Especial Festival de San Sebastián 2016

Con casi tres semanas de retraso encuentro por fin un hueco para comentar la experiencia de haber vuelto a San Sebastián diez ediciones después de mi primera experiencia y acumular ya una decena de festivales en la capital donostiarra durante los cuales he visto un número muy cercano a las trescientas películas.cartel-64

Donosti se convierte cada año  en la capital mundial del cine  entre la segunda y la tercera semana de septiembre y allí se dan cita lo más granado del cine español, la multitud de trabajos que vienen del sur de América, películas galardonadas durante el año en curso en los mejores festivales de cine del mundo y una serie de directores nuevos que aspiran a hacerse un hueco o a alcanzar un mínimo de reconocimiento en esto tan complejo, tan extraño y tan alucinante que es el cine.

Tampoco hay que olvidar la retrospectiva que cada año dedica el festival a una figura imprescindible del séptimo arte.

Todo ello, en confabulación con la presencia física de grandes estrellas y de otras que no lo son tanto de momento, pero que aspiran a serlo, configuran un acontecimiento de primerísimo orden que ningún cinéfilo se debería  perder y que hay que vivir en persona por lo menos una vez antes de que nos lo recuerden en nuestro epitafio._sigourney_d56700c0

Este año, el periplo hacia la capital vasca desde Madrid ha sido menos gratificante que en otras ocasiones, entre otras cosas porque cuando me alcanzó el tiempo y el dinero para salir disparado hacia allí como un cohete, ya estaba el festival en su sexto día y la sensación de pérdida ya era insoportable. Después de haber estado en la edición anterior desde el pistoletazo de salida hasta sus últimos estertores y visionar un total de 50 películas (mi récord absoluto) , acudir los tres días postreros de la número 64 y tener sólo ocasión de asistir a 17 proyecciones, sabe a muy poco.

Desde luego, menos es nada.

Tenía la sensación según avanzaba hacia el norte, que estaba dirigiéndome al sur. El paisaje, generalmente verde rabioso una vez que se pasa Burgos, era ralo e inusualmente seco. Sólo cuando estábamos a menos de cien kilómetros de Donostia, el paisaje empezó a colorearse hasta asemejarse al que yo recuerdo cada año cuando subo y, se va sintiendo el olor a mar y a cine cada vez más hasta que pasado Mondragón, mi mente no puede pensar en otra cosa.

Siento cada vez que llego como si no me hubiera llegado a ir, como si la ciudad se detuviera cuando le doy la espalda y se volviera a activar cuando la vuelvo a mirar de frente y todo vuelve a estar allí para mí. Los carteles con las películas a proyectar, los bares con las barras repletas de pintxos, la gente arremolinándose en torno a la entrada del hotel María Cristina y ese ambiente de expectación inminente que se mezcla con la brisa marina.fachada-kuersall

Empecé con mi maratón particular en el Kursaal, viendo “Jesús” de Fernando Guzzoni, ese chileno que se llevó el galardón en la sección de Nuevos Directores por “Carne de perro” en el 2012 y cuyo actor fetiche, Alejandro Goïc, protagonizó durante esa edición uno de los coloquios más impactantes que recuerdo, cuando se vino abajo públicamente al recordar durante una de las preguntas del respetable, lo mucho que le había costado encarnar a un torturador que era realmente el mismo hijo de puta que le torturara a él durante uno de esos episodios, numerosos y deleznables que muchos chilenos experimentaron durante la dictadura. Por lo menos él, vivió para contarlo.jesus

Guzzoni ha vuelto a San Sebastián y lo ha hecho metiéndose en la Sección oficial para competir por los premios gordos. No es una película al uso, como no lo es ninguna de las que hace. Vuelve a utilizar los mismos recursos, planos cerrados para crear una atmósfera agobiante que sólo los abre para reflejar la misma sociedad y el mismo tipo de personajes, pero para mostrar cosas que incomodan sobre todo al espectador poco habituado a este tipo de cine que salpica las diferentes secciones de todo festival. Basta decir que el cine del sur de américa encuentra su puerta de acceso a Europa a través de este evento  y nos muestran con todo lujo de detalles y sin filtro,  la potencia y la idiosincrasia de esas sociedades generalmente devastadas por tsunamis geopolíticos e injusticias terribles  y cuyos proyectos suelen levantarse en parte gracias a co produciones (en este caso, Chile, Francia, Alemania y Grecia). Utilizan una serie de recursos cinematográficos muy indentificativos. El sexo explícito en cualquier momento y lugar, la violencia gratuita e injustificada contra todo aquello que no se mueve a la vez que los demás, una forma de comunicarse entre los personajes que requiere de una gran atención, un buen oído y una familiaridad con un tipo de acentos que la mayor parte de las veces son incomprensibles para los espectadores que no pertenezcan al país del origen de la cinta. En esta ocasión, el festival recurrió con buen criterio a los subtítulos en español, aunque no es importante lo que se dice. La fuerza está en las imágenes. Pero aquí Guzzoni gasta demasiada energía y metraje en mostrar algo que ya queda patente a las primeras de cambio y que no necesita de reiteración.

Para ello, hace lo que hacen la mayoría de cineastas desde México hacia abajo, que es contar su realidad a través de interminables planos secuencia que a veces acaban con la paciencia de aquellos que esperan del cine algo más dinámico. La película está contada desde el punto de vista de un adolescente que apenas tiene referencias familiares y que pertenece a una sociedad que ni les quiere ni les espera. Se saben una generación perdida, como la de otros muchos lugares y nada les importa ni les afecta, como si vivieran en el interior de un  videojuego extremadamente rejesus-2alista en el cual cuando se te acaba el crédito, se inicia una partida nueva.

Es una historia de amistades obligadas y poco recomendables, de progenitores que buscan fuego para su cigarro sin darse cuenta de que están en medio de un incendio. El sexo es un desahogo, la violencia un recurso y la traición y la muerte están a la vuelta de la esquina. La película avanza a trompicones sin querer buscar asideros y se encamina hacia una última media hora que la hace crecer muy por encima de lo que se consigue en los largos minutos anteriores para configurar un final inesperado y brutal, como el cine que cada año estos cineastas presentan en Donosti con el noble fin de despertar conciencias, abrir ojos  y revolver estómagos.

