“Madame Bovary” de Sophie Barthes o Acanthus Mollis (Acanto)

Esta película de Sophie Barthes, directora de origen francés residente en Estados Unidos es una versión libérrima de la celebrada novela de Gustave Flaubert de idéntico título. Se desmarca desde el principio de las otras versiones realizadas para el cine como las de Vincente Minnelli (1949) y Claude Chabrol (1991), adaptando un tono más moderno en su concepción y puesta en escena.

A ratos, por la utilización de la cámara y por la madame_bovaryausencia de planos artificialmente iluminados, recuerda vagamente a las películas del movimiento Dogma que surgió en el norte de Europa en los primeros años 90, pero enseguida nos damos cuenta de que es un simple recurso para introducirnos en la época y para huir del formalismo que suele encorsetar este tipo de películas etiquetadas generalmente como películas de época.

Alternando planos detalle bellísimos con otros más convencionales e innecesarios, la trama avanza fluida inmersa toda ella en una nebulosa fotografía desde un largo flashforward inicial hasta su conclusión poco después de retomar de nuevo el punto de partida. A pesar del ritmo exasperantemente lento, las casi dos horas de metraje no se hacen largas y asistimos con gozo cinematográfico a la historia mil veces repetida de la estulticia e inconformismo tan típico de los humanos.

Gran parte de la culpa la tiene ese actriz australiana de origen polaco llamada Mia Wasikowska. Esta mujer trasmite belleza, magnetismo y turbiedad a partes iguales. Desde que la descubriera  Park Chan-Wook (o mejor dicho, que la descubriera yo)   en la película “Stoker”, 2013 y la colocara definitivamente en el estrellato Tim Burton al convertirla es su Alicia en el país de las maravillas, es una presencia recurrente en las carteleras. Su aspecto garantiza una determinada atmósfera y su buen hacer detrás de las cámaras corrobora el acierto de los directores/as al hacerse con sus servicios.

Esta película es un vehículo para su lucimiento exclusivo. Prácticamente está presente en cada plano y la cámara en perpetuo y mareante periplo tras la protagonista, nos convierte en jadeantes seguidores de sus andanzas, víctimas de nuestro propio vouyerismo (que me disculpen, si es que quieren, los franco parlantes y los puristas de la lengua española por la utilización seguramente poco apropiada de este término). Ni siquiera esta actriz requiere de un elenco que la secunde convenientemente, aunque sin duda está bien arropada por el siempre genial Paul  Giamatti y el impecable (actoralmente hablando), Rhys Ifans.

Es una historia universal, tan vieja como el viejo mundo, de cuernos, inconformismo y deseos prohibidos.

Y nos demuestra, entre otras cosas, que los desahucios, la gente viviendo por encima de sus posibilidades, los usureros y los fondos buitre (aplíquese este concepto como a cada cual le venga en gana), no son asuntos modernos ni mucho menos y que si hay alguien malo, otro vendrá que bueno le hará o por lo menos no tan malo.

Emma Rovault, el nombre de soltera de la que acabara convirtiéndose en la mujer de Charles Bovary, tras ser echada de un convento por falta de vocación y entregada en matrimonio a un supuesto buen partido, descubre demasiado pronto que sus sueños son sólo eso, sueños  y que la vida es mucho más coñazo de lo que pensaba. H260px-Acanthus-mollisarta de un marido insulsamente enamorado que no le aporta lo que quiere, empieza redecorando su casa en el ikea  de la época que no era otro que el local  del tendero y prestamista de la única tienda con ínfulas de la aldea, y acaba por buscar acomodo en las camas de otros en busca de aquello que su marido no es capaz de darle en la medida de lo que ella quiere. En otras palabras, si no te quieren como tú quieres que te quieran, ¿qué importa que te quieran?

Es una película sobria y original como el Acanto, planta aristocrática frecuentemente usada en los jardines de corte histórico, denostada en nuestros días y que intenta sobrevivir a un pasado mejor lo más dignamente posible.

La película con estos mimbres no puede tener final feliz. Quién lo busque que se acostumbre a ver películas de Disney.  (Bambi no, por favor. Menudo drama)

Como siempre. No hay nada nuevo bajo el sol, pero a veces agradeces que te lo cuenten de otra manera.

bovary imagen

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