“La correspondencia” de Giuseppe Tornatore o Magnolia Stellata (Magnolia estrellada)

Casi quince días sin ir al cine es para mí lo más parecido a una condena y, una vez que esta termina, es gratificante acertar con la película que vas a ver. Giuseppe Tornatore es un director de culto no sólo en Italia sino en todo el mundo y todo ese mérito se lo dio haber dirigido “Cinema Paradiso” en 1988, aunque ya había dirigido “El profesor” en 1980 con Ben Gazzara de protagonista en la que ya demostró que su forma de hacer cine era poco convencional. “La leyenda del pianista en el océano” en 1998 con Tim Roth de rol principal y “La mejor oferta” en 2013, con Geoffrey Rush, haciendo lo propio, son otros ejemplos más recientes del cine de este director tan particular. la_corrispondenza cartel

Con una forma de hacer cine aparentemente tradicional pero utilizando recursos oníricos y estéticos para retro alimentar la trama y llevarla a su terreno, este director ha inspirado a generaciones posteriores de cineastas italianos entre los cuales cabría destacar a Paolo Sorrentino, autor de las inclasificables y magníficas “La gran belleza” en 2013 y “La juventud” en 2015. A lo mejor viene el tal Paolo y me manda a la mierda diciendo que esto no es así, pero dudo mucho que lea esto, por lo cual carece de importancia.

En esta película se apoya en la música del inmortal Ennio Morricone para resaltar la fuerza de las imágenes y con esos mimbres es difícil estropear el cesto. Se beneficia de nuevo, tal y como ha hecho en la mayoría de sus producciones, en la capacidad actoral de una figura de primer orden que en este caso es Jeremy Irons, para captar la atención previa a su visionado y para sostenerla una vez que te has decidido a verla entre todas las opciones posibles.

A partir de aquí, todo lo que diga va a ser un spoiler y podrá ser utilizado en mi contra. La inmensa mayoría de los críticos de cine, entre los cuales yo no me cuento, ya que sólo soy un cinéfilo con ínfulas y un espacio para desahogarme, hacen esto a diario sin remordimientos y sin avisar. Yo lo hago y el que siga es bajo su responsabilidad. Que voy a reventar la película es cierto, pero luego no digáis que no os lo advertí.

Planteada desde el principio sin tapujos como una historia de amor entre dos personas con una abismal diferencia de edad, argumento repetido hasta la saciedad en miles de películas anteriores a esta y que seguirá siendo recurrente en las que la sigan, esta se desmarca a las primeras de cambio para situarse en el terreno de la irrealidad, de la fantasía, de lo improbable pero posible y todo atendiendo a las teorías físicas que sustentan el concepto del universo y que no deben ponerse en duda porque creo, desde mi ignorancia, que sólo pueden enunciarse pero no demostrarse de una forma fehaciente. La historia de alumna, preciosa para más señas, que se enamora hasta las cachas de profesor inteligentísimo pero mucho más mayor, da asco de lo manida que está, pero aquí Tornatore  da una vuelta de tuerca a lo Henry James y convierte un relato convencional es una relación epistolar moderna cuando uno de los protagonistas está muerto y la mantiene durante un período de tiempo insostenible aún mucho después de que se hayan enfriado las cenizas de uno de ellos.

Hay muchos interrogantes que plantea esta película. ¿Puede el amor sobrevivir a la muerte?, ¿es posible recibir mensajes constantes en instantes precisos de alguien que hace ya tiempo que no está entre nosotros sin caer en los pantanosos escenarios de lo paranormal, a pesar de que en vida ya dejó muestras patentes de esa habilidad?, ¿Puede ser alguien tan inteligente y calculador para saber después de morirse todos los pasos que va a dar la amada que dejó atrás,  hasta el punto de saber en qué lugar de la geografía mundial va a estar en todo momento  para seguir manteniendo la irreal sensación de que aún está vivo?, ¿puede alguien ser tan previsible y cuadriculado hasta ese punto?, ¿existe el amor puro e incondicional? (desde mi punto de vista no. Puede que una cosa sí, pero las dos a la vez es ciencia ficción). La película fluctúa permanentemente entre todos estos interrogantes sin llegar a resolver ninguno y librándose por los pelos de caer al abismo en muchas ocasiones, solventadas con hábiles giros de guión y sosteniéndose gracias a los creíbles trabajos de un Jeromy Irons permanentemente enclaustrado en los límites de un ordenador, excepto en los minutos iniciales, y en la presencia cada vez más sólida de una Olga Kurylenko que se asomó al cine de Hollywood por primera vez como chica Bond en “Quantum of solace” de Marc Forster en 2008.

Todo ello aderezado con eficaces secundarios que dan consistencia al guión, los italianos en su carismática cotidianidad y los demás en su papel de meros comparsas  en la trama que organiza una persona alrededor de la cual orbitan todos los que le rodean como satélites y objetos celestes que no pueden sustraerse a la fuerza gravitatoria del sol que los somete y que sigue brillando aún sin vida, como esas estrellas extintas cuya luz sigue llegando a nosotros a pesar de haberse apagado hace millones de años. Como se dice en un diálogo de la película, el ser humano no está preparado para entender la verdadera esencia del universo, ni siquiera la del amor, conceptos tan complejos y sometidos a su vez a las veleidades de los caprichos humanos unos y a las leyes implacables de la física otros.

Y, como no podía ser de otra manera, acaba cayendo en determinados momentos, en paisajes comunes, como la redención, la culpa, la envidia, la fidelidad mal entendida, el deseo de desaparecer y ser una de tantas estrellas anónimas que abandonan el mapa celeste sin siquiera haber sido contempladas una sola vez. Todos ellos conceptos inherentes al ser humano y que son temas recurrentes en la literatura y en el cine porque son, no lo podemos evitar, el caldo de cultivo en el cual nos movemos.

Si hay algo que lastra la película son esa sucesión de planos en los cuáles podemos ver a la protagonista jugarse el tipo en su profesión de actriz de riesgo en un ejercicio de metacine que no aporta nada que no sepamos o que se intuya al poco de meterse en harina y que es descifrado en una escena explícita que desde mi punto de vista debería haber sido sugerida más que mostrada.

Se trata tal vez de una película tramposa como lo son otras que se meten en jardines menos laberínticos que esta, pero lo cuenta de manera diferente y te mantiene alerta, por lo menos en mi caso, buscando incongruencias, que las habrá a poco que consultes a uno de esos astrofísicosMagnolia-Stellata-0979sm a los cuáles hacen mención constante en la trama y es cierto que la estructura se tambalea hasta el punto de amenazar con derrumbarse en muchas ocasiones, pero se mantiene en pie gracias a la pericia de un perro viejo en esto del cine que sabe muy buen qué recursos utilizar cuando quiere contar algo aunque lo haga como siempre a su manera. En cualquier caso, ejercicio de buen cine que se ve con agrado y se retiene en la memoria un tiempo mayor que la media habitual.

El resultado es un edificio arquitectónicamente bien construido pero cuyos interiores debemos ponerlos nosotros, cada uno dentro de sus posibilidades y que dependerá en cualquier caso de los ojos con que lo mires. En cierto modo como la Magnolia Stellata, planta de hoja caduca y flor precoz en forma de estrella, cuya floración espectacular y profusa dura un suspiro, como nuestras vidas en el espacio en el que flotan las estrellas cuya luz sigue llegando mucho tiempo después de apagarse la nuestra.

 

 

la corespondencia imagen dest

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *