“La muerte de Stalin ” de Armando Iannucci o Aquila Chrysaetos (Águila real)

El águila real es tal vez el ave de presa más conocida y ampliamente distribuida de nuestro planeta. Tiene una gran capacidad de adaptación, hasta el punto de que puede alimentarse de carroñas y frecuentar vertederos si la comida escasea, a pesar de que está formidablemente diseñada para depredar sobre animales de un tamaño muy considerable. Tiene un peso que oscila entre los tres y lo cinco kilos y una envergadura alar de entre ciento ochenta y doscientos centímetros, lo cual no la convierte en el ave de presa de mayor tamaño, pero sí en un animal fastuoso que surca los cielos con su presencia hegemónica lo cual le ha servido también para figurar en los escudos y banderas de muchos países, desde la antigüedad con el claro ejemplo de los romanos, hasta tiempos aún recientes al menos en nuestra memoria, con su aparición en la bandera nazi y a día de hoy es el símbolo de la de México y con su silueta bicéfala, queda patente en otros muchos símbolos entre ellos en el de Rusia que hasta la caída del muro se llamó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y que estuvo dirigida con mano de hierro por Iósif Stalin durante tres largas décadas.aguila

Este águila tiene un plumaje de color castaño, con tonos dorados en su gran cabeza y en el cuello y  manchas blancas en los hombros y en el extremo de la cola. Caza desde el aire apoyada en su portentosa visión que le permite localizar a sus presas desde cientos de metros y une a esa cualidad  su velocidad y la fuerza de sus fuertes patas rematadas en afiladas garras y un pico ganchudo que una vez empieza, no lo deja hasta que ya no queda nada que rascar. Las hembras, como suele ser habitual en este tipo de aves, suelen ser aproximadamente un diez por ciento más grandes que los machos y tienden a la monogamia. Sus puestas son de uno o dos huevos, pero en el segundo caso, sólo sobrevive uno de los polluelos, concretamente aquel que abre antes el cascarón.

Y sobrevivir era una cuestión de estado y nunca mejor dicho. Es decir, que dependía de las decisiones de los gobernantes, en aquella Rusia de posguerra aún comandada por Stalin durante los últimos estertores de su mandato antes de que un derrame cerebral, aunque hay quién dice que pudo haber sido envenenado por uno de sus adláteres más próximos, le mandara a criar malvas y dejara la veda abierta para que los lobos que le rodeaban, tal vez mucho peores que él o por lo menos al mismo nivel, se disputaran el trono vacío al grito de tonto el último, a dictador muerto, dictador puesto o sálvese el que pueda.stalin cartel

Durante el régimen dictatorial de este señor de bigotes recios se llevaron a cabo una serie de actuaciones de tintes genocidas que según las fuentes y los historiadores sitúan el número de víctimas entre tres y cincuenta millones, ya sea de manera directa por asesinatos y ejecuciones o indirecta mediante deportaciones, éxodos forzosos y hambrunas y semejante arco es difícil de cotejar, pero acerca de lo que no hay ninguna duda es de que la cifra como mínimo se acerca a los cinco millones entre los más de ochocientos mil presos a los que se les dio el paseíllo, los cerca de dos millones que murieron en los gulags, el medio millón que la espichó en los asentamientos forzosos y un número indeterminado de pobres desgraciados por los que este tipo no sentía demasiada simpatía.

Stalin fue Secretario General del Comité del Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas desde 1922 hasta 1952 y Presidente del Consejo de Ministros de la Unión Soviética entre 1941 y 1953. Y mucho antes de eso, pero que a buen seguro condicionó lo que habría de llegar, estuvo entre los bolcheviques revolucionarios que impulsaron la revolución de Octubre en la Rusia de 1917

Y, como siempre ocurre en estos casos, es considerado un hombre de estado digno de los más altos honores por una parte y por la otra mitad un asesino en masa. Para algunos historiadores fue el político más influyente del siglo XX y para otros una mezcla de intelectual y homicida y, como suele ser también habitual, o estabas con él o contra él y en el segundo caso o te ibas por tu propio pie, o te descerrajaban un tiro y te tiraban a cualquier cuneta o te pudrías a fuego lento o a balazo rápido en un gulag perdido por las estepas siberianas, dónde tu cadáver, eso sí, se iba a mantener en perfecto estado más tiempo que en otras partes más cálidas del planeta.

Lo cierto es que durante el mandato forzoso de este señor, cuyo apellido significa por lo visto “hecho de acero”,  la URRS se convirtió en toda una potencia mundial, en un coloso industrial y en un estado con potencia nuclear a la altura del gigante norteamericano y podía presumir, lo que por otra parte era algo intrínseco al comunismo, de que toda la población estaba alfabetizada.

