“Manchester frente al mar” de kenneth Lonergan o Cryptomeria japonica (Sugi)

Aparte del Manchester de la Gran Bretaña, hay otro Manchester en EE.UU, en la zona de Nueva Inglaterra en la que la mayoría de sus habitantes son blancos descendientes de europeos, que durante las grandes migraciones se llevaron no sólo las pertenencias y los pedazos de sus vidas que pudieron salvar, sino también muchos de los nombres de sus ciudades natales, tal vez pensando que si vivían en un lugar que se llamaba igual que el que habían dejado por bautismo colonial pacífico, la morriña sería más soportable. No pasó sólo en los EE.UU, en el cono sur, muchos de los inmigrantes que acabaron en aquellas tierras, la mayoría procedentes de nuestras latitudes, hicieron exactamente lo mismo.MANCHESTER CARTEL

Este que nos atañe es un  lugar precioso, por lo menos para la vista, y es famoso por varias cosas. Como hace un frío de pelotas durante el invierno, es sede de turismo de nivel más bien alto, para practicar deportes de invierno. Hacen frontera con Canadá, por lo que la nieve la tienen asegurada. También es el segundo estado con mayor superficie forestal de todo el país y  el condado de New Hampshire, al que pertenece esta localidad, es el primer lugar de esa parte de América en celebrar las elecciones primarias que determinan, según sus resultados, la manera de actuar de los políticos a partir de ese momento hasta la línea de meta.

Kenneth Lonergan, habitual guionista que colaboró en el libreto de “Gangs of New York” de Scorsese en el año 2002 y que ha dirigido hasta la fecha “Puedes contar conmigo” (2000) y “Margaret”, cuyo rodaje se inició en el año 2005, pero no pudo ser estrenada hasta seis años después por problemas de montaje. Por lo visto con esta ha tenido menos problemas o más pasta o más libertad o un cúmulo de esta santísima trinidad a la que todo cineasta que se precie debe enfrentarse cada vez que quiere hacer una película, salvo que se sea un mecenas y los mecenas no suelen perder el tiempo en hacer sus propios filmes, porque están muy ocupados extrayendo pasta de dónde sea para financiarse sus caprichos y su altísimo tren de vida.

El caso es que este director habitante del Bronx actual, decidió situar en Manchester la acción de su último trabajo y lo hace respondiendo a un guión muy bien trabajado que nos cuenta un drama clásico de tintes homéricos en cuanto a la odisea que tienen que pasar algunos de sus personajes, especialmente la de una pareja ya separada por un trauma terrible y el del sobrino de la parte masculina de la misma, que ha de enfrentarse a la muerte de su padre siendo aún muy joven, en un deceso que no por anunciado, resulta menos doloroso.

Resulta curioso que el hermano del protagonista de la cinta, que sólo aparece en flashbacks explicativos y en el interior de una bolsa para fiambres, que se pasa todo el flujo temporal del presente en el interior de un congelador esperando el momento en que el invierno se retire y se puedan de nuevo cavar tumbas para darle cristiana sepultura, esté mucho más vivo  que su hermano pequeño, interpretado por Casey Affleck, que está muy por encima de su línea actoral habitual.

Cuando la vida te golpea con mucha más saña de lo que acostumbra porque esas papeletas las tenemos todos pero tocan con más frecuencia que las de los sorteos y de esos premios hacienda no te quita ni un ápice, o tienes unos atributos como los del caballo de Espartero o como la Venus de Milo que no quiero que me tachen de machista, o te quedas en estado de vida latente andando como un autómata y buscando huidas hacia delante por aquello de que lo que está vivo y tiene piernas, tiende a moverse.

Supongo que la vida se convierte en una sucesión de días sin sentido. En una espera vacía y hueca que será mucho más larga de lo que aspiras que sea porque el destino tiene un sentido del humor macabro y no dedica esfuerzos de más a aliviar el dolor de estas personas reservándolas una muerte por atropello o una enfermedad terminal. Pero también es cierto que, cuando estás en parada emocional, incapaz de sentir nada, a veces ocurren acontecimientos que te despiertan de golpe.

La trama principal gira en torno a la muerte de un hombre querido y respetado en su comunidad y en cómo éste ha dispuesto antes de su desaparición, que su hermano pequeño sea el tutor de su hijo adolescente en plena etapa de desarrollo físico y emocional. Después de este marrón considerable, el hermano vivo en sentido literal, debe regresar al lugar dónde su vida se fue a la mierda y abandonar su otra vida de mierda que vive en estado de permanente penitencia por errores involuntarios que desencadenaron en una tragedia inasumible para cualquier persona y que le han convertido en el zombie actual que es y que busca camorra en los bares después de ponerse hasta el culo de cerveza, porque lo único que desea es que le den una hostia mal dada y le manden para el otro barrio que es dónde a él le gustaría estar, ya que a él  le falta determinación para hacerlo por sus propios medios.

Debe regresar pues al lugar de los hechos y caminar por las mismas calles y entre la misma gente que sabe con todo lujo de detalles todo de su vida y su única obsesión es llevarse a su sobrino lejos de allí para no tener que enfrentarse a sus fantasmas en el epicentro de su debacle vital. Lo que ocurre es que el sobrino en cuestión está perfectamente adaptado a su lugar de residencia y no quiere dejarlo todo para irse a una ciudad desconocida a partir de cero compartiendo una habitación con un hombre con menos conversación que una almeja chilena congelada, por mucho aprecio que le tenga y aunque haya compartido con él buenos momentos de su infancia.

