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