“Órbita 9” de Hatem khraiche Ruiz- Zorrilla o Serinus canaria “domestica” (Canario doméstico)

El canario es el ave doméstica criada como animal de compañía más abundante en el mundo. Esta especie de canario está hibridada entre el canario salvaje o silvestre y  otra especie del orden paseriforme y perteneciente a la familia de los fringílidos endémica de algunos archipiélagos como el Canario, las Azores o Madeira. Es la sub especie más utilizada para la cría en cautividad desde que unos marineros españoles en el siglo XVII lo introdujeron en Europa, dónde se hizo muy popular entre las monarquías de la zona y que le hicieron alcanzar precios prohibitivos.canario doméstico

Fueron los monjes los  que los criaban y sólo vendían los machos, que son los que cantan, para garantizarse entre otras cosas la exclusividad del negocio y supongo que con las ganancias se ponían después a fabricar cerveza para compensar eso del celibato que algunos religiosos llevan tan mal. Pero los criadores  italianos les copiaron la fórmula e hicieron el negocio por su parte que al principio sólo tenía como potenciales compradores a la gente adinerada, pero luego los precios debieron de bajar y quién más, quién menos podía presumir de tener en una casa un ave prisionera que pagaba su cautiverio con trinos largos llenos de gorgoritos que tal vez en el idioma de los pájaros sea una llamada de socorro. La tremenda demanda, hizo que los criadores rizaran el rizo haciendo surgir nuevas razas a través de la cría selectiva, en lo que ya es una práctica extendidísima y habitual que llena las jaulas de esos lugares llamados pajarerías que luego los venden como churros.

Todas estas razas de laboratorio que obedecen a la imaginación y la habilidad de gente que puede manipular los mapas genéticos para obtener organismos vivos a capricho da, por lo menos a mi, bastante miedito, sobre todo porque esto es extrapolable a cualquier ámbito vital y tal vez los mutantes de la saga de la Marvel vivan ya en algún chalet de alguna zona residencial bajo la protección de un profesor bonachón con capacidad de leer las mentes de cualquiera que se acerque a su zona de influencia.

El canario doméstico, a pesar de ser tan abundante, no se conocen poblaciones asilvestradas, tal vez porque si naces en una jaula, todo tu mundo se reduce a eso y las aves por lo visto, también son reticentes a abandonar su zona de confort.

Han sido también utilizadas para otros menesteres y los mineros británicos los usaban para detectar fugas de grisú en las minas de carbón porque si el pajarillo de repente la espichaba, había que salir de allí cagando leches y en investigación, se han utilizado con profusión para estudiar la neurogénesis o el nacimiento de nuevas neuronas en el cerebro de los adultos y su cerebro también se ha estudiado para saber qué partes de su estructura están involucradas en el canto y en las diferentes maneras de hacerlo, lo cual ha sido útil para estudiar el  de otros vertebrados.

Incluso se ha experimentado con ellos en el espacio pero en situaciones de ingravidez no pueden tragar y eso les acarreaba la muerte. En otras palabras, por su carácter alegre y dócil han sido manipulados como perfectos conejillos de indias para que los humanos entendamos mejor eso tan complejo y biodiverso llamado vida.

Y de cobayas y voluntarios en este caso inconscientes de serlo, va esta película de este director salmantino de nombre cuanto menos peculiar y apellidos castellanos. Fue el responsable en el año 2013 de una fabulosa película llamada “Retornados” que a pesar de caminar por la senda del trillado cine de zombies, ponía otra mirada y la tilde sobre otras sílabas para facturar un trabajo distópico de potente crítica social que pasó injustamente desapercibido a pesar de todos los adeptos que la zombie manía ha desencadenado en el mundo desde George A. Romero hasta esa road movie de gente agusanada que persigue a los pocos que no lo están en lo que lleva camino de convertirse en una saga interminable.orbita_9-261804066-cartel

Y aquí también aborda una historia desde un punto de vista futurista en la cual la tierra ya no da más de sí y hay que buscar soluciones rápidas, una vez el cambio climático ha llegado al punto de no retorno a pesar de que muchos hombres poderosos y otros que se creen que lo son sin serlo, han negado la mayor desde la atalaya de su inopia e imbecilidad.

La han ambientado en la mayoría de exteriores en la hiper poblada  capital colombiana tan llena de contaminación y con sus suburbios montados unos encima de otros como las capas del cementerio judío de Praga con hasta doce niveles de enterramiento, contrastando con los que tienen más que viven en lugares protegidos por personal militar para asegurarse de que el agua y el aceite siguen sin mezclarse.

La película plantea preguntas de respuesta complicada y en la cual planea una por encima del resto. ¿Está justificado el fin independientemente de los medios que se utilicen?. En todo experimento se trata con un número inapreciable, ridículo en su individualidad comparado con el resto de la masa y por lo tanto los daños colaterales son también en consecuencia ínfimos, pero si tomamos cada uno de esos individuos como lo que es, un ser pensante, una célula de un cuerpo que forma un conjunto, la cosa cambia por lo menos a niveles filosóficos. Los científicos son gente pragmática con cerebros evolucionados que pueden resolver interrogantes complejos porque sus mentes están preparadas para disociar racionalmente unos pensamientos de otros para que no colisionen fatalmente, pero la mayoría de ellos, trabajan para grandes corporativas que tienen intereses menos elevados porque se trata de sacar un rendimiento económico al dinero que exponen, es decir, una sofisticada forma de usura que funciona a niveles superiores que los de los banqueros, de los que paradójicamente dependen  y por eso luego comparten saunas, restaurantes de lujo y tienenn hangares colindantes en los aeropuertos privados.

Muchos científicos, y militares y personal civil de ciertos lugares con códigos numéricos largos y reconocimientos digitales y de retina para poder acceder a ellos, firman claúsulas de confidencialidad que de no cumplirse pueden devenir en ejecuciones y no sólo de contrato. No es muy diferente del código moral que deben de tener ciertos profesionales de ciertas ramas que tienen acceso a información, particular comprometedora que se les entrega a cambio de defensa, consejo, orientación o lo que sea que se les exija por la remuneración de sus servicios, pero la cosa varía en cuanto al número de personas a las que pueda afectar la divulgación no autorizada de ciertos contenidos.

En este caso se trata de una sociedad ubicada en un futuro cuya fecha no se nos revela, pero que puede estar a la vuelta de la esquina si es que no estamos ya en él y no nos hemos dado cuenta y, como se constata en otras películas también españolas como “Eva” de Kike Maillo (2011) o en la anteriormente mencionada del director salmantino, filmada en inglés,  la ciencia ficción o el futuro no consiste en coches voladores a diferentes niveles en invisibles pasillos aéreos ni en naves surcando la constelación de Orión a velocidades de la luz, sino en meter cosas más grandes en lugares cada vez más pequeños, en monitorizar hasta la sangre que corre por nuestras venas y en admitir que a la hora de desplazarnos a otros mundos habitables, estamos en pañales y sin nadie que se ofrezca a cambiárnoslos.

Y por eso se siguen y se seguirán utilizando conejillos de indias para poner en práctica todas las cosas que son teoría pura porque no se han podido llevar a un terreno práctico. Esto también entronca con otra película española del pasado año que bajo el título de “Proyecto Lázaro” y con la firma de Mateo Gil, planteaba problemas complementarios de conceptos que se llevan manejando desde hace décadas, seguramente a niveles máximos de seguridad y en lugares dónde nadie pueda oír los gritos ni constatar los errores que todo experimento conlleva hasta que se da con la fórmula adecuada o hasta que el ensayo y error, que tanto gusta a la gente de ciencias  para tapar sus cagadas , se troca en acierto para variar

Hay grandes películas de ciencia ficción que enfocan la soledad del hombre como género encapsulado en un medio o en un lugar del que no se puede huir hasta que se llegue al punto de destino o hasta que alguien acuda al rescate o a justamente lo contrario como en “Solaris” de Andrei Tarkovsky en 1972, revisitada por Steven Soderbergh en el 2002, “Atmósfera cero” de Peter Hyams en 1981, “Moon” la impagable obra maestra de Duncan Jones, el hijo de David Bowie, en el 2009 o la decididamente inferior pero aceptable “Passengers” de Morten Tyldum filmada en el 2016 con la que esta obra española comparte notables similitudes en sus primeras escenas.