Poco después entrábamos a la entrega del premio Donostia  a Sigourney Weaver, sin tiempo siquiera para pasar por la alfombra roja, a pesar de que nos habíamos ganado el pleno derecho a ello tras desembolsar una cantidad muy superior a lo que cuesta el precio de una entrada. J.A Bayona no traía un monstruo, traía tres. El primero era el de la portada de su película “Un monstruo viene a verme” encarnado por obra y gracia de los ordenadores y con la voz mastodóntica de Liam Nesson. Pero había dos monstruos más. Uno de ellos de 180 cm de altura y que pusiera en el mapa Ridley Scott con su primer Alien, mucho antes de que supiera el mítico director que esta mujer superaría con creces a la criatura con la que le tocó lidiar en ese espacio exterior en el cual por mucho que gritaras nadie podría oírte. Nos regaló su presencia hipnótica, su elegancia y, por qué no decirlo, su frialdad glaciar por mucho que nos mostrara su sonrisa en muecas que decían, sí, esto está muy bien, pero darme el premio que me voy a la suite  un ratito que tanto pintxo, tanto agasajo y tanto flash inmisericorde  me han dejado muerta. Era más fácil pelear contra ese bicho que yo podría tener de mascota sin inmutarme.un_monstruo_viene_a_verme_a_monster_calls-cartel

El tercer monstruo en cuestión, es el más grande e impactante de todos y se llama Lewis McDougal, un niño escocés de 14 años que nuestro director eligió de entre mil candidatos y que rivalizaría en tamaño con su homónimo que vive en un lago al norte de su ciudad natal. Curiosamente, el creador literario de la obra y también guionista en este caso, comparte apellido con el nombre de dicha superficie de agua. ¿Casualidad? Vaya usted a saber!

Y es una película muy normalita que juega con los sentimientos del espectador y con una música que nos dice cuando moquear y cuando desechar el pañuelo porque ya no da más de sí tanta celulosa llevada al límite. Muy al estilo de la segunda parte de “Lo imposible”. Pero es buen cine en cuanto a que está hecho con corazón, entusiasmo y grandes medios magníficamente bien utilizados porque Bayona es un cineasta competente que se atreve con todo y lo hace bien, máxime cuando puede contarse también con un elenco que secunda a ese niño que nos atrapa con su angustia y su sufrimiento.

lewis-macLo que ocurre es que esto es cine comercial, muy alejado de los parámetros y criterios que suelen manejar los festivales para elegir su programación, porque saben que es un mal necesario para atraer a un tipo de público que no suele abarrotar las salas pero que sí hace cola durante horas en los puntos neurálgicos dónde saben que las estrellas tarde o temprano aparecerán luciendo sus llamativas galas y sus mejores sonrisas aunque sean impostadas con tal de llevarse un garabato, un selfie o lo que sea para poder presumir después de algo que a mí se me escapa, pero que debe ser importante para aquellos que con tanto ahínco y paciencia lo buscan.

Después de una primera media jornada llena de emociones, sobre todo por no saber hasta dos minutos antes si llegábamos a tiempo a las proyecciones (en Donosti empiezan con puntualidad donostiarra y, una vez empezada la película, no te dejan entrar salvo por puntos estratégicos por dónde se molesta menos a esa horda de pacientes cinéfilos que gastan varias horas al día en guardar cola para acceder a los mejores sitios), nos fuimos a dormir para afrontar al día siguiente una jornada más larga con cinco trabajos en el horizonte

El jueves 22 de Septiembre empezamos en el cubo pequeño para asistir a la proyección de “El amparo”, una película producida al alimón por Venezuela y Colombia y dirigida por Rober Calzadilla. Esta es desde mi punto de vista una de las secciones más potentes de este festival desde hace ya unos años, concretamente desde que Rebordinos se puso a los mandos de este trasatlántico. Es cine visceral e incómodo, cine descarnado que no tiene dobleces. Lo que ves es lo que hay y sino te gusta te jodes. Hay que recurrir a los subtítulos en inglés para poder descifrar lo que dicen en pantalla la mayoría de las veces, pero es cine que no te va a dejar indiferente, que te va a agobiar y a hacer sentir mal, que te convierte en testigo voluntario de sucesos que han ensuciado este mundo y que la mayoría de las veces no llega a los telediarios ni a los periódicos occidentales. Cine de verdad, por el cual muchos locos del cine como yo se dejan lo que ganan y recorren geografías para recibir patadas en los huevos porque sabemos que detrás de nuestras vidas más o menos cómodas en las cuáles sabemos dónde dormiremos y si podremos comer ese día, hay millones de personas que no gozan de ese privilegio y que viven con coraje, determinación y una dignidad a prueba de bombas ese remedo de vida que puede acabarse en cualquier momento de la peor manera posible sólo porque el azar les ha depositado en otros lugares del mundo mucho menos favorecidos dónde la vida no vale una mierda y dónde cualquier rayo de sol es bienvenido porque tal vez sea el último.el-amparo-cartel

“El amparo” cuenta la historia verídica de un grupo de supuestos pescadores que cogen una barca y se van a un lugar a hacer lo que se supone que hacen los pescadores, pero son abatidos la mayoría de ellos a balazos por las fuerzas del estado porque supuestamente les confunden con guerrilleros o porque lo son. No se trata de que sean guerrilleros o pescadores, ni siquiera queda claro, merced a una serie de escenas que no arrojan nada de luz y que siembran la duda entre los que estamos viendo la película. No creo que sea un recurso narrativo. Simplemente, en esas latitudes habrá quién juegue a un doble juego porque necesite obtener beneficios de ambos bandos, pero la mayoría de ellos no sabían dónde se metían ni mucho menos lo que les deparaba el destino. El caso es que se los cepillan y el gobierno tiene que justificar que lo ha hecho por defender los intereses patrios y los que quedan, encarcelados hasta que se aclare el embrollo, deben de justificar y demostrar que no son enemigos del estado. El gobierno manda sus esbirros a rematar la faena, pero se encuentran con un responsable de la ley que no sabe a quién creer, que tiene dudas genuinas y que planta su par de huevos como melones delante del poder establecido como hiciera ese Marlon Brando en la inolvidable “La jauría humana” de Arthur Penn en 1966. Las viudas, hermanas y familiares de los supuestos pescadores necesitan más que nadie saber la verdad y los sobrevivientes llegan a desear haber palmado para no verse expuestos a ese juicio sumarísimo del cual tienen muchas posibilidades de salir con los pies por  delante. Película intensa y dura que mantiene la tensión desde el primer minuto, que no se decanta ni se posiciona y que se limita a mostrar unos hechos y una serie de datos para que nosotros juguemos al cluedo y tratemos de desentrañar lo que está ocurriendo o realmente lo que ocurrió.pelicula-el-amparo-imagen-dest

El fiscal general del estado les ofrece penas mínimas para que testifiquen declarándose culpables y un hombre que parece el mecenas del pueblo, va repartiendo sobornos para callar bocas y hacer que otras mientan en un juego sucio universal que lleva dándose desde que el mundo es mundo y que seguirá aunque el hombre haya sido capaz de trasladar su inmundicia a otros planetas. Buenas interpretaciones, por lo menos auténticas, para encarnar a unos  hombres que tienen sobre sus espaldas la responsabilidad de salvaguardar su buen nombre y el de una población, cuyos habitantes bastante tienen con sobrevivir a su día a día sin necesidad de que los masacren en emboscadas. La duda, la resignación, la certeza de un final injusto e inminente, sobrevuelan durante los casi 100 minutos de duración de la película.

Que cada cual saque sus propias conclusiones. Yo ya lo hice.

Apenas cuarenta minutos y de nuevo al auditorio para ver la nueva película de Jonás Trueba, incluida en la Sección Oficial. Este cineasta insultantemente joven, por lo menos en apariencia y que lo ha tenido mucho más fácil que otros por aquello de tener un apellido ilustre, ha elegido el camino más complejo y más largo para tratar de llegar a los sitios que pretende. Y no lo hace nada mal, de hecho ya puede presumir de haber competido en la categoría máxima de un festival que puede vanagloriarse de estar entre los cinco mejores del mundo.

A Jonás Trueba no le importa que sus películas no tengan buenas críticas, que sus detractores le acusen de falta de punch. El es un corredor de fondo que quiere mostrar la vida tal y como la ve él. No es un cineasta de planos arriesgados, no busca asombrar al espectador y la mayor parte de las veces le importa un carajo si la gente puede llegar a aburrirse o a cerrar los ojos más allá de un parpadeo cuando visiona sus trabajos. El te cuenta su rollo y tú lo ves. Si te gusta lo recomiendas y sino, es mejor callarse. El cine es subjetivo y las opiniones son sólo eso.la-reconquista-cartel

Aquí Trueba nos cuenta una historia de amor adolescente que se traslada a la actualidad y nos la cuenta de adelante hacia atrás porque le apetece y se embrolla en planos secuencia larguísimos salteados con planos y contra planos de una pareja ya madura pero joven aún que rememora aquellos primeros días de mariposas en el estómago. Ella habla por los codos porque le aterra el silencio y él la mira y calla porque el silencio siempre le ha parecido bello, pero no le importa cuando ella lo rompe. Y la charla les lleva a diferentes sitios de la ciudad hasta que ya de amanecida, cada uno vuelve a su casa. Ella confiesa que vive un frenesí sexual y él que tiene pareja estable y el flirteo mutuo, sobre todo el de ella, amenaza con pasar en todo momento a algo más.

Ahí se queda la cosa.

La segunda parte es la del chico llegando a la casa que comparte con su actual pareja que sabe con quién ha estado, pero que no trata de indagar en lo que ha ocurrido y que aguarda con paciencia y amor a que su chico le cuente lo que ha pasado y lo hace a ratos sueltos, con frases a medias, pero sin mentiras en los ojos ni el corazón. Y es bonito ver cómo dos personas adultas que se quieren pueden hablar sin tapujos de lo que sienten. Y también era bonito ver como dos adultos a los que la vida ha separado se reencuentran y hablan de sus cosas sin decir nada en realidad, pero diciéndoselo con los ojos. la-recon-quista-imagen-dest

La película finaliza con un tercer segmento de la historia de amor de los dos adolescentes a través de un larguísimo travelling de ellos dos andando con el resto de chicos y chicas de su clase por una reconocible casa de campo madrileña hasta que se dan su primer beso y hacen todas esas cosas que luego uno recuerda con cariño borroso como si les hubiera ocurrido a otros protagonistas. La historia puede ser bonita y está contada de una manera que los cineastas no suelen utilizar y es genial que haya gente con personalidad que haga las cosas sin importarles a qué público llegan y de qué manera, pero abusa de situaciones que se prolongan durante mucho más tiempo del recomendable sobre todo para aquellos espectadores que gustan de que de vez en cuando ocurran cosas con más chicha.

Es como cualquier historia de amor. Realmente sólo les interesa a los protagonistas.

Parada breve para comer y vuelta al Kursaal a ver “El invierno” de Emiliano Torres. Cineasta que con su ópera prima obtuvo el privilegio de meterse en la pelea contra los pesos pesados del cine festivalero. Y con nota. Su película se llevó el premio especial del jurado y el premio a la mejor fotografía. No es cosa baladí ni inmerecida a juzgar por un trabajo tan frío e inhóspito como meritorio y potente.Print

Es cine argentino en estado puro. Cine patagónico y primigenio. Cine rudo en el cual el paisaje es el principal protagonista y los que pululan por él lo hacen arrastrando el esqueleto y las conciencias como quién arrastra una condena. La condena de haber nacido allí y tener que abrirse camino a través de un paraje desangelado que paraliza las acciones y las ralentiza. Gente que se agarra a un clavo ardiendo, que puede matar por un trago, que mira sin ver de tanto no mirar nada.

Los protagonistas son dos hombres. El capataz viejo con mucha mierda y vida a sus espaldas y uno de los jóvenes que aspira a serlo, que también arrastra su historia. El viejo sabe quién le sustituirá porque reconoce en ese tipo taciturno al que habitara en su mismo cuerpo unas décadas antes. Pero aquí nada es fácil. El invierno ronda y también la amenaza de que unos gringos compren el rancho y toda una vida de costumbres ancestrales se vaya por el fregadero.

Hay más gente alrededor y momentos en los cuáles parece que el calor va a apartar las sombras y el frío, pero no es más que una ilusión que apenas alcanza para que nos hormigueen brevemente las puntas de los dedos.

Y el viejo debe ser sustituido y ¿qué va a hacer un hombre que ha dedicado toda su vida a sacar adelante las tierras y los negocios de otros, descuidando las suyas propias? Se da cuenta de que es un paria desnortado que ha dilapidado el amor al que una vez pudo hacerse acreedor y la lástima y la bebida no le van a servir para recuperar el tiempo perdido porque en esos lugares esa palabra no existe y la priva sólo es un recurso más que siempre acaba en resaca.  Lo muerto, muerto está y no hay manera de hacerlo revivir.el-invierno-imagen-dest

El joven ocupa su lugar y lo que ocurra a partir de ese momento obedece a las leyes de los western americanos en los que los duelos están servidos. Mal rollo en cantidades industriales, pero justificado en torno a una trama bien articulada que transcurre al ritmo de los pies tratando de avanzar con un metro de nieve. Fotografía que quita el hipo e interpretaciones potentes e hieráticas de dos hombres que llevan el invierno en los ojos y en los corazones. Da igual lo que pierdas porque tal vez nunca lo mereciste y probablemente tenerlo fue sólo una ilusión que se marchó con la llegada de la noche.

