“La gran muralla” de Zhang Yimou o Rafflesia Arnoldii (Flor cadáver)

Zhang Yimou es tal vez el máximo exponente del cine chino en cuanto a belleza, calidad de la fotografía, estética y tratamiento de la imagen y los personajes. El cine de su país y el universal, le deben tanto, que no puede obviarse su influencia en este medio y en todos aquellos que han visto sus trabajos y han tratado de imitarle u homenajearle con menor o mayor éxito.la gran muralla cartel

En “Sorgo rojo” en 1987 y “La linterna roja” en 1991, ya demostró que era un director que no sólo había que tener en cuenta, sino que estaba destinado a marcar una época y a ser punta de lanza de todos aquellos profesionales de su país que trataran de seguir sus pasos, toda vez  que él ya había empezado a desbrozar el camino.

Con “Hero” en el 2002 y “La casa de las dagas voladoras” un par de años después, sin alejarse del tipo de cine naturalista e intimista que suele caracterizar los trabajos provenientes de esas latitudes, ya empezó a verse que le llamaba la atención poderosamente el cine épico para narrar, siempre desde su particular punto de vista, la idiosincrasia de un pueblo, el suyo, que tiene mucha historia a sus espaldas y que vivió ajeno al resto del planeta hasta que la ruta de la seda tendió puentes entre ambos mundos para que fueran mezclándose sin dejar de ser nunca como el agua y el aceite.

En “Regreso a casa” en el 2014, situó la escena en un terreno más contemporáneo, en plena revolución cultural china a finales de la década de los 70 y regresó al tono intimista que siempre le ha caracterizado.

Por eso, yo por lo menos no entiendo, qué necesidad tenía de meterse a dirigir este zurullo cinematográfico cuyos únicos atractivos residen en su director, para llamar la atención de sus paisanos, y de su actor principal, para hacer lo propio con la otra parte contratante, allende el océano.

La gran muralla china fue levantada a lo largo de 1700 años, los que fueron desde el siglo V antes de Cristo, hasta el siglo XVI después del advenimiento de este señor, tuviera lugar o no, que eso es otro asunto, pero que por lo menos nos vale para situarla en un contexto histórico. Se calcula que murieron durante su construcción, un número aproximado de diez millones de seres humanos, lo que no deja de ser un genocidio consensuado, aunque supongo que durante la construcción de las pirámides o de las cristianas catedrales, también debieron de palmar unos pocos de cientos de miles. En este caso más, porque la magnitud casi inasible de este mega monumento, la coloca a la cabeza de los mismos sin paliativos ni parangón. Aunque su longitud oficial ronda los nueve mil kilómetros, los diferentes tramos levantados a lo largo de muchas dinastías, establecen una distancia estimada de más de veinte mil, lo cual excede mi capacidad de comprensión y me causa por añadidura una extenuación vital difícil de explicar con palabras.

Como extenuación de todo tipo me ha causado este supuesto vehículo de entretenimiento que es insufrible desde el primer fotograma hasta que aparecen los títulos de crédito, que atestiguan que no hay paro en China ni se le espera. Es como una larga e insulsa, aunque eso sí, espectacular desde un punto de vista estético, coreografía del Circ du Soleil, en la cual malabaristas, contorsionistas y demás seres humanos de flexibilidad incompatible con la vida, hacen gala de sus privilegiadas condiciones físicas para demostrarnos a los demás que estamos anquilosados y oxidados desde mucho antes de que nuestras madres nos trajeran a este mundo con el esfuerzo que eso conlleva.

Además, la trama, pretende contarnos, que esta gente confinada tras una muralla y que trataba de defenderse de amenazas exteriores, contaban con unos artilugios mecánicos de ingeniería avanzada que convertirían a Leonardo Da Vinci en un aficionado al bricolaje.

No hay nada interesante en ningún momento. Los personajes son rígidos arquetipos de todo lo que ya hemos visto antes, la trama es burda e infantil, la manera de resolverlo patética y lo diálogos y situaciones, causan hartazgo, aburrimiento, e incluso desatada hilaridad como ese momento de homenaje a nuestra fiesta nacional que merecería por sí solo el ajusticiamiento público sin juicio previo del responsable de semejante dislate y que serviría de atenuante para que cualquier jurado eximiera de toda culpa al asesino confeso y, por qué no decirlo, orgulloso.

Y los malos no son los habitantes de Mongolia y Manchuria que fueron en origen los responsables directos de que se levantara esta inhumana construcción desde su frontera con Corea hasta el desierto del Gobi, sino unos bichos feos que te cagas, que son un híbrido entre los dinosaurios de Spielberg, los alien de James Cameron y los Gremlins salidos de madre de Joe Dante. Y todo en base a una supuesta leyenda que da pie para que los guionistas se monten una historia que podrían haber escrito mejor tres o cuatro habitantes de cualquier clase de párvulos que hubiesen tenido una pesadilla colectiva antes de hacerse pis en la cama.

No merece muchas más palabras este sub producto disfrazado de gran producción en el cual se han gastado un pastizal considerable que podría haber sido empleado para hacer películas buenas durante los próximos diez años, que jamás verán nuestros ojos, con todo el dolor de nuestro corazón.

A estas alturas y después del exceso visual, hace ya casi quince años, de la trilogía del Señor de los anillos, estas cosas ya no nos sorprenden y preferimos, yo por lo menos, ver un documental sobre la vida sexual de los caracoles noruegos y su repercusión en el deshielo del círculo polar ártico, pero lo malo es que les va resultar rentable a poco que un uno por ciento de los habitantes chinos y americanos vayan a verla, sin contarnos a los europeos, que somos muchos menos, pero igual de gilipollas.

Y eso les va a dar pie para que sigan invirtiendo en agua para la bañera cuando no encontramos el tapón para detener la hemorragia.Rafflesia-Arnoldii

Esta película es como la flor cadáver, una planta parásita que ostenta   la inflorescencia más grande del mundo que puede llegar a pesar once kilos y que desprende olor a carne putrefacta y calor, para que las moscas carroñeras la confundan con un animal en proceso de descomposición y acudan a ella para polinizarla, como nosotros acudimos a veces a ver estos trabajos engañados por un canto de sirenas y una enajenación mental en el mejor de los casos transitoria, con lo cual no hacemos sino engordar la taquilla y conseguir que se perpetúe el mal más allá de toda lógica.

En resumen, espectacular despliegue de medios para la nada más absoluta.

 

 

la gran muralla imagen dest

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