Cualquier cosa que se mencione sobre este trabajo, es un espoiler en potencia, aunque si se revisa la sinopsis que puede leerse en cualquier sitio dónde se promociona la película, puede comprobarse que ellos mismos lo hacen voluntariamente, por lo que no debe de constituir un delito enorme hablar sobre ello.

No se puede echar de menos lo que nunca has tenido y si tu vida consiste en una eterna espera en lo que tardas en llegar del punto A al B porque perteneces a una familia de colonos que descubren mundos para que otros puedan llegar a habitarse, pues no queda más remedio que sacrificarse en aras de causas mayores pero, una vez se prueba la manzana ya no puede alejarse uno del frutal que las proporciona y los ideales con que algunas personas empiezan proyectos con fuerza y determinación, pueden venirse abajo si las barreras que las mentes analíticas colocan en los diques de su ética, se resquebrajan y empiezan a filtrar agua.

Y tal vez el limpiador de la jaula del tigre en un zoológico sienta pena por esa mirada de animal enjaulado y tenga tentación de hacer algo al respecto a pesar de que con ello mueva los cimientos de la casa sin que haya un seguro adecuado para pagar los desperfectos. En esta sociedad distópica y poco convencional, tan alejada del futuro pluscuamperfecto que planteaba  Aldous Huxley en “Un mundo feliz” (1932), mucho más próxima a la de “Hijos de los hombres” de Alfonso Cuarón (2006), las personas necesitan de asistencia psicológica que se proporciona en cabinas aisladas en las que muy probablemente décadas atrás se desnudaran las prostitutas para los deleites onanistas de sus clientes y no muestran su rostro sino un holograma de un animal que mueve los labios al mismo tiempo que quién produce las palabras al otro lado del cristal, sin embargo, a la hora de dilucidar los problemas, es decir, de dar su merecido a quién se ha meado fuera del tiesto, se siguen llevando las carreras por los tejados, los tiroteos y las soluciones drásticas y definitivas que los sicarios llevan poniendo en práctica desde que les pagan por ello. Y los humanos somos los canarios domésticos encerrados en esta inmensa jaula de la que sólo podremos librarnos reventando los barrotes que la configuran y a ello nos dedicamos con esmero aunque sabemos que, una vez rota la jaula, no podremos vivir fuera de ella.

Esta es una película que critica lo que somos a través de una historia de amor entre dos personas que estaban destinadas a verse cincuenta horas en el cómputo global de una vida porque el canario que estaba en su jaula, tenía un déficit de oxígeno que debía ser resuelto por alguien apropiado, según unos protocolos estipulados y consensuados antes incluso de que el canario comenzara a cantar, pero que no tuvieron en cuenta que los humanos no somos todavía códigos binarios que obedecen ciegamente a leyes inmutables.

Yo no veo el futuro como un lugar habitable a pesar de que las luces se enciendan a nuestras palmadas o los coches aparquen sólo o puedan meterse todos los secretos de todas los estamentos del mundo en lo que ocupa un garbanzo, cosas que por cierto al menos dos de ellas ya son realidad. Y no creo que se llegue a vivir en lugares asépticos en los cuáles una voz metálica con tono de línea erótica nos cante nuestras constantes vitales y las veces que nos masturbamos y la conveniencia  o no de hacerlo. Creo que el futuro próximo, no más allá de un centenar de años, será un lugar en el cual la principal característica sea la falta de empatía que es necesaria para una convivencia decente y que ya empieza a ser un bien escaso. El amor será un lujo, como el oxígeno y seremos como esos canarios enjaulados a los que bajan a la mina para comprobar si el ambiente es respirable. Y es lícito en cierto modo que alguien se sacrifique por los demás, pero no si ese alguien no es consciente de su entrega voluntaria.

Todo puede valer siempre y cuando no se sea el canario

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