Pero western  al estilo argentino para demostrar que todo vuelve a su lugar de origen y que tal vez no merezca la pena luchar tanto si vas a perder de igual manera.

Gran debut para un cineasta que puede llegar lejos.

Nueva parada para embucharnos y a por la cuarta del día. Esta vez en el Victoria Eugenia, un teatro reconvertido en sala de cine para el festival y que es uno de los lugares mejores del mundo para sentarse a disfrutar de la experiencia única de ver una buena película en el mejor de los escenarios posibles.

“Umi yorimo mada fukaku” (After the storm o después de la tormenta), es el último gran trabajo de un cineasta japonés que es invitado una y otra vez a este festival y que ya forma parte indivisible de su historia. Hirokazu Koreeda está acostumbrado a llevarse premios y en Donostia ya se ha llevado dos de los últimos premios del público con “De tal padre tal hijo” (2013) y “Nuestra hermana pequeña” (2015). Su último trabajo también competía por este premio y estaba incluido dentro de la sección Perlas que la forman películas premiadas durante el año en curso. Esta fue  galardonada en la última edición de Cannes.after-the-storm-cartel

Se trata de una película elegante y perfecta en cuanto a su puesta en escena, interpretación e intenciones en torno a una familia dividida por un progenitor ludópata y fantasioso que arrastra su pasado de escritor prometedor que se quedó en eso y que malvive haciendo trabajos cutres como detective de tres al cuarto y de su madre que lidera con mano izquierda una familia rota tratando con toda su sabiduría de mantener cerca a su nuera y a su nieto. Están presentes todas las obsesiones del director, la familia, la muerte, la pérdida de la memoria y todo gira en torno a uno de los muchos huracanes que los japoneses afrontan con resignación nipona y a las precauciones que deberán de tomar los habitantes de aquellas poblaciones que se verán afectadas por el fenómeno meteorológico.

La pareja rota lucha por el hijo dividido, la madre lucha por su hijo y por retener  a una mujer cansada de los desvaríos y la inmadurez de la que hace gala su progenitor, el niño trata de crecer lo mejor que puede en un ambiente de trifulca permanente y todos se reúnen en torno al remanso de paz que es ese terreno neutral que gobierna con destreza y diplomacia una mujer imprescindible machacada por sus vivencias pero que aún tiene arrestos para dar y tomar aderezados por un sentido del humor y de un  saber estar incombustibles y geniales.after_storm-imagen-dest

La película es de una belleza y sutileza conmovedoras y crece en torno a unas interpretaciones maravillosas, sobre todo la de Kirin Kiki, icono japonés del cine contemporáneo que nos regala una actuación memorable bien secundada por el resto del elenco. También nos regaló su presencia y unas palabras vestida con una traje tradicional japonés, momentos antes de la proyección en compañía del director de la cinta.

En definitiva, cine precioso y preciosista. Toda una lección de arte y de vida que cualquier aficionado debería ver. Una historia universal que no se circunscribe al ámbito oriental. Todos deberíamos alguna vez en nuestra vida estar en el ojo del huracán con todos aquellos a los que hemos querido a ver si la fuerza de la tormenta vuelve a unir esos pedazos de un jarrón que hemos roto sin plantearnos siquiera su valor.

Y para terminar el día regreso al auditorio para asistir en velada especial con su director y actor protagonistas a la nueva película del controvertido Oliver Stone, acompañado de dos de sus actores, el pequeño, sólo de tamaño, Joseph Gordon- Levitt y la mucho más aparatosa pero bella Shailene Woodley.snowden-pelicula

“Citizenfour” el documental de 2014 de Laura Poitras con el mismo Snowden de protagonista ya abrió los ojos del mundo para que alucináramos con ese Gran Hermano de proporciones ciclópeas que pusiera en marcha ese supuesto adalid de las buenas intenciones llamado Barak Obama. Si este demócrata de pro montó semejante tinglado, qué hubiera podido hacer con las mismas armas ese paleto con ínfulas, me da igual la versión padre que hijo, que responde a un apellido de cuatro letras y qué podría hacer ese macarra pendenciero que puede erigirse con el poder mundial en fechas próximas?. No sé si quiero estar aquí para verlo.

Oliver Stone, como suele ser su costumbre, no se corta y con sus maneras peculiares, directas y, por qué no decirlo, maniqueas, monta una película a su más puro estilo para cargar las tintas contra su propio gobierno no por anti patriota sino por ser justamente lo contrario. La película tiene ritmo y tensión a pesar de que ya nos sabemos el final y gran parte de su curso medio y  arroja luz sobre los inicios que es de lo que adolecía el experimento cinéfilo de la periodista que Snowden eligió para que sacara su odisea a la luz.snowden-imagen-dest

Buenas interpretaciones y licencias dramáticas para que la comida no se le indigeste a aquellos que sienten alergia por el cine en formato documental.

El hecho de que nos sepamos de qué va la historia no le resta un ápice de interés ni de credibilidad, pero una vez más, se trata de cine comercial para poblar de moradores la alfombra roja y dotar al festival de un glamour que los que son como yo se pasan por el forro. Tiene que haber de todo y que cada cual se sienta orgulloso de pertenecer a uno u otro bando. No somos irreconciliables, únicamente incompatibles.

Y si de ello depende que el festival mantenga su nivel, sus patrocinadores y el público que llena las calles en vez de abarrotar las salas, pues bienvenido sea.

Se llenan los dos ámbitos, luego somos suficientes  para que todo funcione.

La mañana del día 23 empezó en el mismo sitio dónde acabó la jornada anterior con la primera película como director de Ewan McGregor, “American pastoral”. Hay que tener valor para estrenar tu ópera prima sometiéndote al escrutinio de los espectadores de este festival y además adaptando una novela homónima del genial e inclasificable Philip Roth. No pude sacar para la sesión de la noche y me perdí, tal vez para siempre, la oportunidad de ver en persona, aunque fuera a vista de pájaro, a esa actriz magnífica, inquietante y bella que es Jennifer Connelly, la actriz con diferencia que mejor llora en escena (con el permiso de Rachel Weisz) y que es un valor seguro haga lo que haga.american_pastoral-cartel

El actor escocés, galardonado también con el premio Donostia con el anterior trabajo de Bayona, se mete en los entresijos de una familia modelo americana con belleza, éxito, amor y dinero, para demostrarnos que no es oro todo lo que reluce. Y la película funciona y lo hace bien. La historia está bien contada, la ambientación es potente y creíble y el cuadro costumbrista que relata Roth en sus páginas, está bien trasladado a la pantalla. La banda sonora acompaña con creces y asistimos a una película que nos cuenta con grandes aciertos y errores menores la hipocresía y la idiosincrasia de la América profunda, no tan diferente de otros muchos lugares de otras partes del mundo, poblados por gente cuya única o por lo menos principal misión en la vida es cotillear la vida de los demás, juzgarla o sencillamente, desearla para sí. Todo comienza con una escena de esas tan americana y, por qué no decirlo tan europea ya, en la cual se vuelven a encontrar un montón de amigos de la universidad, viejos, gordos, divorciados, calvos y acabados, mucho antes de la existencia de ese invento infernal llamado Facebook. En ese marco de culto a un pasado definitivamente mejor, alguien se entera de la muerte de un amigo y a partir de ahí, todo se convierte en un gigantesco flashback para que nos enteremos de todo. Vemos como las cosas no son tan bonitas ni tan deseables y como la única hija de la pareja protagonista, inteligente, excesivamente protegida y mimada hasta decir basta, elige el camino de la rebeldía complicando y destruyendo la vida de sus padres.american-pastoral-imagen-dest

Enmarcada en los sucesos raciales de mitad del siglo XX. La cosa pierde fuelle cuando llegado al clímax, la hija desaparece y el padre dedica el resto de su vida a tratar de recuperarla. Dakota Fanning, la nueva niña de américa desde hace ya muchos años, la que cogiera el relevo de Drew Barrymore, se ha hecho mayor, pero sigue teniendo esa mirada intensa y perdida que la convierte en una candidata ideal para encarnar un tipo de personajes que siempre están en permanente lucha interna y con los que la rodean. Buen debut de un actor que, a poco que haga, conseguirá más logros detrás de la cámara que al otro lado del objetivo.

Nuevo descanso y vuelta al Kursaal a por una dosis de cine japonés. Dos horas y media de cine intenso, complejo, extraño. “Ikari” (Rage o Rabia en idioma castellano) de Lee sang-il, también en la Sección Oficial con el Gran Ken Watanabe en uno de los papeles principales. La película empieza a lo bestia, con el escenario de una casa en la que se han cometido unos crímenes y con sangre y cuerpos desperdigados por todas partes y la palabra Ira escrita con sangre en la pared.rage-cartel

Parece que nos hemos metido a ver un episodio oriental pasado de vueltas de CSI, pero muy pronto nos damos cuenta de que es sólo un punto de partida. En torno a ese suceso, unos detectives tratarán de resolver los asesinatos y mientras tanto, el director se dedica a jugar con nosotros, presentándonos tres historias que convergen en escenarios  relativamente cercanos en los cuáles  aparecen tres hombres jóvenes que podrían responder en un momento dado a las descripciones que encajarían con los sospechosos de asesinato. No se trata de que duden los policías o la gente que habita esas poblaciones, no es cuestión de que duden aquellos que establecen relaciones de diversa índole con ellos, tampoco que los espectadores juguemos al pito pito colorito a ver quién es el malo. Es que no lo sabe ni el director, ni el guionista ni el que pone la pasta.rage-imagen-dest

Hay una serie de elementos narrativos como unos lunares en fila india que confunden más que aportan información, hay una chica violada que prefiere mantenerlo en silencio, una niña que se enamora de alguien tan perdido y confuso como ella y un padre que no sabe qué hacer para que se encuentre y un hombre que aparece y desaparece cuando le da la gana y que supuestamente vive en las ruinas de una isla rodeado de las azulísimas aguas del Océano Pacífico. Todo mezclado sin orden ni concierto y el espectador se devana los sesos tratando de saber quién es quién. El director, finalmente nos lo explica todo en diez minutos en los cuáles trata de meter con calzador todas aquellas piezas del puzzle y, lejos de quedarnos claro, nos confunde todavía más.

Aún así, no se hace larga. Tiene mérito.

Parada para comer cosa que resulta complicada. En Donosti no hay oferta gastronómica (…).

Hoy toca auditorio y cine oriental y entramos de nuevo a ese sitio tan cojonudo para ver cine y me doy cuenta a los dos minutos de que me he equivocado en la elección. Menos mal que había visto en el diario del festival que duraba menos de una hora y media. Aún así, “Lo que el viento se llevó”, peliculón de época dónde los haya, se pasa en un suspiro comparada con esta.your-self-cartel

“Yourself and yours” (Lo tuyo y tú), es la última película de un director de culto que acumula galardones y reconocimiento mundiales sin que yo alcance a entender la razón. Si tanta gente sesuda que se dedica al tema se pone de acuerdo, la cosa está clara. Soy yo quién no entiende de cine.

Hong Sanng-soo se llevó para más inri la concha de plata a mejor director por este trabajo lo cual me hace plantearme aún más cosas. Su cine es reconocible. Zooms salvajes hacia delante o detrás para cerrar plano o abrirlo en base a no sé qué decisiones técnicas ni argumentales, conversaciones absurdas y eternas que no son más que diálogos para besugos en planos secuencia de no menos de diez minutos y escenas repetidas con pequeñas variaciones en los personajes y en sus posiciones para dar vueltas una y otra vez en torno a lo mismo, como en el juego ese de encontrar las siete diferencias. Entre sus protagonistas  casi siempre hay un director de cine famoso que es reconocido cuando le ven, que (perdónenme los críticos que ven cosas dónde yo no soy capaz de ver nada), deben de ser patéticos alter egos del director en cuestión.

yourself-and-yours-hong-sang-soo-imagen-destA lo mejor son vivencias personales que ha vivido y que necesita contar, tal vez sea que el cerebro occidental no puede comprender las sinapsis de sus homónimos orientales o, simplemente, que no soy ni la de mitad de listo de lo que me creo. Aquí el director juega con el personaje femenino que no se sabe muy bien si es una gemela, o es bipolar o tiene un morro que se lo pisa o que le gusta vacilar a todo bicho viviente que juega con la idea de llevársela a la cama. O un poquito de todo.

