“Maravillosa familia de Tokio” de Yoji Yamada o Anas Plathyrhynchos (Ánade real o Azulón)

Esta es tal vez una de las aves más comunes y más extendidas por el mundo de las pertenecientes a la familia de las anátidas. Se pueden ver en cualquier parque del mundo en charcas, lagos, ríos e incluso piscinas, porque cualquier superficie con comida potencial alrededor es susceptible de ser colonizada para proceder a cuidar de la progenie.patitos-anade-real-31-3-13-b

El macho, como ocurre casi siempre en el mundo de las aves, luce colores más vistosos, no sólo por el tema de atraer a las hembras, sino que estas por imperativo evolutivo, están obligadas a ser más discretas para que cuando están incubando los huevos y en los primeros días tras la eclosión, no sean presa fácil para los predadores en ese momento en que son más vulnerables. Es un pato que puede ser muy esquivo en lugares menos poblados, pero que soporta entre comillas la presencia humana en entornos más expuestos a su influencia. Tiene una gran capacidad de adaptación y es gregaria. Frecuentemente se la puede ver formando grandes bandadas. La hembra cuida en solitario de su descendencia a pesar de que puede llegar a perder en la puesta hasta un 50% de su peso. Las crías la seguirán allá dónde quiera que vaya y lo seguirán haciendo, aprendiendo de paso todo lo necesario para su supervivencia, hasta que inicie un nuevo período de cría.

Y eso es lo que ocurre en muchas familias en la cuales la franja vital destinada al aprendizaje y la independencia, puede alargarse hasta topes que pueden poner en peligro la convivencia.

En todos lo sitios cuecen habas, aunque en japón  son del tipo Azuki, con el cual se hace una pasta llamada Anko con la que se rellenan unos dulces típicos de allí llamados Dorayakis,  como nos demostró con pelos y señales una maravillosa película llamada “Una pastelería en Tokio”, que firmó una tal Naomi Kawase allá por 2015.

Y las familias japonesas son como las de cualquier parte, pero mucho más civilizadas porque allí la educación y el respeto a todo tipo de institución, ya sea familiar, gubernamental o social, está por encima del individuo. No sólo son el turismo más ordenado y respetuoso a pesar de ser uno de los más invasivos, sino que una vez nos hayamos ido a la mierda, los extraterrestres que vuelvan a tratar de  levantar el chiringuito o por lo menos de entenderlo, se encontrarán con ingentes cantidades de material fotográfico para saber cómo era la civilización extinta cuyos restos visitarán, como hacemos nosotros con las ruinas de Pompeya.

Viendo la filmografía de este director ya talludito, se puede observar cierta obsesión con el tema de la familia, como si tuviera cuentas pendientes o simplemente, sea un tema que le interese porque la familia, da igual el lugar en el cual se haya nacido, condiciona, determina, marca y supone un camino a seguir o a evitar según casos y experiencias.

El cine japonés, por lo menos el familiar, ya que el épico va por otros derroteros, gusta de contar historias dramáticas disimuladas con pequeños toques de comedia que las suavizan y en ello son auténticos maestros. Todo ocurre a un ritmo muy oriental y nunca antes de que nos hayamos descalzado al entrar en la casa y aún así, generalmente, los conflictos se plantearán de una manera serena antes de tomar decisiones importantes. A lo mejor es porque de tanto rebanar cabezas con su afiladas catanas en el pasado, han optado por otra manera menos drástica de solucionar sus diferencias.maravillosa_familia_de_tokio_cartel

Supongo también que, como aquí, habrá todo tipo de núcleos familiares y habrá quienes solucionen sus problemas a hostia limpia sino les da por usar algo más contundente, pero lo cierto es que Japón es el cuarto país del mundo con menor tasa de homicidios, detrás de dos países que no cuentan como Mónaco o Liechtenstein porque son lugares prefabricados y de Singapur, que está gobernado por un régimen dictatorial tirando a férreo por decirlo de manera elegante, lo cual corrobora que ese aparente civismo tiene también su reflejo en las estadísticas y, que realmente, por méritos propios, al tratarse de una monarquía parlamentaria, Japón debería de ocupar el primer lugar. Hay ciclistas que ganan carreras grandes con segundos y terceros puestos. Lo importante es la regularidad.