Toda la película consiste en la gestión de esos momentos a lo largo de los meses del invierno en que tardarán en poder enterrar al ser querido y en cómo tío y sobrino se van reconociendo llevando como mejor pueden cada uno su parte del duelo. Uno con su endiablada juventud y rebeldía contenida a cuestas y el otro trasegando cervezas y conduciendo de un lado a otro para hacer gestiones y recogidas, tal vez buscando que una placa de hielo le empotre contra un árbol centenario y se acabe su ciclo de una puta vez.

A todo esto, pululan por allí otros personajes satélite como el mejor amigo de la familia, la mujer ex alcohólica  y ex todo del muerto que trata de rehacer su vida viviendo con un ultra católico que evita que vuelva a caer en sus tentaciones habituales, mientras trata con escaso éxito de recuperar a su hijo perdido, la ex mujer del tutor por obligación que se separó tras el trágico suceso y que ha vuelto a subirse al carro de la vida más que nada por supervivencia emocional y las novias y amigos del adolescente, que juega a todo lo que puede por si acaso que, como bien sabe, hay muertes repentinas y eso que se llevaría llegado el caso.

Lo que ocurre, es que un buen guión, con las escenas y la información repartidas de forma sabia a través de escenas potentes y bien hiladas, se recrea demasiado en alargar más de la cuenta sucesos que en pantalla dan para mucho menos y no dedica tal vez el suficiente a los verdaderamente importantes, creando una desigualdad narrativa que  provoca hastío en ratos puntuales y  que podrían degenerar en desinterés. Por si eso fuera poco, y aunque no sé si eso pudo ser también la causa de su dilatado retraso en el estreno de su anterior obra, este trabajo se ve seriamente lastrado por unas decisiones técnicas de post producción, que deterioran el acabado final y lo condicionan.

Esta película obedece a patrones clásicos y en el cine clásico los montajes suelen responder a una serie de pautas que tienden a repetirse más que nada porque funcionan. Pero el director toma la determinación de intercalar muchos más planos de los necesarios para contar una misma cosa, huyendo de eso tan socorrido que es el plano secuencia y que con tanto realismo y verdad puede contar lo que se quiera contar, aunque requiere por supuesto de un elevado nivel de maestría o por lo menos práctica para llevarlo a cabo con solvencia y eficacia. La excesiva sucesión de imágenes en el interior de los coches en los cuales sólo se intercambian monosílabos  y miradas, las ráfagas de planos cambiantes que dejan la sensación de cortar las conversaciones en mitad de una frase y el bombardeo constante de algunos flashbacks insertados con forceps, desconciertan, cansan y provocan cierto incomodo que perdura incluso una vez la película ha finalizado.

Pero el trabajo funciona porque hay unas buenas dosis de cariño y porque el responsable desea que su criatura nazca sana y se desarrolle y lo consigue a pesar de los hándicaps antes mencionados. Los actores dan la talla, desde el hermano pequeño de la familia Affleck, aquejada de cierta parálisis facial que debe ser hereditaria, hasta el adolescente interpretado de forma creíble por Lucas Hedges que ya debutara de la mano de Terry Gilliam en “The zero theorem” en 2013,  pasando por Matthew Broderick que se metiera en la piel del entrañable ratón en la película de Richard Donner de 1985, llamada “Lady halcón” y al que los años y la industria del cine no han tratado demasiado bien.

El personaje de Lee, el del hermano jodido en vida y el de su sobrino, son como la Cryptomeria que, cuando aún no ha desarrollado su altura definitiva y se trata de un ejemplar joven,  puede aplastarse contra el suelo por el peso de las gotas de lluvia e incluso desaparecer bajo un manto de nieve y parecer una piedra oculta bajo ella, pero que, una vez seca, vuelve a recuperar su porte erguido.cryptomeria

Es un género de conífera formado por una  única  especie, que aguanta carros y carretas y que es capaz de florecer y fructificar en condiciones aparentemente incompatibles con la vida. Cuando desarrolla todo su potencial, esta planta originaria del Japón conocida por su nombre japonés de Sigu,  pero introducida en muchos lugares entre ellos Nueva Inglaterra, como se introdujeron allí los emigrantes oriundos de otros lugares allende el mar y provenientes también de la cercana Canadá,  es utilizada como madera para hacer barcos, como la industria maderera y  papelera que existieron y cuyos vestigios aún perduran en  esa Manchester americana que hace de la resistencia a las inclemencias de cualquier tipo una forma de vida. No obstante, el lema de sus habitantes es “vive libre o muere”, lo cual es toda una declaración de intenciones, pero abrígate muchacho que te vas a pillar un pasmo.

Película bastante decente, incluso buena durante muchas de sus partes,  que tendrá más vida de lo habitual gracias a esas nominaciones a los premios americanos que suponen un balón de oxígeno para cualquier producción.

Sin embargo no hay nominaciones suficientes para otorgar más de esas vidas a la multitud de enormes trabajos que cada año sacan a la luz esforzados amantes del cine que dedican su tiempo y energías a hacer lo que más les gusta y a los cuáles se les va la vida y el patrimonio en el intento.

Va por ellos.

MANCHESTER IMAGAN DEST

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