Ni lo sé ni me importa. Se acaba y punto.

Luego me entero que se ha llevado uno de los premios gordos y me pregunto si me he perdido algo. Probablemente sí.

De nuevo de vuelta al Victoria Eugenia a disfrutar de una película y la presentación con director incluido de “Fuocoammare” (Fire at sea, Fuego en el mar) de Gianfranco Rosi que se llevó el premio gordo de Berlín en  la última edición y que llegaba a Donosti para competir por el premio del público en la sección de Perlas. Es raro que trabajos documentales se lleven este tipo de galardones, pero a veces ocurre.

Este hombre se tiró más meses de los recomendables para la salud, tanto física como mental, conviviendo en lampedusa para grabar y enseñar al mundo todo lo que está ocurriendo en ese fronterizo mar mediterráneo que se traga miles de vidas cada año por la avaricia del ser humano, la hijoputez llevada a extremos planetarios y la desidia  y negligencia de las autoridades competentes cuando de no subirse el sueldo se trata.fuocoammare-cartel

Y está tratado con crudeza por el sencillo método de poner la cámara a grabar en medio del infierno y no cortar plano por mucho que lo que se vea supera en ocasiones lo soportable. Lejos de los focos sensacionalistas de los periódicos, Rosi refleja una realidad diaria desde que por Libia y zonas adyacentes se empezaran a dedicar a lanzarse pepinazos, poniendo en marcha uno de los éxodos masivos más denigrantes y evitables de la historia de la humanidad. No es sólo allí, el flujo fronterizo se da en muchas otras partes del planeta, pero ahora mismo, ese lugar se lleva la palma.

Para hacerlo soportable, el director italiano se dedica a grabar también la cotidianidad de las gentes que habitan ese lugar y que tiene niños que hay que llevar al cole,  que tienen que tender la ropa y  hacer compras para llenar la nevera y que se han acostumbrado a vivir con eso como en el Líbano en los ochenta y en Sarajevo en los noventa, tuvieron que acostumbrarse a vivir bajo la amenaza de las bombas. Hay un niño auténtico que acapara la mayoría de los planos más amables y vemos cómo se divierte, cómo va de caza con su tirachinas  y al médico a hacerse revisiones  y nos habla con esa seguridad y aplomo de quién ha visto cosas que los niños no deberían ver. Y los adultos entierran a sus muertos que mueren con algo más de calma que los que tratan de cruzar el mar, cocinan sus viandas y escuchan la radio. fuego-en-el-mar-imagen-dest

En otros lugares de la misma isla, hay gente que dedica su vida a rastrear el mar para buscar naves a la deriva o cuerpos inertes entre las olas y tratan de salvar las de aquellos que gritan sin que nadie pueda oírlos cuando las frágiles embarcaciones empiezan a hacer aguas y  también hay médicos que extienden más certificados de defunción que recetas salvadoras y, como dice uno de ellos, a eso no te acostumbras nunca, porque si lo haces, no eres mucho mejor que aquellos que meten en un cascarón de nuez a miles de personas en condiciones infrahumanas abandonándoles a su suerte, pero habiéndote quedado antes con un pastizal a cambio de un pasaje para la muerte. Pocas veces he escuchado un silencio tan apabullante en una sala de cine y me da igual que haya gente que diga que esta clase de trabajos sólo sirven para manipular opiniones sociales y buscar estremecer al espectador para beneficio de la taquilla. Hay que tener mucho valor para hacer esto, para poner el ojo detrás del objetivo y grabar y no dejar de mirar. No creo que nadie pueda volver a ser el que era después de acometer un documental de estas proporciones. Pero tiene que haber gente que se atreva a hacerlo y tiene que ser reconocido para que llegue a la mayor cantidad posible de gente.

Olé tus huevos, Míster Rosi.

Después de la sobredosis de realidad inmisericorde, salimos del teatro y nos ponemos a la cola que da la vuelta al recinto para entrar de nuevo a ver una peli, esta vez  francesa. “L´économie du couple” (After love, después de nosotros) de Joachim Lafosse que se llevara la Concha de Plata al mejor director en la edición anterior por “Los Caballeros blancos”.

Esta es una película mucho más convencional que nos habla de algo que está pasando todos los días en el mundo y que debería hacernos pensar acerca de la conveniencia de casarnos o compartir nuestra vida con otra persona cuando salta a la vista que la mayor parte del tiempo ni nos aguantamos ni queremos hacerlo. El amor tiene fecha de caducidad y lo pone en nuestro ADN, aunque la fecha viene borrosa y no podemos leerla. Habla también de la crisis que azota Europa y el mundo, de la falta de oportunidades y de cómo muchas veces tenemos que compartir los hijos, las casas, el perro y el menaje, ante la falta de recursos para partir peras y que cada cual se vaya por su lado.despues-de-nosotros-cartel

Los protagonistas son una pareja rota obligada a vivir juntos porque la casa es de ella pero la reforma la hizo él y ninguno está dispuesto a ceder su parcela de poder. La suegra del hombre le aprecia mucho más que su hija y trata de abogar porque ella acceda a  encargarle la reforma de la casa de los padres con lo cuál él ganaría un dinero que le permitiría irse, pero ella no quiere ponerle las cosas fáciles y es la pescadilla que se muerde la cola.

Se deja ver y las situaciones fluyen con naturalidad y credibilidad que no suelen muchas veces ir de la mano y asistimos como privilegiados espectadores a esa manera de destruirse que tiene el ser humano usando todo aquello que tiene a mano. La pareja tiene dos hijas que se disputan como perros de presa y que son armas arrojadizas y víctimas de la guerra física y psicológica que se traen entre manos un par de seres humanos incapaces de dejar de mirarse el ombligo y abogar por causas comunes engrandeciendo su aura y de paso dando un buen ejemplo a sus vástagos para que no perpetúen el ejemplo cuando la vida les coloque a ellas en situaciones parecidas.despues-de-nosotros-imagen-dest

Guerra de guerrillas familiar con alguna tregua para jugar y recordar que hubo un tiempo en que las cosas funcionaban y esa manía tan humana de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Con ello se están condenando a no poder rehacer sus vidas y el hombre, como muchos hombres que hemos estado en situaciones similares, quiere creer que aún hay sitio para la esperanza a pesar de que la mujer ha cerrado la puerta con llave y la ha tirado por el retrete. Correctas interpretaciones y buena puesta en escena de un cineasta con oficio y amplitud de miras que no se encasilla en géneros.

A destacar la magnífica y larga escena la de los amigos comunes que están cenando para celebrar el cumpleaños de ella en el jardín de la casa cuando llega él y trata de unirse a la fiesta. Tensión narrativa y resolución a la francesa.

Y comienza el último día de festival con tres buenas películas en el horizonte y un par de ellas de relleno porque el último día por la mañana y hasta las seis de la tarde la programación se resiente como si cogiera fuerzas para el arreón final.

“The Odyssey” (La odisea), competía fuera de concurso y se proyectaba en el auditorio. La firma Jérôme Salle y cuenta la vida y milagros de ese personaje irrepetible que llenó las pantallas de los televisores de todo el mundo con imágenes que parecían sacadas de otro mundo, mostrándonos una vida animal que se desarrollaba bajo el mar y que hasta ese momento nadie había tenido la osadía de filmarlodyssee-cartel

No se pueden entender los documentales de naturaleza sin recurrir a Jacques Yves Cousteau. Este hombre imaginativo, magalómano, capaz de engañar a cualquiera con sus cantos de sirena y su encanto personal, que sacaba dinero de debajo de las piedras y convencía a un miope de que veía como un águila, sólo estaba interesado en sacar adelante proyectos que le reportaran pasta, fama y reconocimiento mundiales y a hacer lo que más le gustaba sin pararse a pensar en nadie más que él mismo ni la cantidad de cadáveres que dejara por el camino, incapaz de plantearse, como todo genio, si lo que hacía era correcto o no. Inventor del bastiscafo y del equipo autónomo de buceo, conquistador incansable de mundos que estaban aparentemente fuera del alcance de los humanos, resucitador de barcos de desguace, creó un mundo flotante que recorría los mares grabando la vida acuática y mostrándola como nunca antes se había  filmado nada semejante. Con la ayuda de su mujer que lucía los cuernos con una elegancia incomparable, de una tripulación entregada y de su hijo con alma de cineasta, cumplió su sueño  y abrió ventanas a un mundo desconocido.lambert_como_costeau-imagen-dest

Pero la película no trata todo el tiempo de lo que hicieran a bordo del mítico Calypso, sino de la tortuosa relación que mantuvo con su hijo menor acerca de la idoneidad de hacer las cosas de una manera u otra, de sus permanentes enfrentamientos y conflictos que condicionaron la vida de todos los que les rodeaban y de cómo el hijo fue capaz de remover la conciencia del padre hasta darle la vuelta como un calcetín y  desembocar en la fundación que fundaron juntos para la conservación de los mares. Algunos de los grandes logros que se consiguieron en la moratoria de cazas de ballenas o en la preservación del ártico, son mérito de esta pareja de dos que forman parte de la historia de la humanidad.

Buen cine de imágenes potentes, intimista cuando hace falta, que tuvo que realizarse sin el apoyo de los miembros que quedan de esta familia universal.

Y con esta película nos despedimos del Kursaal hasta el año que viene con un nudo en la garganta como siempre que me pasa cuando el festival agoniza y no sabe uno cuando tendrá la oportunidad de regresar.

De ahí al cubo pequeño a ver una película española que juré no ver y que perjuré que no iba a decirlo si lo hacía para no manchar mi expediente. No por española. Adoro el cine español aunque por calendario no pude en esta edición acudir a ninguna de las proyecciones, sino por temática y otros asuntos no menores. Estaba incluida en la sección  Made in Spain y la pusieron de relleno a las doce del mediodía para atraer a un público infantil muy alejado, junto con sus progenitores aunque supongo que estos últimos por cuestiones logísticas, de los gustos de los habituales a los festivales de cine.zipi_y_zape_y_la_isla_del_capitan-cartel

“Zipe y Zape y la isla del capitán” es cine de aventuras con un propósito sencillo. Entretener y pasar el rato que es para lo que la mayoría de la gente va al cine. Mi acompañante se durmió y yo no lo hice para no añadir otra mancha a mi currículum. Si sabes que no te va a a gustar la película, lo mejor es no sacar la entrada, pero si ya la tienes en tu poder, se aprieta el culo y se abre los ojos. No queda otra.

Y cumple. Entretiene y siempre gusta ver a Elena Anaya porque siempre lo hace bien. A mí me gustaba el tebeo, pero no logro empatizar con estos niñatos pijos de colegio de  pago que creo que están muy alejados de la idiosincrasia de los personajes de Escobar, ni entiendo lo que dicen porque parece que hablan con la boca llena. Está muy bien hecha y tiene algunos golpes que no sé si serán buenos pero los niños se ríen y los adultos echan una sonrisita. zipi-y-zape-imagen-destCreo que Oskar Santos se lo ha currado mucho y su trabajo luce una buena factura técnica. Es un digno homenaje a las películas de los años ochenta que firmaban cineastas americanos que llegaron a ser y siguen siendo algo en la industria y tiene el metraje justo para que la gente no se duerma (casi), ni salga en manada de la sala, pero la próxima vez que escoja una película porque no hay otra para elegir, tal vez me plantee dar un paseo por la playa o tener más tiempo para tomar pintxos.

Eso lo digo ahora, pero volveré a picar porque el que nace barrigón, tontería que lo fajen.

Un ratito de descanso para el sprint final. No logré entradas entre otras cosas porque estaban presentadas en otras actividades y se me escapó ver en qué consistían, para el re estreno de la película de Oren Moverman protagonizada por Richard Gere que aquí llegó con el nombre de “Invisibles”. No conseguirlas fue un trauma para mi acompañante. Mi madre nunca me perdonará haber estado tan cerca de Richard y no haberle podido ver. Nos consolamos, es decir, se consoló porque yo sí que quería verla, con ir al Victoria Eugenia a ver una de animación japonesa que ya se están empezando a abrir camino en secciones oficiales de festivales de este tipo, como quedara demostrado en la edición anterior con “The boy and the beast” de Mamoru Hosada.tu-nombre-cartel

“Kimi no na wa” (Your name, Tu nombre) de Makoto Shinkai, recorre idéntico camino y se cuela en la Sección Oficial desde mi punto de vista con muchas menos posibilidades porque no compiten en igualdad de condiciones con las otras, pero agradeciendo la bio diversidad que se va introduciendo en las diferentes secciones ampliando espectro cinematográfico y atrayendo también a otro tipo de público.

