“Los hombres libres de Jones” de Gary Ross o Taxodium Distichum (Ciprés calvo)

Matthew McConaughey ha regresado al sur de la mano de Gary Ross en esta cinta, después de haber estado en esa parte de la América profunda, unos años antes con “Mud” de Jeff Nichols en el 2012 y en el mismo año con Lee Daniels en “The newspaper boy”. Fue allí cuando nos dimos cuenta de que este actor nacido para ser un galán que marcara una época desangelada podía acabar siendo  uno de los grandes. De lo primero dio muestras de ello a base de mostrar una cara bonita y un cuerpo de escándalo en comedias de medio pelo  y en pelis de acción como “Sahara” de un tal Breck Eisner en el 2005, junto a Penélope Cruz, en aquella época en que nuestra actriz de Alcobendas estaba empeñada en hacerse un hueco aunque fuera a codazos en la industria americana.los_hombres_libres_de_jones_cartel

Luego, este actor texano decidió sacar el talento que atesoraba y dejar un puñado de papeles para la historia. Para ello, siguió un camino parecido al de Leonardo Di caprio, pero a  la inversa. Al mismo tiempo que el protagonista de “Titanic” decidió engordar un poco para afearse, este empezó a perder kilos para conseguir el mismo efecto. Muestra de ello son sus papeles en “Dallas Buyer Club” de Jean-marc Vallée y uno mucho más pequeño en “El lobo de Wall Street” de Scorsese, las dos en el mismo año. Aprovechando el tirón, hizo la primera temporada de la serie “True detective” de Nic Pizzolatto en el 2014, compartiendo camerino con Woody Harrelson y aquí nos llega dos años después, tras el inciso de “Interstellar” del gran Nolan,  igual de demacrado y hecho polvo para encarnar a un personaje histórico que en plena guerra de secesión lideró un pequeño ejército que protagonizó una escisión dentro del bando confederado que combatía a los unionistas.

Newton Knight, desertor por convicciones y por causas mayores,de un ejército que eximía de ir a filas a todos aquellos que tuvieran a su cargo veinte esclavos, se escondió en los pantanos del sur del Misisipi huyendo de aquellos que habían puesto precio a su cabeza. Este granjero y soldado por obligación de los confederados, halló en aquel lugar de retiro forzoso a un puñado de negros que habían escapado del yugo del hombre blanco y, junto a un buen número de desertores que acudieron allí buscando refugio y sobre todo huyendo de una guerra que libraban los pobres para beneficiar a los ricos (más  menos como siempre, con escasas variaciones), acabó configurando una banda de desertores que trajo en jaque a los confederados, como si no tuvieran bastante con combatir a los enemigos del norte que aspiraban, bajo el mandato de George Washington, a abolir la esclavitud y a unificar el país bajo una única bandera. Esta guerra civil  interna, dentro de una guerra civil de espectro mucho más amplio, debilitó a los confederados que veían cómo les enemigos proliferaban como setas a su alrededor.

Newton Knight, líder natural, acabó convirtiéndose en una especie de Robin Hood sureño que en vez de los bosques de Sherwood, se escondía en los pantanos del sur por aquellas tierras dónde el Katrina pondría todo patas arriba algo más de un siglo después. Aprovechando la geografía del escondite al cual no se podía acceder con caballería y que ofrecía unas condiciones inmejorables para preparar emboscadas, estos hombres impartieron una especie de justicia poética al robar al ejército confederado todo aquello que ellos robaban a la gente pobre de aquellos lares en virtud de un diezmo obligatorio que no era tal, sino un pillaje consentido y auspiciado por las más altas esferas para justificar los gastos de una guerra que sólo pretendía mantener el estatus de un puñado de hijos de puta y universalizar un concepto de mano de obra muy barata que, curiosamente, han copiado las grandes multinacionales merced a un invento cojonudísimo llamado capitalismo. Si no, que se lo digan a los más de cien millones de niños que trabajan en condiciones ínfrahumanas para que los habitantes del primer mundo podamos lucir en nuestra pechera las medallas de las marcas de moda.

La única diferencia, es que ser negro ya no es una condición indispensable para ser esclavo. Cosas de los tiempos modernos.

El caso es que este tipo, llegó a ser tan poderoso, que los confederados removieron tierra y pantanos para dar con él, sin llegar a conseguirlo y llegó a fundar un condado independiente que es el que da título a la película de Gary Ross, que antes que en este fregado se metió en otros jardines mejor cuidados como en “Big” de 1988, “Pleasantville” (1998) o “Los juegos del hambre” (2012).

El principal hándicap de la película, es que el director, supongo que con el permiso del guionista, quiere tratar demasiados temas al mismo tiempo y eso le resta fuerza porque la trama se diluye en demasiadas sub tramas que pueden acabar confundiendo al espectador. No sólo quiere mostrar la crudeza de la guerra de secesión americana en un comienzo de film que recuerda en su hiperrealismo a los primeros tres cuartos de hora de “Salvar al soldado Ryan” de Spielberg en el 1998, también le interesa que veamos que ochenta y cinco años después, seguía siendo ilegal que una mujer blanca se casara con un negro aunque lo fuera sólo por un pequeño porcentaje de sangre impura corriendo por sus venas. La esclavitud como telón de fondo, por supuesto como no puede ser de otra manera tratándose de una película ambientada en el sur de América a finales del siglo diecinueve, el derecho al sufragio y los primeros escarceos de esos chicos tan majos  y tan encapuchados del Ku Kus Klan.

Como todo el mundo sabe, los unionistas ganaron la guerra, los confederados se la enfundaron, supuestamente la esclavitud se abolió, pero luego al tal Wasingthon le dio por ptaxodium-distichumalmar, seguramente por causas ajenas a su voluntad y tres meses después de todo lo conseguido, el que ocupó su cargo deshizo lo hecho y vuelta a las andadas. Y a las pruebas me remito porque a día de hoy, en Estados Unidos sigue siendo complicado ser negro, aunque uno de ellos lleve habitando unos años la Casa Blanca.  La verdad es que el nombre del garito se las trae.

Aún así, buen cine sobre todo por el trabajo de un actor en estado de gracia que convierte en oro todo lo que toca y que consigue arrastrarnos al cine a algunas personas que solemos huir de cierto tipo de trabajos estereotipados , pero que no podemos resistirnos al canto de sirena de  alguien que, con su sola presencia en el cartel, asegura que no vamos a perder del todo nuestro tiempo.

Newton Knight fue entre los humanos, como el Taxodium distichum  entre la familia vegetal. Una rareza, un ente extraño. El ciprés calvo, una de las poquísimas coníferas de hoja caduca, que para más inri, necesita de terrenos encharcados o pantanosos para poder vivir, aunque puede hacerlo en condiciones de mucha menos humedad, se adapta a las circunstancias, escapando de los catálogos para erigirse en especie única que prevalece por encima de los convencionalismos para hacer lo único para lo que ha sido diseñada: vivir.

El mundo necesita de personas que hipotequen su vida para que los demás podamos ejercer de simples seres humanos. Lo malo es que cada vez quedan menos moldes.

 

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