En este caso, se trata de una familia en la cual tres generaciones conviven en armonía bajo un mismo techo. Armonía todo hay que decirlo que recae en la mayoría de los casos en los componentes femeninos que son los que se encargan de que el barco siga a flote porque, por lo visto, los gañanes insufribles no se circunscriben al ámbito oriental, sino que están repartidos por toda nuestra geografía planetaria. Como las hembras de los azulones que cargan con la responsabilidad extenuante de cuidar de la prole hasta la siguiente hornada, mientras los engalanados machos se van de charcas. Puta vida

Pero por muy grande que sea el vaso, si se llena hasta el mismo borde, habrá una gota que lo rebose, que ni siquiera será la más grande ni la más determinante, pero sí la que hará que el líquido elemento, hasta entonces confinado, salga de su soporte para visitar otros lugares. Por eso la abuela del clan, le regala a su oponente marital para un aniversario que como de costumbre él olvida, un documento de divorcio que ha de ser firmado y sellado para que adquiera un carácter oficial y por lo tanto irreversible y esa situación que es moneda de cambio habitual en occidente sin que se nos altere siquiera el pulso, supone un cisma en esa familia cuyos más longevos representantes, son además un ejemplo a seguir de fortaleza humana, resistencia al tiempo y sus achaques de todo tipo e institución sagrada y por añadidura irrompible.

Lo que ocurre es que, al igual que no hay tonto que no se crea listo, ni soso que no se crea gracioso, solemos cometer una y otra vez los mismos errores porque principalmente, no consideramos nuestros actos erráticos o improcedentes como errores propios, sino como alteraciones de la percepción de quienes los sufren y en esa empanada mental arbitraria que rige nuestro día a día en cualquier lugar del mundo, incluso en Mónaco y Liechtenstein, nos movemos, causando pequeñas alteraciones en la superficie del agua que acaban deviniendo en tsunamis emocionales que arrastran todo a su paso.

Esta película, pese a que trata en el fondo un asunto dramático como es la convivencia prolongada  y los efectos que trae consigo, está planteada en clave cómica desde la primera secuencia y no la abandona, lo cual la desmarca de otras películas procedentes de esas latitudes. Los personajes principales, sobre todo el del abuelo del clan y su esposa, están muy bien configurados desde el inicio y deja claro que las personas nos juntamos con otras personas para compartir nuestras vidas, sin haber llevado a cabo antes un test de compatibilidad, porque entre otras cosas, si se hiciera eso, el santo matrimonio se habría extinguido o seguramente, ni siquiera hubiera sido nunca planteado. Da igual que nos parezcamos o no, que tengamos ideas o inquietudes comunes. Los hombres y la mujeres somos comos esa masa de tierra que se fue desgajando a lo largo de interminables periodos geológicos para configurar los continentes que acabaron separados por ingentes cantidades de agua. Pero nuestro desplazamiento tectónico tiene lugar en un lapso de tiempo mucho más corto. Muchas parejas toman caminos divergentes, otras senderos paralelos que jamás se cruzarán y, las que corren peor suerte, mueren atropelladas en las intersecciones de sus desavenencias.