En aquel convulso siglo veinte, preñado de dictadores de escasa talla  comparada con el tamaño de sus egos y maldades, esta clase de personajes proliferaban como setas y se perpetuaban en el poder haciendo de él su gallinero exclusivo con toda clase de derechos y privilegios para los amigos y allegados y como contra partida, la otra parte proporcional que habitaba en el otro lado del espectro, sufría de humillaciones, vejaciones y pasadas por la piedra de muy diferentes modos pero sintiendo preferencia por eso tan higiénico, si se hace bien, del tiro en la cabeza.

Y con esta clase de material, los cineastas suelen hacer o bien documentales o adaptaciones dramatizadas de los hechos tirando muchas veces de imágenes de archivo o documentos ya desclasificados para que los que no sepan de historia reciente, confirmen que hasta hace no mucho los malotes campaban a sus anchas sin tener que rendir cuentas a nadie, Es decir, más o menos como ahora, pero en la actualidad auspiciados por ese capitalismo que se comió al comunismo con patatas y por los bancos que les gestionan los dineros.

Muy rara vez la gente del cine aborda estos temas desde la sátira, entre otras muchas cosas porque a veces se confunde con la parodia, como los que no distinguen entre pornografía y erotismo. La sátira implica un nivel de inteligencia y de análisis mucho mayor y obliga a los que la afrontan a moverse por un territorio hostil, caminando sobre un fino alambre, sin barra de equilibrio y mientras oyen silbar las bombas a su alrededor. El gran Kubrick fue capaz de hacerlo  aprovechando el auge y establecimiento de la Guerra Fría y aludiendo de manera tangencial a la crisis nuclear, toda vez que  dos décadas antes, un par de bombas atómicas también lanzadas por los americanos, pusieron fin a otra guerra, esta muy caliente, pero causando la mayor  catástrofe de la humanidad. Con  “¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú” de 1964 , el inmortal Stanley demostró que la risa y el drama más supurante se convierten en aliados cuando se mezclan las dosis con esmero, sapiencia y en su justa medida.

Y este director de apellido italiano y ascendencia escocesa cuya filmografía está salpicada de ejercicios semejantes pero con menos nivel de atrevimiento que en esta, empieza con el suceso epifánico de la muerte del dictador para presentar ante los miembros del Politburó y ante toda la Unión Soviética, un nuevo panorama cuando la figura del dictador se empequeñeció hasta el punto de entrar en un ataúd de madera. La muerte de este señor no está del todo clara. Hay por lo visto dos versiones. La primera que es la que refleja la película y por lo tanto supongo que también el libro en el cual está basada que es una novela gráfica de Fabien Nury y Thierry Robin, dice que estuvo de reunión con el resto de miembros del comité hasta bastante tarde, que bebieron, se descojonaron de sus tejemanejes y vieron una peli de vaqueros, lo cual resulta ya de por sí una parodia muy apropiada y que ya después en sus aposentos, al tipo le dio un chungo y allí se quedó agonizando en un charco de inmundicias propias, hasta que unas horas después le fueron a llevar los cereales. La otra, la que sostienen los historiadores es que el mismo elenco, junto con un par más de jugadores adicionales, se estuvieron dando de hostias políticas también hasta las tantas y que una vez sólo el bicho, con el nivel de adrenalina acumulado y la hipertensión que arrastraba, se le colapsó un coágulo en el cerebro y la naturaleza hizo el resto.

Licencias dramáticas aparte como el truco de la carta de la pianista y algún otro más que se intuye en determinados puntos del metraje, en lo que coinciden  las dos versiones es que Stalin tardó en marcharse algunos días más de los recomendables, manteniendo en secreto el estado de salud del dictador y sin médicos de confianza que pudieran atenderle porque todos ellos habían sido ejecutados de manera sumaria, lo cual ya de por sí, es otra paradoja satírica o una sátira paradójica o una parodia en toda regla digna del mejor de los guiones. Tanto aspirante al trono alrededor de un lecho de muerte, con tanto en juego y tantas posibles combinaciones a la hora de jugar las cartas y buscar los apoyos para lograr los objetivos que se había marcado cada uno, es sobre lo que versa esta película atrevida, diferente, y caústica, tan políticamente incorrecta como los políticos que alimentaron la trama. Y está interpretada por actores de talla, permanentemente al borde un un ataque de nervios poniendo en juego incluso la propia credibilidad de la historia y de la histeria, pero manteniendo un interés por un suceso crucial del siglo XX gracias a un difícil equilibrio muy bien resuelto entre realidad, ficción dramatizada y dramatización entre comillas de hechos históricos que configuran un trabajo audiovisual con muy pocos referentes previos y cuyo estilo dudo mucho que se convierta en tendencia, lo cual la convierte en una rara avis de la cinematografía que seguramente ponga de los nervios a los historiadores, a los puristas y a aquellos que por similitud en sus cargos salvando las épocas y las distancias, puedan ver alteradas sus conclusiones o verse reflejados en los espejos deformantes del callejón del gato.

Para los que gustamos de un cine diferente, de contar las mismas cosas de novedosas maneras, es un irreverente soplo de aire fresco, una lección barroca de rancia historia, un libro de texto impecable en su forro de plástico, esperando para ser leído como si fueran las historias de personajes de cómic cuyas decisiones como mucho sólo emborronarán el papel, sin que tenga que reflejarse en el mundo real.

Según reza la propia película en carteles explicativos sobre un fondo que como debe de ser dadas las circunstancias es rojo comunista, ya existía un protocolo escrito y pautado en caso de deceso de la máxima figura representativa del estado. Ya estaba designado un sucesor y cada uno del resto de miembros del comité, tenía asignadas sus tareas para que el engranaje no se resistiera demasiado durante esa transición y mientras el cadáver era velado y visitado por miles de personas, porque resulta difícil de creer, pero se repite con la muerte de cada uno de ellos, esta clase de personajes despiertan una fascinación digna de estudio, los miembros vivos del comité se enzarzaban en peleas internas, realizaban votaciones a mano alzada sin notario ni testigos y luego cada uno iba dando órdenes a la espalda y apretando los botones pertinentes para sus intereses de modo que este caos acabó con la muerte de civiles en las calles, mientras que se llevaban también a cabo las alianzas para quitar de en medio a Beria que fue el brazo ejecutor de los planes de eliminación de indeseables señalados por Stalin y que al ser también el hombre de confianza de su sucesor, sin ser el líder, ejercería como tal en la sombra de no mediar una conspiración.

De ese modo, Nikita Jrushchov que no aparecía en las quinielas  como el sucesor del dictador, supo mover los hilos y llegó al poder tras eliminar a la competencia y ganarse  a los militares e inició un proceso de desestalinización  que revirtió su sucesor Leonid Brézhnev cuando ocupó su cargo en 1964. Mijail Gorbachov, tal vez y visto lo visto el líder más sensato de toda esta corte de mandamases, hizo volver de nuevo las aguas a su cauce y su sucesor tras la caída del muro de Berlín, Boris Yeltsin, el de las mejillas sonrosadas, siguió su ejemplo hasta que el líder actual ha vuelto a poner sobre la mesa las excelencias de ese dictador longevo por lo menos en el poder que sentó las bases del comunismo ruso y sin el cual no puede entenderse la historia de la antigua URRS ni su transformación en lo que es ahora.

Basta decir que en unas hipotéticas elecciones realizadas ahora entre la población actual, el señor Stalin sería una de las fuerzas más votadas y podría llegar a acceder al poder por medios lícitos y que en su día, en 1945 y 1948, fue nominado a recibir el premio nobel de la paz.

¡Manda huevos!

Esta película narra a ritmo de gag contenido y con unas dosis de surrealismo tan elevadas como las personalidades de sus protagonistas, los días inmediatamente posteriores a la muerte de Stalin y cómo se jugaron todas las cartas en una partida en la que había más tramposos que jugadores. Y nos reímos por el tono elegido y la manera de contar la historia, pero la sonrisa lobuna debería quedársenos congelada en el rostro al ver e imaginar como en otras partes del mundo, tal vez otra panda de tahúres con uniforme diferente, se están a su vez repartiendo el pastel y eligiendo sobre el tablero quién vive y quién va a morir en un breve plazo de tiempo.

Da igual lo que digan los historiadores, lo que piensen los estrategas, lo que imaginen los geo políticos, siempre estaremos en las manos de una serie de psicópatas autorizados por el pueblo o por sus enormes cojones llenos de líquido seminal que arrojarán como bombas sobre nuestras cabezas y dirimirán sus asuntos, es decir, los nuestros, a golpe de hacha, de talonario o de efecto mientras desequilibran las balanzas usando cualquier ardid del que dispongan entre ellos y los miles de asesores que les ayudan desde sus oscuros cubículos, mientras se gastan el dinero recaudado mediante diezmos sangrantes en prostíbulos y restaurantes de lujo.

Y los demás siempre seremos peones sacrificados a la mayor honra del rey al que nadie, salvo tal vez su más cercano colaborador, osará poner en jaque.

Y es que es lo que tiene, que si no se es un águila, estaremos condenados a convertirnos en su comida.

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