Especial Seminci 2016

En Valladolid hay amor por el cine. No hay más que asistir a cualquier proyección de cualquiera de las secciones de este festival que nació hace 61 años y que durante décadas fue un evento diseñado por y para el Cine Religioso lo cual le convertía en un espectáculo sectario para un público que debería ser más minoritario dado que nos consideramos erróneamente un estado laico y aconfesional.

A finales del siglo XX y comienzos del XXI, cuando alguien se aventuraba a ver una película de este festival castellano en su versión original, tenía que lidiar con el incómodo trance de asistir a las proyecciones con unos molestos auriculares en las orejas que nos permitían escuchar la voz de la traducción simultánea. Una voz que hacía su trabajo para todos y cada uno de los personajes de la película lo cual resultaba confuso como mínimo y que no era propio de un festival longevo que aspiraba a ser uno de los grandes.

A estas alturas de siglo, ya hace un buen número de años que la Seminci es una cita obligada para el cinéfilo amante del cine crudo sin aderezos, de los trabajos sociales más impactantes e importantes que se desarrollan en el mundo y que nos llegan aquí catalogados en secciones potentes y en retrospectivas que nos recuerdan que ahí afuera hay un mundo complejo, extraño y muchas veces brutal, que hay que ver para conocernos mejor y para tratar de poner nuestro granito de arena para tratar en lo posible de revertir la situación o por lo menos, evitar que cerremos los ojos ante una serie de realidades que nos afectan como habitantes de un mismo planeta condenado a irse a la mierda sino le ponemos solución.

La Seminci es a día de hoy, y siempre desde mi opinión personal con el permiso de la Semana Internacional de Cine de Gijón y del Festival de Cine Español de Málaga, el segundo evento en importancia de este tipo, después del Zinemaldia. Una de las cosas determinantes que han hecho de este festival uno de los grandes, es su apuesta por los cortometrajes de calidad que suelen preceder a la mayoría de las proyecciones largas y que suscitan un gran interés y desembocan en un palmarés paralelo con especial mención a los mejores trabajos de este tipo que se realizan en nuestro país a los largo de cada año en curso.

Después de unos años erráticos, resulta evidente que por calidad y número de películas, variedad de secciones, capacidad organizativa y lugares apropiados para las proyecciones, se ha ganado a pulso esta medalla de plata en el panorama festivalero patrio.

Acudí a mi quinta Seminci cuando el festival se acababa y los últimos estertores del certamen invadían el ánimo de una ciudad que respira cine durante ocho frenéticos días. Ni siquiera quise informarme antes de lo que me había perdido para no sufrir de antemano esa ausencia dolorosa que para mí supone no estar en el lugar correcto en el momento adecuado porque por muy bien que me lo cuenten, yo necesito vivirlo en primera persona.

Llegué bien acompañado, como acostumbro siempre que se dan las circunstancias adecuadas y empezamos nuestro periplo de ocho películas y cinco cortometrajes programados,  en el Teatro Calderón el Viernes 28 de Octubre a las 12.00 de la mañana. Comenzamos con “Cheimaphobia” de Daniel Sánchez Arévalo, circunscrito en la Sección Oficial de cortometrajes y que además, se llevó la Espiga de Oro cheimaphobia-carten en dicha sección.  Es una historia breve pero intensa basada en un pasaje de la novela “La isla de Alice”, escrita por el mismo director. Rodado en inglés y protagonizado por JoannaVanderham y  Tessa Neiman narra durante diez intensos minutos la asunción del duelo de una niña intentando comprender porqué su padre ya no está presente y se encuentra encerrado en el interior de una caja de madera que su madre, joven y evidentemente embarazada, llama ataúd. cheimaponia-imagenEs un interrogatorio permanente de la hija huérfana a la madre que también trata de asumir lo que se la viene encima y que no puede eludir las cada vez más directas preguntas de su retoña que necesita ver a su padre de nuevo aunque sea muerto para dejar de verle desfigurado cuando cierra los ojos. El título de la obra hace mención a un estado físico que consiste en un miedo persistente, anormal e injustificado a tener frío. Es un trabajo veraz y elegante que atrapa y sorprende  y que deja con muchas ganas de leer el resto de la obra que envuelve este fragmento tan singular, triste y bello.

Después de este comienzo inesperado y contundente, comenzó la proyección de “Rèparer les vivants” (“Reparar a  los vivos”) de Katell Quillévéré y protagonizada entre otros por Tahar Rahim y Emmanuelle Seigner. Es una película basada en el libro homónimo de Maylis de Kerengal y es un trabajo muy poco convencional sobre el mismo tema de la asunción de la muerte pero esta vez la de unos padres que pierden a su hijo de 17 años en un accidente de tráfico cuando iba de copiloto sin cinturón de seguridad.

reparer_les_vivants-cartelA mitad de camino entre lo onírico, la realidad más cruda y el documental frío, aséptico y explicativo, este largometraje de impecable factura técnica, acaba derivando en un ejercicio sobre el amor y el duelo en todas sus variantes. De telón de fondo se encuentra la terrible decisión por brusca y sobre todo inesperada, de unos padres devastados que deben  decidir casi sobre la marcha si el hijo perdido por muerte cerebral irreversible pero con un cuerpo inexplicablemente sano,  será donante de órganos para   otras personas que necesitan de una muerte previa para poder aspirar  a la continuidad de su vida y en lo que tiene que suponer para el donante, el hecho de llevar el órgano de alguien que tuvo que fallecer para continuar con un ciclo imparable que seguirá su curso independientemente de nuestros deseos.

La directora alterna bellos flasbacks del protagonista en los últimos sucesos importantes de su breve vida con el presente irreconciliable con cualquier aspiración de felicidad y con la actividad rutinaria y cotidiana de un hospital en el cual los médicos, las enfermeras y los responsables de comunicar a los vivos lo que se podría hacer con los muertos, tratan de hacer su trabajo sin que les afecte más de lo debido y que rodeados de muerte, necesitan con desesperación mal disimulada sentirse vivos. Todo el mundo sufre a su manera y la diplomacia, la elegancia y el tacto son imprescindibles para tratar de convencer a aquellos que con sus decisiones pueden cambiar vidas una vez que la suya se ha ido a la mierda.reaparar-a-los-vivos-imagen-dest

Entre todo ello, asistimos a fragmentos de la vida de una enferma terminal de corazón que aspira a que algún responsable asigne un órgano sano para cambiar el suyo en lo que se antoja un ejercicio aleatorio ya que ciertas personas juegan a ser dioses que señalan con el dedo quién debe vivir y quién debe de seguir esperando la muerte. No quisiera yo tener que asumir jamás tamañas dosis de responsabilidad. Película de precisión cinematográfica y médica que con un bisturí, tanto literario como literal, disecciona todo el proceso desde la muerte clínica hasta que el órgano desahuciado bruscamente encuentra acomodo en otro pecho.

Buen cine, pero no apto para todos los paladares.

Después de un descansito, de camino al teatro Carrión a otra sesión de cine. Un cortometraje también de la Sección Oficial, esta vez sin recompensa,  para abrir boca.home-cartel“Home” de Daniel Mulloy bajo la bandera de  Reino Unido y con el protagonismo de  Jack O´connell. Se trata de una alegoría para que los Europeos nos demos cuenta de lo que significa que tengas que dejar tu casa con lo puesto, pagar a unos hijos de puta para que te lleven en condiciones ganaderas al lugar que ellos eligen porque les viene cómodo y ser tratado como un delincuente por gente para la que supones una amenaza por el simple hecho de invadir su espacio vital.