La familia la forman tres hermanos a cual más opuestos que nunca se pondrán de acuerdo, pero que por lo menos se molestarán en intentarlo. El abuelo ya jubilado, trata de pasar sus últimos años en paz y tomándose su sake con los amigos, mientras que su mujer se busca una actividad fuera de casa que le abre los ojos y la mente a otros mundos más habitables o por lo menos diferentes, harta como está de cuidar siempre de un marido que no le agradece ninguno de sus gestos porque se supone que es lo que tiene que hacer por imposición de contrato. La nuera del abuelo, es la que pone la cordura y la sensatez una vez que ha heredado el papel de su suegra cuando ella ya se ha cansado de remar y entre hijos dispersos, padres irreconciliables y nietos en época de formación, se nos pinta un cuadro costumbrista en el cual es el perro de la familia quién parece tener más dosis de lucidez manifestándolo con oportunos ladridos cuando se trata de dar su opinión.

Y entre medias de la ensalada japonesa, la nueva aspirante a nuera, pareja del menor y más sensible de los hijos y una galería de personajes surrealistas e impagables que llenan las escenas con unos aportes frescos que provocan la sonrisa a veces y la carcajada otras tantas.

Y resulta que es el personaje de la nuera en ciernes, desde la más exquisita, educación y sutileza orientales, es el que tiene los arrestos y la lucidez de plantear de manera directa posibles soluciones, porque en sus propias carnes acumula la suficiente sabiduría para poder hablar con propiedad sin alterarse y poniendo de manifiesto que la experiencia es un grado y que no necesariamente hay que acumular décadas en el calendario individual para lucir galones. Incluso hay un momento de la película en la cual, desde la pantalla de un televisor y con imágenes en blanco y negro, se verbaliza lo que estamos viendo.

Siempre hay tiempo para reaccionar y a veces nos tienen que dar una somanta de hostias para que lo hagamos y pedir perdón aunque no sea de palabra, puede ser un acto de contrición, dejando eso sí a Dios aparte, que nos hará mejores personas, nos dejará dormir a pierna suelta, por el cual seremos mejor recordados y que nos elevará definitivamente a los altares de aquellos afortunados que supieron recular para no seguir una senda errónea que los que  nos vengan a la zaga podrían imitar contribuyendo a perpetuar un error.

Es una película definitivamente menor, pero que está técnicamente bien realizada con pasos coherentes del plano secuencia a otro tipo de  escenas y con un montaje discreto, pero efectivo para dejar claro que no importan tanto ni la acción ni las localizaciones, sino las personas que pueblan la ficción y que la alimentan con sus problemas y sus neuras. Hay un gran uso de esa escalera de madera por la cual suben trabajosamente los abuelos y los nietos se deslizan por las barandillas y que simboliza toda una jerarquía familiar en la cual los más mayores  ocupan el escalón más alto, en espera de que dejen su lugar según se vayan completando los ciclos vitales.

Hay mucha comedia y gente cayendo o trastabillando por la periferia de los planos como si las palabras dichas en voz alta, los exabruptos, los sonidos pasados de decibelios o las salidas de tono alteraran una calma ancestral que nos es tan ajena a los que hemos nacido en la tierra del sol poniente, pero la película tiene un fondo dramático que queda atemperado por la decisión del director de contarnos las historia de una determinada manera y no es en absoluto casual que en la última escena nos plantee un juego inverso desde la recién alcanzada estabilidad en la parte más alta de la pirámide hasta la que debe concretarse algunos pisos más abajo,  si las reglas del juego se respetan para todos los competidores.

Nunca he estado en Japón, pero siento verdadera admiración por esas sociedades, ocultamente matriarcales, en las que  el hombre mantiene una vana ilusión de poder para alimentar su ego, mientras ellas son las que toman las riendas de todo lo demás. Si nos paramos a pensar, creo que así ocurre también en el resto el mundo y por eso algunos machos alfa se revelan desde su estupidez y su violencia, que son sus únicas armas, para tratar de contrarrestar semejante revolución debidamente soterrada.

En cualquier caso, la familia que vive unida, debe de permanecer unida, como las hembras de los ánades reales, que convierten la supervivencia y la buena educación de su progenie, en una cuestión de estado.

 

maravillosa imagen dets

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *