Molly´s game” de Aaron Sorkin o Oxyura Leucocephala (Malvasía cabeciblanca)

La Malvasía cabeciblanca, perteneciente a la familia de las anátidas, es un tipo de pato bastante peculiar con aspecto inconfundible, de cuerpo compacto  en el que destaca una cola larga puntiaguda que siempre apunta hacia arriba y que posee un cuello corto terminado en una rotunda cabeza rematada con un abultado y robusto pico que en los machos durante la época reproductiva, adquiere un color azul celeste intenso. Es una especie monotípica a la que no se la conocen subespecies. Tiene las patas traseras colocadas muy atrás , lo cual le predispone y le ayuda anatómicamente para el buceo y la natación, habilidad con la que  consigue los recursos alimenticios que necesita para vivir y que en su calidad de ser vivo omnívoro, pueden ser semillas, plantas acuáticas, pequeños peces o invertebrados, sumergiéndose hasta tres metros y pudiendo estar bajo el agua hasta un minuto seguido.

malva Este tipo de ave estuvo a punto de desaparecer en la década de los años setenta en nuestro país por la presión de la caza furtiva, los daños en sus hábitats naturales y por la introducción de su pariente americana, que al tratarse de un ave invasora, la arrinconó, habiendo persistido este problema que aún incide en ellas en forma de hibridaciones y usurpación de medios naturales. Está considerada en peligro de extinción, a pesar de que hay programas específicos de conservación y en Europa su número actual oscila entre las trescientas y las quinientas cincuenta parejas.

Es un ave gregaria torpe en tierra y renuente al vuelo que, cuando se siente amenazada, prefiere zambullirse para escapar porque presenta dificultades evidentes para el despegue aunque luego en el aire es buena voladora. Como todos los patos, tiene dos períodos al año denominados mancadas, antes y después de la reproducción, en los cuáles muda todo el plumaje y está físicamente incapacitada para el vuelo, escondiéndose entre los carrizales para tratar de pasar desapercibida, para lo cual le ayuda también el hecho de ser un ave bastante discreta en sus desplazamientos.

Y extremadamente discreta a pesar de su evidente inteligencia y personalidad era, y supongo que aún es, aunque ya ha salido de entre la densa vegetación para hacerse más pública y notoria, ese personaje de nombre tan literario como el de la esposa de Leopold Bloom en la inmortal novela de James Joyce que dicen que es el equivalente al de Penélope en “La Odisea” de Homero y que sobre todo pasó a la historia por ese soliloquio que se marca al final de una novela tan abultada como el pico de la Malvasía, en el cual transcurren noventa páginas sin signos de puntuación, en un ejercicio literario tan extenuante para escritor y lectores como el que presenta el reputado dramaturgo, actor y guionista estadounidense  Aaron Sorkin en su debut como director.

Aaron Sorkin es un guionista como la copa de un centenar de pinos que además de firmar una potente serie de televisión como “El ala Oeste de la Casa Blanca”, también es responsable de obras maestras de la narración como “La red social” de David Fincher en 2010, en la cual se narra el origen de Facebook, “Moneyball” (rompiendo las reglas) dirigida en el 2011 por Bennet Miller y en la cual se contaba cómo siguiendo estadísticas y estudiando algoritmos pueden preverse logros deportivos inimaginables en base a unas reglas que están ahí pero que casi nadie sabe interpretar o “Steve Jobs” de Danny Boyle (2015) en la que se cuenta el emerger de una figura crucial de la informática como fue este señor sin escrúpulos dotado de un cerebro privilegiado, que le dio el bocado a la manzanita y que murió de cáncer a los cincuenta y seis años, vaya usted a saber si a consecuencia de que la fruta resultara estar envenenada.

Molly-s-Game

Con esto quiero confirmar lo que es un secreto a voces y es que este escritor coge cualquier tema, con evidente predilección por los casos reales debidamente contrastados, para darles la vuelta y contarlos a su manera que siempre derivan en películas muy interesantes desde todos los ángulos posibles, con atractivos puntos de partida, geniales elipsis temporales y flashbacks explicativos salpicados de secuencias presentes alternadas en mitad de montajes paralelos con buenos diálogos que dan un ritmo trepidante a sus creaciones y que también demuestran que para contar historias potentes, no es necesario perseguirse a toda leche por las calles de ninguna ciudad cosmopolita ni filmar escenas aparentemente tórridas de sexo descafeinado.

Aquí se sirve de una actriz acojonante que para mí es la mejor de su generación, tanto por versatilidad como por compromiso, y eso que hay mucho dónde elegir, de un actor negro llamado Idris Elba que se va a comer con patatas a todos sus primos y eso que también hay unos pocos y del siempre convincente Kevin Costner, abonado desde hace ya unos años a papeles secundarios que reafirman que este gran actor muchas veces desaprovechado, ha sabido reinventarse y ajustarse a los nuevos parámetros cinematográficos sin que se le caigan los anillos. Pero realmente sólo son los eslabones de un complejo artilugio narrativo estructurado en base a las memorias de esta americana de Colorado que durante unos años flirteó con la posibilidad real de convertirse en una atleta de élite en la categoría de esquí acrobático, aleccionada y entrenada por su propio padre, que como otros muchos que ven en sus hijos un posible filón que allane el camino familiar, convierten las vidas de sus vástagos en infiernos terrenales, sometiéndoles a presiones insoportables con el fin de llegar a las metas que se han marcado sin importarles los métodos ni los traumas perdurables que sus acciones puedan acabar teniendo en su descendencia y si no, que se lo digan sin ir más lejos a dos hermanas  muy famosas del tenis norteamericano, tan oscuras como el bueno de Idris, que siguen en vigor aunque la edad ya esté empezando a dictar sentencia.

Esta señorita se pegó una hostia del quince cuando buscaba en un campeonato local su ascenso a la verdadera élite y su carrera, ya condicionada desde niña por una operación que a cualquier otra persona con muchos menos bemoles le habría hecho desistir, se fue a la mierda de un segundo para otro. Como plan B tenía la opción de estudiar derecho y se puso a ello, pero alguien con esas expectativas vitales, con ese apego por la adrenalina y las emociones fuertes, no podía limitarse a quedarse encerrada en una habitación a leer libros gruesos y farragosos como biblias judiciales mientras se iba consumiendo poco a poco. Pare sobrevivir hizo lo que hacen todos aquí y en la China Imperial que es buscarse la vida con trabajos mal remunerados, mal vistos o ambas cosas, hasta que empezó a trabajar para un pez menor con pasta y exceso de ínfulas que le introdujo en el mundo de las timbas ilegales de poker que debe de haberlas a patadas y en cuyo submundo se aplican una serie de reglas que hay que cumplir si se quiere seguir perteneciendo al círculo y pobre de aquel al que se le ocurra mear fuera del tiesto. Molly Bloom, como la malvasía, tenía una disposición  privilegiada para bucear y pescar buenos peces, escogiendo el momento adecuado para hacerlo  y, cuando fueron a por ella y la acorralaron, a pesar de su dificultad para volver a despegar, demostró que una vez en el cielo, también sabía desenvolverse.

La ludopatía es un trastorno compulsivo muchas veces incontrolable que sólo en España afecta a más de medio millón de personas que a mí me parecen pocas si nos atenemos a la cantidad de gente que apuesta a todo, juega a lo que salga y llenan casinos y se apostan frente a las máquinas tragaperras de cualquier bar con la intención de acabar con todo lo que llevan encima y es algo que las autoridades pertinentes han captado a la perfección porque saben como buenos recaudadores, dónde hay que poner el cazo para que se llene antes, vaciarlo y volverlo a poner. De otro modo, no habrían proliferado como setas de un tiempo a esta parte todos esos lugares de apuestas físicos y sobre todo virtuales, que nos tientan desde tierra, mar y aire, o lo que es lo mismo, desde radio, televisión y canales informáticos, para que multipliquemos nuestras inversiones de la noche a la mañana aprovechándose sobre todo de la necesidad imperiosa de la gente de conseguir ingresos extras toda vez que las economías familiares se fueron a tomar por culo.

Lo único bueno de la ludopatía es que, como los atascos, es muy democrática y afecta a todos por igual, conduzcan un Lexus o una tartana o viajen en metro, una vez hayan pasado por el trámite obligatorio de adquirir esa tarjeta acumulativa de viajes que no sé a quién se le ocurrió, pero que siempre andan muy listos cierta clase de personas a la hora de sacarse de la manga nuevas tasas con las cuáles seguir manteniendo los privilegios de unos pocos, y  ha derivado en que existan a día de hoy, por lo menos cinco salas de poker on line con licencia que organizan partidas a tutiplen que pueden ser jugadas desde cualquier parte del mundo sólo con que tengas un ordenador para conectarte y el dinero suficiente para empezar a apostar que en el caso de estas cinco mencionadas es una cantidad asumible para que, como la misma Penélope, empieces a tejer tu infortunio con la rueca y no sepas dónde parar.

Pero claro, siempre ha habido clases y todo es una cuestión de escalas y como a esta chica desde pequeñita le habían insuflado el gen de la competitividad y de ser la primera en todo, contra esa herencia genética representada en su mismo padre y con esos conocimientos adquiridos que convierten la medalla de plata en un fracaso insuperable, era lógico pensar que esta mujer no se iba a conformar con ser segunda opción de nadie y empezó a tejer su propia red en la que fueron cayendo todos los que tenían la pasta suficiente para meterse en esos jardines sin acabar trasquilados del todo por lo menos a las primeras de cambio y, aunque la película se cure en salud ocultando nombres reconocibles, es sabido que actores como Leonardo Dicaprio, Ben Affleck o el que hiciera de spiderman en las primeras películas de los años noventa y con el que por lo visto la verdadera Molly Bloom se las tuvo tiesas, pululaban por allí.

Esta mujer que, otra vez regresamos a “La Odisea”, no daba apuntada sin hilo, aunque no tenía por costumbre deshacer de noche lo que había tejido de día, estaba muy bien informada y muy bien asesorada en base a lo que podía o debía hacer para que no le buscaran las vueltas, pero según se fueron aumentando las apuestas e incrementando y variando el número de jugadores aumentaban también exponencialmente las posibilidades de encontrarse con un marrón considerable y, aunque ella sólo cometió con la ley en la mano un único error al aceptar una comisión por un dinero jugado para cubrirse las espaldas, acabó en el ajo junto con otros pocos porque una vez que se pilla a uno y se le aprietan las clavijas, el resto caen como fichas de dominó.

Y se codeó con lo más granado de la sociedad americana y con mafiosos y chusma variada y peligrosa y llegó a acumular tal cantidad de información que, una vez la pillaron y la requisaron todo el pastizal que había ido acumulando como una hormiguita, la fiscalía estaba dispuesta hacer un trato con ella a cambio de que se fuera de la lengua y poder pescar peces mayores.

“La princesa del poker”, como la llamaban, se agarró al código deontológico que consistía en no soltar prenda, por integridad, pero también porque después de un buen susto que la dieron, debió de pensar que era mejor volver a ser pobre como una chinche pero aspirar a morir de vieja y  a ser posible de una sola pieza, que acabar desmembrada en cualquier estercolero y una vez fue exonerada en un juicio o por lo menos que lo solucionó con una pena que le permitiría remontar el vuelo de nuevo, vendió sus memorias y después han hecho una película sobre su vida que seguramente le haya reportado un dinerillo descontando el pellizco que siempre se lleva el estado.

Y todo esto lo cuenta de manera magistral una película impecable en cuanto a narración y puesta en escena, que se ve sin sentir el paso del tiempo pese a que excede de las dos horas de metraje y que, como en otros trabajos de Sorkin antes mencionados, se pierde a veces en tecnicismos propios de la historia que pueden resultar fatigosos si no se está, como es mi caso, familiarizado con ellos, pese a lo cual, constituye un soberbio entretenimiento audiovisual que habla entre otras cosas de la hipocresía de una sociedad que castiga, promueve, critica, fomenta y publicita todo aquello cuyo margen legal y social se mueve por un terreno tan cambiante como las fronteras modernas.

El poker es un juego de información incompleta que se sirve de estrategias psicológicas y de cálculo de probabilidades pero que cuenta en última instancia con un factor humano que siempre acaba por resultar imprevisible y, aunque haya empresas que desarrollen habilidades empresariales a través de partidas de este juego y pretendan hacer de ello una escuela, de nada valdrá si no te sabes echar un farol y conseguir que el contrario se lo trague.

Según el teorema fundamental del poker, todo consiste en evitar cometer errores con nuestras decisiones e inducir a que nuestros oponentes cometan la mayor cantidad posible, independientemente de las cartas que nos hayan tocado a cada uno.

O sea, como en la vida.

 

imag moly

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