“Es por tu bien” de Carlos Therón o Petunia x Hybrida (Petunia de flor)

Tras estas cuatro palabras se esconde una de las grandes mentiras de la humanidad. Nadie sabe lo que es mejor para los demás, si ni siquiera estamos seguros de lo que es mejor para nosotros mismos, por mucho que constantemente estemos proclamando a los cuatro vientos nuestra sabiduría mundana que no nos alcanza ni para comprar el pan en una tienda de chinos.es por tu bien cartel

Los padres, es decir, la parte masculina de la pareja, suelen manifestar síntomas de terror creciente, en el mismo momento que su descendencia de sexo femenino se encamina a ese momento crucial de su evolución que responde al nombre de pubertad o adolescencia. Curiosamente, no existe el mismo temor con la descendencia de tipo masculino, tal vez porque los hombres no suelen pagar por sus errores durante toda su vida, sobre todo porque no tienen esa capacidad de concebir lo que podría llamarse la continuación de la raza humana y porque además, los hitos sexuales de la progenie, serán celebrados como propios por aquellos que los engendraron, porque eso supone para ellos una mejora de la especie.  Es decir, como dicen muchos que ya peinan canas en el mejor de los casos, en mi época para follar había que inventarse mil subterfugios  o pasar por una serie de filtros insufribles que constituían una revalida permanente para llevarse el gato al agua o te acababas matando a pajas en cualquier esquina, pero ahora es todo mucho más fácil y rápido y si te he visto no me acuerdo.

El caso es que esta película trata sobre tres amigos y cuñados, que pasan sus ratos de asueto en la mega casa de uno de ellos, que es facha hasta decir basta, que tiene un pastizal en el banco y que hace ostentación de raza y privilegios porque de nada vale hacerte de oro sino lo sabe todo el mundo para que te alaben y te rindan pleitesía como te mereces.

Hay tres tipos de padres como muy bien quedan reflejados en este producto audiovisual de dudoso gusto, de escasa gracia y de factura mediocre. Está el que soluciona todo con dinero, el que lo resuelve a hostia limpia y el que trata de llevar las cosas a buen puerto, usando la dialéctica y la diplomacia.  Por supuesto, el más pánfilo y el que menos apoyo recibe por flojo, metepatas y calzonazos, es el último, aunque los tres lo son y tratan de llevar sus frustraciones y temores como mejor pueden que es tarde, mal y nunca.

Las tres familias se reúnen con frecuencia en la choza del que más pasta tiene por aquello de que hay piscina, barbacoa y jardín que ellos no cuidan y asisten atónitos al desarrollo de sus hijas que, como dicen los gañanes, están en edad de merecer y claro, ninguno de los posibles candidatos les gustan y se ponen a maquinar para bajarles del barco, ideando gilipolleces a cual más patética para conseguir sus objetivos, hermanados como están en la desgracia de tener respectivamente como aspirantes a yernos a un anti sistema, un nini y un ligón madurito de origen argentino aficionado a cepillarse yogurines (esto también lo dicen los gañanes).

Y a las madres, tampoco les hace mucha gracia el tema, pero aceptan las cosas con más deportividad porque al fin y al cabo, esa etapa ya la pasaron ellas cuando tuvieron también que enfrentarse al escrutinio de sus progenitores, especialmente del padre, cuando presentaron al susodicho en sociedad, seguramente con evidente disparidad de criterios a la hora de juzgarlos.

Hay una película francesa que se llama “Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho” del año 2014 y que la firma un tal Philippe de Chauveron, que trata el mismo tema, pero en esa, los padres tienen tres hijas  y cada una se busca un novio que no cumple los requisitos ni las expectativas que ambos tenían para ellas y claman al cielo pidiendo una explicación a tamaña desgracia. La película francesa quiere ser un alegato en forma de comedia a esa costumbre tan humana de demostrar el racismo en todas sus facetas a pesar de que juramos y perjuramos que no somos racistas hasta que se nos ve el plumero por algún lado. Hay algunos aspirantes a dirigentes, una en ese país en concreto,  que va con la verdad por delante y admite sin ambages ni matices su abierta aversión a todo lo que no sea puro, en una actitud que recuerda demasiado a otros personajes históricos de infausto recuerdo. Espero que en las próximas elecciones no salga legitimada en la urnas. Por esas vías de agua, se empiezan a hundir los barcos.

Y Carlos Therón, que ya demostrara su gusto por este tipo de cine en la secuela de “Fuga de cerebros” en el año 2011, vuelve a tirar de topicazos y levanta una producción repleta de grandes nombres y vacía por completo de contenido. José Coronado es un monstruo de la interpretación y todos los sabemos, Javier Cámara es otro que tal baila y cierra la Santísima Trinidad Roberto Álamo, ese actor de físico y voz imponentes que se llevara recientemente un Goya por su fabulosa interpretación en “Que Dios nos perdone”, de Rodrigo Sorogoyen. Y en ellos recae la mayor parte del tiempo la responsabilidad de hacer el pastel digerible, lográndolo sólo a medias y con más pena que gloria, porque da la sensación de que tampoco creen demasiado en lo que están haciendo a pesar de que ponen en ello todo su empeño. Respecto a las féminas, despliegue de talento y caras conocidas, en la que destaca por encima de todas esa actriz llamada Carmen Ruiz que estaría llamada a hacer grandes cosas si le proporcionaran un papel a la altura de sus posibilidades. Almodóvar lo hizo con Rossy de Palma. ¿A qué están esperando?

El libreto lo firma Manuel Burque que es el pelirrojo inolvidable de “Requisitos para ser una persona normal” la ópera prima que hiciera Leticia Dolera en el 2015 y no está exento de partes aprovechables, pero sólo hay dos escenas que se libran de la quema. Una de ellas es en la que sale el guionista pelirrojo cuando los padres desesperados acuden a un traficante, una vez  deciden pasar a mayores y la otra ocurre en los servicios públicos de un instituto. Lo demás, queda a cargo de un guión en el cual un rottweiler se posiciona como uno de sus máximos activos.

Es como la petunia, una flor peremne que se erige en la reina de los jardines cuando llegan los calores y que cuatro días mal contados después de ser plantada, se convierte en una planta insulsa de tallos fláccidos y flores decoloradas, como esta película que se viene a abajo a las primeras de cambio porque no tiene una buena base sobre la que sustentarse por mucho empeño que pongan todos en ello.petunias-2

Está considerada una planta anual, es decir de temporada, que suele plantarse para adornar los jardines en esa época del año en que las plantas bastante tienen con sobrevivir sino tienen cerca la sombra de un árbol para cobijarse, como sobrevive el cine español con estas producciones que por lo menos garantizan buenas taquillas que permiten que se siga pudiendo hacer otro tipo de cine de calidad y factura muy superiores y que nada tiene que envidiar, cuando se ponen a ello, a algunos grandes títulos que nos llegan de fuera.

Cuando finaliza el estío, y las petunias ya no valen ni para dar de comer a los insectos, pasan a la papelera de reciclaje de la jardinería, que es la máquina para hacer compost, que servirá de base para plantaciones futuras con mayores expectativas de lucimiento, como ocurrirá con esta cinta, una vez finalice su vida en taquilla y deje espacio para otras, aunque después será editada en vídeo para verla cualquier tarde de domingo cuando ya no nos queden pelotillas que sacarnos del ombligo.

Por lo menos, y a mí sí me sirve de consuelo, estos trabajos dan de comer a mucha gente y mantiene activa la memoria de los actores y actrices, mientras esperan algo de mayor enjundia a lo que dedicarse.

Y mientras llega ese momento, tendremos que dormir nuestras horas, intentar sentirnos realizados y hacer lo que buenamente podamos para no cagarla en la medida de lo posible.

Es por nuestro bien.

 

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