Esta es una película presentada por el jovencísimo director en el Victoria Eugenia con gracia y sabiduría niponas. Se trata de un ejercicio de anime bellísimo tanto en su concepción como en su realización. Con una factura fabulosa y un sentido del humor muy inteligente, Makoto nos presenta una historia cuya génesis primigenia es la llegada de un cometa que va a pasar muy cerca de la tierra y que podrá ser observado a simple vista desde Japón, especialmente en un punto específico de su geografía.tunombre-imagen-dest

Los protagonistas son un chico y una chica de edades similares que viven uno en la ciudad y la otra en una población pequeña que intercambian sueños en los cuáles ocupan el cuerpo y usurpan  la personalidad de la otra persona creando confusión en ellos mismos y en todos los que les rodean. Todo esto sirve de excusa para tratar de modificar un suceso terrible que ocurrió en el pasado. La historia se pierde a ratos en vericuetos confusos para volver a salir de nuevo a flote gracias al dinamismo de una animación magníficamente diseñada.

Cine agradable de ver que se aprecia con una sonrisa en la boca, pero que resulta extraño encontrarlo en el marco de un festival de estas dimensiones. Me gusta sí, pero prefiero el cine llevado a cabo por personas de carne y hueso, de esas que pueden aspirar a llevarse premios.

Y a por la penúltima y es un plato fuerte.

De nuevo en el Victoria Eugenia para gozar con el cine de Ken Loach, “I, Daniel Blake”,  incluida en la sección de Perlas. Este monstruo del cine británico, antiguo azote del Tacherismo, bestia parda del cine social que de la mano de su inseparable Paul Laverty nos dedica su enésimo ejercicio de cine inmenso. Este director tiene ya ochenta años  y ha perdido gran parte del fuelle, de esa mala leche impregnada de reivindicación que destilaban todas sus películas, pero sigue siendo uno de los más grandes y su cine debe ser visto por cualquier aficionado al cine  que se precie, pertenezca a la vieja guardia o forme parte de las nuevas hornadas.i_daniel_blake-cartel

Sigue reflejando la vida de los más desfavorecidos, de esos que les ha tocado la hiel en el sorteo de la vida, de esos que son machacados sistemáticamente por la burocracia, por el estado del bienestar al que ellos no pueden aspirar y refleja todo con una economía de medios total y absoluta. Sólo le hace falta un guión que siempre está a la altura y unos actores que trasmitan y él hará el resto para conjugar historias que son parte del cine y de la vida y que nos van a hacer llorar y encabronarnos, que sacarán una sonrisa cuando todo parezca perdido, que nos obligará a alzarnos en armas y salir a la calle a usarlas para defender nuestros derechos, aunque sea esgrimiendo únicamente una pancarta o un spray para poner nuestro nombre en un muro gris como la gente esa que pretende achicarnos para parecer ellos más grandes.daniel-baleke-imagen-dest

Este cine nunca acaba bien ni puede acabar de otra manera. Las batallas están perdidas de antemano y la guerra se libra en lugares en dónde no tenemos poder de decisión. Sólo queda dar la cara y tener dignidad, que nadie pueda acusarnos nunca de ser cómo ellos. Hay que dar aunque eso suponga quedarnos nosotros sin nada. En eso consiste ser humanos, lo demás es un invento de los que lo quieren todo para ellos. Ken Loach regresa por la puerta grande al cine que le encumbró y espero que lo haga para quedarse el tiempo que le quede, porque hay gente que no debería morirse nunca.

Hay que tener los paraguas abiertos por si nos siguen lloviendo piedras.

El público premió esta película ganadora en las votaciones con una nota media superior a 9  y este trabajo cerró oficialmente el festival en el cubo pequeño como cada año el proyecto que se lleva este galardón, invadiendo un par de horas del día post festival, cuando todo el pescado está vendido y los operarios se afanan en desmantelarlo todo para que al amanecer siguiente pensemos que todo ha sido un sueño.

Y para terminar, por lo menos nosotros, la última película de François Ozon, “Frantz”,  también en Perlas, que es una maravilla filmada en blanco y negro sobre el sentimiento de culpa y la necesidad de hacer lo correcto.frantz-cartel

Ambientada en la época inmediatamente posterior a la finalización de la primera guerra mundial en la Alemania pre nazi, que odiaba a los franceses por encima de todas las cosas, un  joven francés acude cada día a la tumba de otro hombre de origen alemán muerto en la guerra al cual también va  a visitar la prometida del finado que vive en casa de los padres del fallecido.  Pronto surge la curiosidad acerca de porqué ese hombre visita cada día el camposanto con una afectación que no puede ser fingida. Alrededor de este suceso, se monta una historia de medias verdades y mentiras flagrantes, de subterfugios  piadosos y conflictos articulados en torno a sucesos inventados que aportan frustración, consuelo y desconcierto y que emponzoñan los aledaños de una sociedad incapaz de superar el poso oscuro de la guerra. Los más patriotas se sienten orgullosos de que sus hijos hayan muerto en el campo de batalla y los más sensatos culpables de haber enviado a su descendencia al matadero.frantz-francois-ozon-imagen-dest

Pronto se descubre el pastel y la acción e traslada de Alemania a Francia para acabar de redondear una historia de amores imposibles, culpas demasiado pesadas y trenes perdidos. Cine de altura, de imágenes perfectas y sensibilidad extrema, cine de otro gran cineasta que elige los festivales más importantes del mundo para presentar sus criaturas y deleitarnos a todos aquellos que necesitamos el cine como la más dura y menos prescindible de las drogas.

Tendré que esperar otro año para regresar a Donosti a por más dosis. Mientras tanto, me conformaré con lo que pueda ofrecerme una cartelera más convencional.

Respecto del palmarés, no puedo opinar acerca de mejor película ni mejor actriz que se llevó “Madame Bovary” de Wo Bu Shi Pan, ni del guión de “Que dios nos perdone” escrito a cuatro manos por Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen, películas que veré en cuanto crucen la frontera de las distribuidoras,  pero sí puedo hacerlo acerca “El hombre de las mil caras” de Alberto Rodríguez y del más que justo premio que se llevó Eduard Fernández. Sólo decir que este impecable trabajo de nuestro cineasta, podría haberse llevado con toda justicia algún galardón más.

Pero los caminos de los jurados son inexcrutables y sus decisiones inapelables y que dios o quién sea menester nos libre de estar en su piel.

Y nos vamos de Donosti y casi puedo ver por el espejo retrovisor cómo la actividad que dejo atrás se va ralentizando hasta paralizarse del todo. Esperando el momento en que regresemos para que vuelva a la vida de nuevo.

cartel donosti 2016

2 comentarios

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