home-daniel-mulloy-ima Y todo ello con el equipaje de tu familia, especialmente de unos niños que no entienden lo que pasa y cuya experiencia traumática condicionará sus vidas. El mundo es un tobogán emocional que te mantiene la mayor parte del tiempo en la parte baja del espectro y en el  cual determinadas clases sociales y razas experimentarán una mayor tendencia a estar en ese lugar dónde se vale poco menos que un cenicero por la sencilla razón de que se ha nacido en el lugar equivocado. Buen cine cuyo mensaje final no llegará a todas las mentes que se pretende por el simple hecho de que a mucha gente no le agrada que le muestren aquello que preferirían no ver. Ya se sabe, ojos que no ven, corazón que no siente.

Y después de un breve parpadeo, la siguiente película. Esta vez una brasileña. “Mae só há uma” de Anna Muylaert o lo que es lo mismo, madre sólo hay una y a ti te encontré en la calle y que se ha llevado nada más y nada menos que tres premios. El primero a mejor actor protagonista que recayó en el trabajo convincente y pausado de Naomi Nero. maesohauma-caqrtelLa directora se llevó el galardón correspondiente a su labor como tal y el tercer entorchado, es el que se refiere a la Espiga Arco Iris. Un premio de reciente cuño otorgado por el colectivo LGTBI y que fue otorgado literalmente por un título que visibiliza de mejor manera la  búsqueda de identidad de género.

Se trata de un gran trabajo que habla sobre un tema que es universal y que cuenta una historia acerca de  esos niños y niñas que fueron robados en sus lugares de nacimiento para satisfacer las frustraciones de unos y joder para siempre la vida de otros y en cómo afecta, una vez que son encontrados por las razones que sean, el tener que renunciar a lo que consideraban propio para adaptarse a lo que para ellos es ajeno por mucho que las razones de los que buscan no sólo sean lícitas sino también irrenunciables.mae-so-ha-uma-imagen-dest

El adolescente en cuestión no sólo tiene que enfrentarse a su propia y confusa identidad sexual que le lleva a probar de todo en un intento de configurar su propia idiosincrasia, sino que tiene que encajar el hecho innegable de que su madre que creía biológica es una delincuente y que su hermana tampoco es parte de su sangre porque fue sustraída con idéntica metodología y que será arrancada del hogar que compartían por otra familia de sesgo totalmente diferente. La película habla sobre todo de la falta de empatía entre unos y otros y la necesidad humana de encajar las piezas en sus huecos aunque sea con calzador en una actitud tan irresponsable como comprensible. Como si no fuera suficientemente difícil encontrar nuestro lugar en el mundo sin necesidad de que nos puteen sistemáticamente.

Parada en boxes y después al teatro Zorrilla a por la tercera del día, esta vez enmarcados, tanto cortometraje como película, en la sección de Punto de Encuentro. jacked_cartelEl corto responde al nombre de “Jacked” (traducido como robo de coche). Bajo bandera  británica y dirigido por  Rene Pannevis y protagonizado por Thomas Turgoose y Charlie Palmer entre otros. Este director de origen holandés filma este su primer trabajo fuera una institución académica y lo hace con un trabajo de corte eminentemente social heredero de ese tipo de cine que popularizó Kean Loach. Se trata de dos adolescentes fruto de su época y su lugar de residencia que pasan sus días delinquiendo con la facilidad y la parsimonia conque otros fríen un huevo. En uno de sus  robos, encuentran un botín en forma de cintas de casete en las cuáles un enfermo terminal trata de dejar un legado auditivo a la hija cuyo rostro no verá nunca. Eso deviene en un conflicto moral entre los dos delincuentes. Uno de ellos es partidario de devolver el coche dónde lo dejaron. El otro decide acabar lo que habían empezado. No llegarán a un acuerdo, aunque el mayor acierto del trabajo es no mostrarlo de manera explícita.

Y después una co producción entre Israel, Alemania y EE.UU (curiosa mezcla, aunque no tanto si a uno le da por indagar en la historia reciente de los tres países) y que está firmada por  Udi Aloni, un verborreico director al que parece que le dan cuerda cuando de hablar se trata y con el que cometí la insensatez de hacerle una pregunta en un coloquio posterior a la proyección que desembocó en una larguísima  pero esclarecedora andanada verbal que arrojó mucha luz sobre la película.junction_48-939871164-cartel Este trabajo cuenta a ritmo de rap improvisado la tensa relación entre Israelitas y Palestinos, entre la sociedad Israelí y la comunidad árabe y lo extremo de sus posiciones y la imposibilidad manifiesta de reconciliarlas debido a quistes endémicos cuya curación nadie se ha molestado en promover.large_junction_48_imagen-dest De telón de fondo, la innegable e injustificable posición de los hombres frente a las mujeres en una sociedad que da por bueno humillar, someter y vilipendiar, entre otras lindezas, a aquellos miembros sin cuya participación no serían nada. Curioso tratamiento de personajes especialmente el de la madre del protagonista que tras la muerte de su pareja en un evitable accidente de tráfico, reconduce su vida hacia un misticismo, ignoro si natural o artificial, que impregna las decisiones y el comportamiento de los que la rodean. Demasiados asuntos a tratar en un tiempo poco excesivo, pero que el público asistente decidió premiar con su galardón en la sección en la que competía. No me gusta el rap por la misma razón por la que a otros no les va la música clásica y reconozco que eso me condicionó. Si no hubiera sido por el coloquio posterior, me habría gustado menos. Esto no es bueno ni malo. Simplemente es. En cualquier caso, cine de denuncia social, tan necesario como poco productivo en la mayoría de los casos.

Un breve pausa para gozar de esa pedazo de Plaza Mayor que tienen los vallisoletanos y de nuevo al Zorrilla a doble sesión y  repitiendo sección. De aperitivo, desde Alemania y firmado por Florian Heinzen-Ziob, visionamos un interesante trabajo llamado “Zu ihrer eigenen ircherhet” o lo que debe de ser los mismo, “Por su propia seguridad”.foryourownsafety_enno_endlicher_2_hp

Es un cortometraje interesante y bien realizado, rodado íntegramente en el interior de una terminal de aeropuerto, en esa zona de nadie en la cual estamos obligados a bajarnos los pantalones, quitarnos los zapatos y en perder para siempre una serie de cosas que pueden ir a parar a algún sitio diferente a las papeleras diseñadas para ello sin hablar, claro está de la pérdida temporal de dignidad que ya iremos recuperando poco a poco en los días posteriores al tercer grado. Este trabajo habla del compañerismo o de su ausencia, del exceso de celo, de la psicosis colectiva que asola el mundo desde el 11 de Septiembre del 2001 y de cómo hemos normalizado algo que nos debería de escandalizar. De telón de fondo, también está la necesidad de reconocimiento y cómo estamos dispuestos a todo, caiga quién caiga, pero a ser posible sin caernos nosotros, para conseguirla y los prejuicios que, todos y cada uno de nosotros sin excepción, tenemos hacia cierto tipo de personas, razas o actitudes.

De plato fuerte para después, una película co producida al alimón por Alemania y Suiza y firmada por Michael Koch. De título, “Marija” que en principio es el nombre de la protagonista. Sin embargo, los responsables de la traducción del título, la sobre nombraron “Exceso”.marija-cartel

No es una película excesiva ni mucho menos. Es un trabajo frío narrado con solvencia y acierto, pero que no llega a trasmitir ni provoca empatía, hasta el punto de que parece un documental ficcionado o una ficción documentalizada sobre la vida de ciertos seres humanos, (especialmente de uno de género femenino) que mal viven en la frontera entre lo digno y lo soportable, entre lo cotidiano y lo esperpéntico, vapuleados y dominados por gente sin escrúpulos que están dispuestos a sajarte en todos los sentidos por llevarse un billete de veinte euros de porcentaje por su trabajo.

maija-imagen-destTodo el mundo le saca algo a alguien, excepto los que se encuentran en la base de la pirámide que no sólo tienen que soportar el peso de su vida y su desgracia, sino que tienen que aliviar forzosamente las necesidades básicas de sus supuestos benefactores, que no son más que aves de rapiña que también son depredados a su vez por bichos de mayor tamaño en el que viene a ser sin ningún lugar a dudas una cadena trófica en la cual, como siempre, el pez gran de come al chico. El punto de partida es una mujer de origen eslavo que es expulsada de su curro de camarera de hotel por robar unos pendientes y que es delatada por una compañera. A partir de ahí, imposibilidad de pagar el alquiler y adiós al sueño de intentar montar alguna vez una peluquería por cuenta propia. Pero esta chica, bien interpretada por Margarita Breitkreiz, es muy lista y se sabe buscar la vida y recurre a todo lo que está en su mano, o en su boca, para recuperar el estatus perdido porque la dignidad ya hace mucho que se marchó al limbo de los desfavorecidos. Poco a poco, va subiendo en el escalafón y provocando envidias que desembocarán en sucesos no deseados. Aún así, su carácter y determinación prevalecerán. Interesante película acerca del comportamiento humano y las consecuencias derivadas de las decisiones que se toman, aunque eso suponga que en el bote salvavidas sólo pueda quedar uno.

Fin a la primera jornada. Caminata hasta nuestro vehículo oficial patrocinado por nosotros mismos y una horita de camino hasta nuestra sede sita en la provincia de Segovia a velar armas y coger fuerzas para escalar el siguiente ocho mil cinematográfico.

Por obra   y gracia de una esas decisiones que toman ciertos organismos según leyes que jamás he visto escritas y que determinan que deben de quedarse una serie de entradas libres para el mismo día de la proyección, no pudimos entrar en la sección matinal que deseábamos y no nos quedó más remedio que localizar otra entre los restos del incendio. cartel-alisa

A las 11.30 en punto, estábamos en la puerta de los cines Broadway para ver en su sala número 5, un film llamado “Alisa W kraine wojny” o “Alisa en el país de las guerras. No había aperitivo y directamente nos metieron entre pecho y espalda este documental que narra el origen y parte del desarrollo de esa guerra cruenta entre hermanos que protagonizaron los Ucranianos en el llamado Euromaidán en los años 2013 y 2014.

alisa-guerra-imagen-destAlisa Kovalenco no sólo es su directora, sino que también se erige en protagonista de su propia cinta. Comienza narrando los sucesos de la revolución de Kiev y los orígenes del conflicto entre los que estaban a favor de la independencia de Ucrania y los que querían seguir dependiendo de Rusia y acaba en mitad del fragor de la batalla, jugándose literalmente su vida y la de su equipo para mostrar al mundo su punto de vista en lo que al conflicto se refiere. Una canción popular de letra incisiva y guerrillera es el hilo conductor de las diferentes etapas que pasa la protagonista que aparca en ocasiones la cámara para empuñar un fusil como quién empuña una piruleta, para dejar claro que ella no es un espectador neutral sino que toma partido descaradamente por una facción y la defiende sin llegar a mostrar nunca lo que ocurre al otro lado y que incluso llega a confesarlo abiertamente admitiendo que si no se cuentan las dos versiones, el cuento queda incompleto. Y lleva razón. Es un documental sectario y partidista en el cual los sucesos íntimos acerca de los cuáles ella habla con un novio francés que no la entiende y se desahoga delante de la cámara, están falseados y manipulados y demuestra desde luego sus dotes de actriz no porque no sienta lo que dice sino porque lo dice de cierta manera para provocar una reacción de empatía con el espectador. En mi caso no lo logra, desde luego.

En cualquier caso, es un documental con bastantes momentos aprovechables, alternados con otros de relleno que  me dejan frío, aunque yo hubiera preferido un tono más neutral y un punto de vista menos partidista. Cuestión de gustos.

Una parada para repostar y ahora toca el teatro Carrión y otra peli francesa, esta vez de un tono diametralmente opuesto a la primera que vimos la jornada anterior.le-fils-de-jean_dcp_1998x1080

“Le fils de Jean” (“Los hijos de Jean”), dirigida por Philippe Lioret, es una producción franco canadiense que fue la elegida por la organización para la gala de clausura. El punto de partida es sencillo.Un hombre adulto con la vida resuelta en muchos aspectos y en cualquier caso con sus asuntos debidamente encauzados, recibe una notificación para que le entreguen un paquete procedente del otro lado del mundo. La noticia del paquete en cuestión nos la presentan en una escena inicial que no parece tener demasiado sentido o que por lo menos resulta extraña, hasta que poco después nos enteramos de la razón y todo acaba encajando.

Les yeux au ciel photos: Sébastien Raymond. seb©sebray.com

El caso es que el protagonista encarnado por Pierre Deladonchamps no se conforma con dar su dirección para recibir el paquete sino que se empeña en viajar hasta Canadá para recogerlo en persona y averiguar de primera mano algo acerca de una faceta de la vida de su difunta madre, acerca de la cual no tenía la más mínima idea. Resulta que su madre tuvo una aventura y que él es fruto de ella y ahora, tras la muerte del amante, hay una herencia física que le corresponde y le está esperando y otra familiar en forma de dos inesperados hermanos que comparten la mitad de la sangre con él. Una vez allí, su anfitrión no está dispuesto a que levante la liebre y es partidario de dejar las cosas como están. Sin embargo, la cabezonería del francesito, deviene en que el contacto canadiense finalmente acepta presentarle a sus hermanos sin que ellos sepan realmente quién es. Eso da lugar a una serie de situaciones incómodas en las que unos saben cosas y otros las intuyen, hasta llegar a un giro de guión que vuelve a colocar la película en su punto de partida. Buen uso de los recursos narrativos para una película amable que se ve con agrado, pero que adolece de cierta falta de potencia en las escenas finales, aunque realmente la intención del director parece ser que es contarnos una historia acerca de esa gente que oculta algo pero de manera mucho menos efectiva de lo que ellos se creen. A veces no es que las personas no deseemos contar algo, es que la mayoría de los seres humanos prefieren mantenerse en un plano de aparente ignorancia que es mucho menos doloroso.

Apenas media horita para embucharse y después camino del Teatro Zorrilla para otra sesión doble (la última de nuestro periplo). Los dos trabajos estaban englobados en la sección de Punto de Encuentro.

medio-hombreEl primero era un cortometraje co producido entre Croacia y Francia, llamado “Po covika” (“Medio hombre”)  y que está dirigido por Kristina Kumric.  Narra, desde el punto de vista de dos hermanas de poca edad, la espera a que el padre de ambas regrese a casa después de un tiempo como prisionero de guerra. Lo que ocurre es que, lo que les llega de regreso al hogar no es precisamente lo que esperaban ni ellas ni la madre de las criaturas. Ambientada en plena guerra de los Balcanes en el interior de Dalmacia en 1991, este trabajo se llevó el premio al Mejor Cortometraje Extranjero y muestra el abismo generacional y de comprensión que hay entre los adultos abocados a un presente incierto  y los niños que se agarran a los restos de su infancia conocedores de un futuro que probablemente acabe consumiéndoles.

Y después, la única película de todas las que vimos con un ligero toque de comedia  entre surrealista y esperpéntico, sin pasar por alto el drama que todo este tipo de festivales acarrea en la totalidad de sus programaciones, pero desde un tratamiento tal vez menos asequible para todos los gustos, pero sí más reconfortante para los que nos divertimos con el cine fuera de horma. Se llama “Inshallah estafadit” (“Bienes benditos”) y es una co producción entre Alemania, Jordania, Países Bajos y Catar, dirigida por Mahmoud al Massad. La película trata sobre un albañil de tres al cuarto, calzonazos y vividor que malvive haciendo chanchullos y sacando cuartos de dónde puede, comprando barato y revendiendo a todo el que se deja.inshallah_estafadit_blessed_benefit-236459363-large

Recibe un dinero de adelanto por un trabajo, pero ese dinero lo invierte en comprar un material que se queda retenido en aduanas y no cumple con su parte, lo que da con sus huesos en la cárcel, por un breve tiempo. Allí se ve mezclado con delincuentes de diferentes calañas en una celda compartida en la cual él es un bicho raro que no encaja. Mientras, trata de solucionar sus problemas, contactando con su primo que debe de conseguir dinero para sacarle de allí y relacionándose como puede con los diferentes niveles jerárquicos del lugar de confinamiento, hasta que se da cuenta de que se encuentra mejor encerrado entre esa panda de rufianes que no son tan fieros como los pintan, que en la calle rodeado de gente que ni le quiere ni le respeta. Película de escenas pintorescas y descacharrantes, de situaciones hilarantes sin olvidar el drama de esas vidas echadas a perder. Tratada con sentido del ritmo y con gran ternura, este es un trabajo muy recomendable para aquellos aficionados al cine que huyan de las películas y las tramas convencionales. Final apoteósico.

Acabamos nuestra segunda jornada acudiendo de nuevo al mismo recinto para ver una película también de la Sección Punto de Encuentro en la que se dio la curiosa circunstancia de que, dadas las horas de la proyección y ante la dificultad de realizar un coloquio posterior a la misma, se improvisó una ronda de preguntas y explicaciones para que el director Nepalí Deepack Rauniyar hablara sobre las vicisitudes para rodar esa película que durante años se tuvo que posponer hasta que se dieron las circunstancias adecuadas para retomarla. poster1_en-sol-blanco-cartelTambién nos contó de las dificultades para llevarla a cabo, después de ese terremoto que devastó esa zona del mundo hace no demasiado tiempo y que supuso un drama humano para tanta gente. Está ambientada en los años inmediatamente posteriores a la guerra civil que sufrió Nepal y cuenta la historia de un hombre que regresa a su aldea diez años después de haberse ido y que combatió en el bando de los contrarios al régimen y que a su vuelta, para enterrar al padre, debe enfrentarse con su hermano que luchó en la facción opuesta.

“Seto surya” (“Sol blanco”), realizada con capital procedente de Nepal, EE.UU, Catar y Países Bajos, es una película rara y bella, ambientada en los parajes naturales de esa gente que, en palabras de ellos mismos, no se consideran seres humanos, sino porteadores.

whitesun_imagen-destEsa sentencia es suficiente para explicar sin más detalles el tipo de vida que llevan encorsetados como están entre sus tradiciones y sus costumbres irrenunciables. El asunto es llevar el cadáver del padre entre los dos hermanos que no pueden ni verse, desde la casa dónde falleció a orillas del río dónde debe de ser incinerado según los ritos religiosos de la aldea, pero  no habrá posibilidad de acercamiento de posturas y cada cual deberá de buscarse la vida para cumplir con su parte. Como tramas secundarias, están esa madre soltera que necesita que alguien firme un papel en el cuál se reconozca la paternidad de su hija para poder optar a ciertos privilegios y esos dos niños que buscan desesperadamente una figura paterna que les sirva de referente en un lugar en que la cercanía de las montañas impiden cualquier atisbo de perspectiva. Queda claro que los adultos no saben resolver sus problemas ni sus diferencias y que son los niños, poseedores de una mente menos contaminada, los que deberán tomar cartas en el asunto.

Con esto deberíamos haber puesto punto y final a nuestra breve Seminci, pero aún nos quedaba una bala en la recámara. Conseguimos entradas para el día siguiente a la conclusión del festival, cuya organización, desde hace ya por lo menos tres años,  ha decidido con buen criterio, proyectar en el Teatro Carrión, las cuatro películas con galardones principales en el palmarés para deleite de aquellos afortunados que puedan tener ocasión de visionarlas. Nosotros pudimos regresar a Valladolid desde nuestra sede sólo para ver una de ellas. Se trataba de “Eshtebak” (“Clash”) del director egipcio Mohamed Diab, que se llevó el premio “Pilar Miró” al Mejor Nuevo Director y el de mejor fotografía otorgado a Ahmed Gabr.

Y es un plato de gran nivel  para el paladar de cualquier cinéfilo que se precie. Co producida entre Egipto, Francia y Emiratos Árabes Unidos, está ambientada en El Cairo en 2013, dos años después de la revolución egipcia, durante las revueltas de La Primavera Árabe.estebak-cartel Toda la acción se desarrolla en el interior de un furgón policial en el cual los responsables de la ley van introduciendo de manera indiscriminada, caótica y aleatoria, a una serie de personas entre periodistas y pertenecientes a ambos bandos irreconciliables, creando un microcosmos confuso y terrible del que resulta imposible escapar. Todo ello contando con el calor insoportable de esa ciudad durante el estío, sobre todo en el interior de una caja de metal sin apenas ventilación. La cámara se mueve frenética entre todo ese mare magnum humano sin llegar a posarse en ningún sitio durante más de diez segundos, como una mosca que revoloteara a instancias de las manos que tratan de espantarla.esteback-imagen-dest Película impresionante en su concepción y en su desarrollo, con una fotografía fabulosa y  resolutiva que nos muestra sin ambages la miseria del ser humano sometido a presión. Ejercicio extremo de claustrofobia cinematográfica que se ve con angustia y permanente sorpresa, observando como vuelan las pelotas de goma, las piedras, la lluvia inmisericorde de los camiones de bomberos y las cuchillas, metafóricas y reales y que pone de manifiesto que son las mujeres, esos seres sistemáticamente maltratados y humillados por el género opuesto, las únicas que son capaces de poner algo de cordura entre tanto disparate. Fabuloso guión y tratamiento de personajes para un film mayúsculo en el cual la risa va por barrios y se queda congelada en una mueca antes siquiera de que llegue a esbozarse.

Como curiosidad, mencionar que también se llevó el Premio Sociograph que reconoce a la cinta que más emociones provoca en los espectadores, cuyas sensaciones son registradas por unos sensores diseñados para ello. Ignoro en qué lugares pondrán esos chismes, pero el caso es que la película mantiene la tensión del espectador desde el minuto uno hasta la abrupta irrupción de los títulos de crédito, sin dar un respiro ni a nosotros ni a los habitantes de ese furgón reducidos a meros números escritos en bolas que dan vueltas en un bombo gigante sin salida y sin posibilidad de que se detenga.

Gran final para nuestro periplo vallisoletano.

Respecto al resto del palmarés, sólo citar las otras dos películas que se han llevado premios gordos y que a buen seguro  llegarán a no tardar mucho al resto de salas comerciales fuera del ámbito festivalero, como ya ocurrió con las vencedoras de la edición anterior. No tuvimos la suerte de poder ver  “La pazza gioia” (“Locas de Alegría”) de Paolo Virzi, que se llevó la Espiga de Oro y el premio Ex aequo a mejor actriz para Valeria Bruni-Tedeschi y Micaela Ramazzotti, ni “El ciudadano ilustre” de Gastón Duprat y Mariano Cohn que aparte de la Espiga de Plata también fue galardonada con el premio al Mejor Guión.

Esperamos ponerle solución pronto y rendir cuentas acerca de ello.

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