“Figuras ocultas” de Theodore Melfi o Gardenia jasminoides (Gardenia)

Si el mundo fuera un matriarcado nos iría definitivamente mejor, pero por desgracia está en manos de los hombres y la misoginia está a la orden del día. De otro modo, sólo por citar un par ejemplos cercanos en el tiempo, no se habría aprobado recientemente una ley en Rusia que permite pegar a tu mujer una vez al año sin que te caiga más que una leve multa si es que te pillan y la agredida tiene valor para denunciarlo o no habría llegado a la Casa Blanca un elemento que ha declarado abiertamente y con premio su desprecio por las mujeres, incluida especialmente la suya propia.

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Esta película hecha al más puro estilo americano, dicho esto no como crítica sino como inocente comentario, es un buen vehículo de entretenimiento que cuenta desde un punto de vista femenino algunas verdades que quedaron ocultas a los ojos del gran público porque la hombría de ciertos responsables de asuntos de interés nacional en plena guerra fría, no podía quedar en entredicho al admitir ni en público ni en privado, que unas mujeres, y negras para más inri, no sólo tenían más sensatez, inteligencia y sentido común que ellos, sino que sabían utilizarlo para obtener un beneficio colectivo.

El racismo y el machismo son temas ya recurrentes sobre los que no voy a incidir y sigue estando tan de actualidad como cualquier tema candente que pueda saltar a un telediario, pero ya hace mucho que no vende periódicos ni copa portadas porque lo tenemos tan interiorizado y en cierto modo aceptado, que no se sabe muy bien qué da más miedo o más asco. Si la incuestionable existencia del mismo o la asunción por la mayoría de nosotros, independientemente del género.

¿Por qué un hombre gana mucho más que una mujer por desempeñar el mismo trabajo?. Si esta pregunta se la hiciéramos a muchos hombres, la mayoría dirían sin pudor que ellos lo hacen mejor y por lo tanto es de justicia que estén mejor remunerados, porque están más capacitados genéticamente y bla bla bla y se quedarían los tíos tan panchos antes de atiborrarse a viagra para cepillarse a alguien veinte años más joven que ellos, independientemente también del género. Dicen que el hombre es el sexo fuerte, pero habría que vernos en un paritorio espatarrados a punto de sacar por un agujero ridículo de tamaño algo de más de tres kilos y salir andando del hospital como si tal cosa un par de días después. Lo que les ocurre a muchos hombres con las mujeres es que les jode y no están dispuestos a admitir que están mucho más capacitadas a todos los niveles para sacar adelante todo lo que se propongan porque a bemoles y a determinación no las gana ni dios y mucho menos esos que tenemos un badajo entre las piernas que la mayoría de las veces nos nubla el cerebro.

¿Y cómo se domina aquello que tememos? Pues simplemente tratando de domarlo o encerrándolo y sometiéndolo para que no acabe de concretarse. ¿Por qué los colonos y otras gentes de idéntica calaña buscaban mano de obra barata y recurrían a los negros en régimen de esclavitud? Pues porque se lo permitían las leyes dictadas por blancos y porque sólo ellos eran capaces de trabajar más de doce horas dejándose la espalda para recoger el algodón con temperaturas y humedades, latigazos aparte, que no soportarían ni las cigarras. Y encima uno se ponía a cantar y los demás le secundaban. Eso es espíritu y lo demás son gilipolleces.

¿Por qué en la liga de baloncesto estadounidense y en muchos equipos de futbol europeos, por no citar las diferentes disciplinas de atletismo, están repletas de hombres y mujeres negros? Pues porque su hegemonía física es indiscutible y los demás sólo pueden aspirar a diploma olímpico o simple y llanamente a acabar la carrera y llegar a casa por sus medios y no en ambulancia.

Pero en la América de los primeros sesenta, unos dos años antes de que a Kennedy le descerrajaran un tiro por tener opiniones subversivas acerca de temas controvertidos, con la guerra fría en plena ascensión mediática y de psicosis colectiva, antes de que los enfrentamientos se dilucidaran a cara de perro frente a tableros de ajedrez entre las dos grandes potencias del mundo, las únicas por aquel entonces, la lucha se fraguaba en los despachos y en las dependencias dirigidas por ingenieros que trataban de demostrar su hegemonía técnica e intelectual colocando objetos y seres vivos en el espacio.

Al igual que en el ajedrez, los rusos dieron primero y colocaron al primer hombre en el espacio a darse unas vueltas. Yuri Gagarin fue el primer ser humano en realizar un viaje orbital alrededor del planeta y eso a los americanos les dolió más que una patada en los huevos, porque entre otras cosas después de la patada el dolor se pasa, pero lo otro queda para siempre reflejado en los libros de historia. Como dice el personaje interpretado por Kevin Costner, que es un actor de lo más solvente que siempre te lo crees haga lo que haga, tal vez ellos estuvieran más motivados o a lo mejor sólo estaban más acojonados porque se jugaban algo más que el sueldo. El caso es que les ganaron la partida y a los americanos no les quedó otra que hacer lo que hacen los equipos que encajan un par de goles en la primera parte y que no es otra cosa que intentar remontar en la segunda. Esta película aborda el momento previo y posterior al gol de los rusos y a los intentos solventados con éxito de igualar el marcador. No sería hasta 1969, cuando lo americanos plantarían un pie en la luna dando por finalizada la guerra fría en el espacio exterior. Da igual que fuese una realidad o un montaje como afirman muchos. Yo también tengo serias dudas al respecto, pero el caso es que si fue una mentira, estaba cojonudamente contada y no podía rebatirse por lo menos con los medios de entonces.

Y si los americanos no lo lograron antes fue porque tenían a los cerebritos negros, aislados de los blancos, porque si la ropa de color y la blanca no se mezclan porque puede desteñir, a alguien debió de darle por pensar que podía ocurrir también con la piel,mucho antes de que se inventaran esas toallitas atrapa colores que solventan la torpeza de aquellos que nunca han puesto una lavadora.

Pero esas mujeres que con su intelecto y su coraje se auparon a los más alto de sus respectivas disciplinas a fuerza de empuje, determinación y pelotas como balones de fútbol, no podían figurar en los libros de texto como autoras de sus logros porque no estaba bien visto que unas féminas usurparan el mérito a los hombres y por eso se las ocultaba en sótanos y se minimizaban sus méritos para que se los llevaran otros que, como hombres, estaban destinados a triunfar.

Es por eso que estas películas son necesarias y cada vez más frecuentes y no es porque los hombres hayan decidido por fin darle a la mujer el valor que tiene como generadora de vida, motor de civilización e intelecto aplicado a causas propias y ajenas, sino porque cuando la manzana  está madura, cae por su propio peso y si no le hubiera caído una a Newton cuando estaba echando la siesta debajo de un árbol, sea verdad o leyenda urbana, tal vez la teoría de la gravedad terrestre se hubiera enunciado un tiempo después o si Newton hubiera sido una mujer hubiera podido llegar a la misma conclusión por otras vías y algo más rápido. Elucubración inútil en cualquier caso.

También pone de manifiesto la película que los grandes ordenadores acabarían por quitar el puesto a los calculadores manuales y a los humanos, pero que por muchos cálculos que fuera capaz de hacer la máquina en cuestión, siempre requeriría de programadores y técnicos capaces de poner esa cosa en marcha con unas mínimas garantías, en lo que supone una premonición o un augurio de lo que ha acabado pasando hoy en día. Está claro que a los enterradores, a los talleres de chapa y pintura y a los programadores informáticos nunca les va a faltar el curro y ahora ya da más igual que sean chicanos, negros, chinos, de Magadascar o de Alpedrete.

Mujeres pioneras que supieron salir del agujero en el que las habían confinado trabajando en la sombra para que otros pudieran llegar antes a sus casas con sus blancas familias y sus negras intenciones.

Como la gardenia, que necesita vivir confinada en interiores o a la sombra de especies de mayor tamaño que la protejan de los rayos solares cuando aprieta el lorenzo. Pero esta planta en algunas latitudes, sobre todo de oriente, es capaz de vivir en estado salvaje, libre de ataduras y de alcanzar su verdadero porte y desarrollo vegetal, como el que alcanzaron estas mujeres una vez que lograron demostrar al mundo quiénes eran y lo que eran capaces de hacer, aunque luego pretendieran hacerlas volver al agujero. Gardenia_jasminoides_cv1

Hasta el año 2016,es decir, antes de ayer por la tarde, la NASA no le hizo un reconocimiento público a esta mujer que no sólo hizo posible los cálculos que permitieron a John Glenn darse un garbeo espacial y regresar vivito y coleando, sino que también colaboró para que  los viajes del Apolo II y la llegada del hombre a nuestro satélite natural, fuesen una realidad o una mentira muy bien contada, depende de la versión de quién lo cuente. El homenaje consistió, medallas aparte, en poner su nombre a uno de los pabellones de las instalaciones actuales.

Más vale tarde que nunca, pero si se hubiera tratado de un hombre blanco, se hubieran dado mucha más prisa.

Este director, que ha ejercido de guionista y productor en otros proyectos y que escribió y dirigió “St Vincent” para lucimiento exclusivo de Bill Murray en 2014, se pone aquí a los mandos en todas las funciones principales para sacar adelante una película de corte clásico y aroma patriótico de esas que tanto gustan a los americanos y tanta grima me suelen dar a mi. Pero el resultado es correcto y amable y saca a la luz algo que ya deberíamos de saber los hombres.

Hay que admirar la excelencia por encima de frustraciones y complejos. Si alguien es mejor que nosotros, por las razones que sean, hay que reconocerlo e intentar aprender de ello.

A eso se le llama evolución. Lo otro es majadería y majaderos quienes lo niegan.

Y son legión.

 

 

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