“El tercer asesinato” de Hirokazu Koreeda o Podiceps cristatus (Somormujo lavanco)

El somormujo es la mayor de las aves que pertenecen al grupo de los somormujos y los zampullines, es decir, unas  especies de aves acuáticas que se tienen que zambullir, total o parcialmente para conseguir su alimento principal que consiste en una dieta de peces, ranas pequeñas y cangrejos, entre otras suculentas presas. Es un ave inconfundible por su largo cuello, vertical y fino que luce un despampanante plumaje durante el verano cuando se acerca el inexcusable ritual del cortejo. En esa época, su píleo, parte alta de la cabeza, forma un mechón doble de plumas salientes y le salen plumas de tonos rojizos en las mejillas. Es igual de esbelta nadando que en vuelo y habita las zonas templadas del viejo mundo, criando en zonas de vegetación densa junto a lagos, embalses y lagunas y nunca a gran altitud y, aún siendo sedentaria, puede convertirse en migradora ocasional cuando pintan bastos. Tiene una parada nupcial llamativa, espectacular y compleja que ha sido incluso objeto de estudio en un hito literario de la etología aviar firmado por Julian Huxley en 1914.somormujo

Los polluelos que se tiran a la piscina más bien pronto que tarde, utilizan la espalda de sus progenitores al estilo de muchos tipos de ánades, para desplazarse mientras reunen el valor para dar el paso definitivo y antaño la caza fue su principal amenaza, estando actualmente en un estatus de conservación más que aceptable.

Y a pesar de su aspecto de ave exótica, es una especie común y fácil de ver incluso en aguas cercanas a zonas habitadas por el hombre, en las que siempre llama la atención por su porte elegante y aristocrático.

Y elegante, como por otra parte todas las películas de este gran cineasta japonés, es su nueva película que compitió en la sección Perlas en la última edición del Zinemaldia y que ya es una presencia recurrente desde hace años, no sólo en la ciudad de los pintxos por excelencia, sino en el resto de festivales de máxima categoría ubicados por el mundo. No obstante, en el año 2013 y en el 2015, obtuvo sendos galardones del público por sus películas “Like father like son” y “Our little sister” respectivamente y el año pasado nos entregó otra pedazo de película llamada “Después de la tormenta”. El denominador común de las obras de este señor mundialmente reconocido, reside en la parsiminia y aparente tranquilidad, tanto escénica como narrariva, con la que cuenta todo tipo de conflictos, alejado del desenfreno y la estridencia, llamando a las cosas por su nombre, pero con la elegancia con la que el somormujo surca las aguas y se zambulle para capturar sus presas, como si la cosa no fuera con él. Koreeda se convierte en un narrador omnisciente que deja caer las cosas por su propio peso porque sabe elegir a la perfección el punto de maduración de cada uno de sus proyectos y suele elegir la familia como punto de encuentro y de desencuentros porque sabe que en ese contexto los conflictos siempre acaban surgiendo, enquistándose o resolviéndose de diversas maneras dependiendo de la idiosincrasia de cada uno de los participantes. La familia, por lo menos en oriente, es una cuestión de estado y las jerarquías y privilegios están decantados y expuestos de manera clara y tácita desde tiempo inmemorial y, aunque en esta su nueva película cambia de registro, sigue hablando en el fondo de lo mismo, del sentimiento de pertenencia y de la manera en que cada cual afronta sus actos en base a un código moral no transferible.el_tercer_asesinato cartel

En esta ocasión, sitúa el punto inicial en el mismo instante en que se va a acometer un asesinato y nos lo muestra con la desafección aparente que acostumbra a mostrar en sus películas y que no es más que la necesidad que tienen algunas personas de llevar a cabo sus actos sin importarles las consecuencias que dichos actos tendrán en sus vidas y en las de los que les rodean.

Parece un claro caso de asesinato con su móvil bien definido que no presenta subterfugios ni enjerencias a nivel judicial y un caso con la sentencia clara antes de ser expuestos los hechos ante un tribunal porque hay una declaración de culpabilidad y una relación entre asesino y asesinado que justifica por sí sóla un móvil adecuado para quitar la vida  a alguien en un momento de obnubilación mental transitoria o de ira incontentible, que tanto da a la hora de cavar una tumba.

Y la tarea de defender al asesino, recae en un joven abogado que representa a una prestigiosa firma y que, como todos los abogados que pertenecen a un bufete de cierto pedigrí, están ahí atendiendo a lo que salga porque hay que hacer caja como sea para aumentar los ingresos, subir en la bolsa, incrementar fama y lo que sea menester porque en este mundo de lobos las cosas funcionan así.

Todo parece listo para sentencia en un país en el cual la pena de muerte es una realidad y no debe de ser lo mismo, por lo menos para mí desde mi supina ignorancia, que te condenen a cadena perpetua que es una forma de vivir de otra manera, a que te quiten de enmedio por la vía rápida y es ahí dónde la pelicula se abre como un abanico, para mostrar sutilmente los puntos de vista de cada uno de los protagonistas sin que se tome partido por ninguno y para que cada espectador simpatice con la causa que le resulte más cercana. Por una parte, se encuentra la mujer del asesinado que porta su cara de pena y el retrato de su marido difunto sin que alcancemos a discernir su rol en la trama, por otra la de la hija huérfana de padre que arrastra su cojera y un pasado extraño de encuentros, fortuitos o no, con el asesino de su padre. En la otra parte de la cancha, está la fiscal joven que tiene un caso de libro entre las manos y que no puede permitirse un resbalón en su incipiente carrera y la del abogado defensor que no entiende la postura de su defendido que parece más interesado en ponerse la soga al cuello que en demostrar el menor síntoma de redención o arrepentimiento o en cualquier caso de salvar el pellejo, mientras sus jefes, con paciencia nipona, tratan de inculcarle los mejores consejos para llevar a cabo un caso que, sí o sí, va a suponer una mácula en su expediente, aunque por contrapartida, les venga bien para hacer caja.

Y fiel a su costumbre, Koreeda, una vez colocadas las cartas boca arriba, se sigue guardando ases en la manga, porque el tío es un genio del escapismo narrativo, que sugiere pero no acaba de mostrar para que el intelecto o la intución de cada espectador, rellenen esos huecos que en otras películas son abismos, pero que en las suyas son pequeños jirones en la niebla.

A través de flashbacks supuestamente explicativos, nos va dejando perlas del pasado de los protagonistas en un puzzle al que le faltan piezas de manera deliberada para que sean localizadas en otras cajas de otros rompecabezas y el sudoku no tiene solución a vuelta de página. No llegamos a saber cuáles son las motivaciones exactas del asesino, ni siquiera si lo es realmente, a pesar de que ya penó treinta años atrás por un doble asesinato, cuya prolongación otorga el título a la película y cuando más indaga el abogado defensor en las arenas movedizas de un señor de personalidad compleja y educación exquisita, más leña añade a su confusión y a la del espectador, que tratan de desenredar una madeja que no tiene vocación de ser sometida.

La película se haya a mitad de camino entre un thriller psicológico, una película de asesinos, una de juicios y una de venganzas en la cual las tramas se dan cita en una encrucijada moral en la que cada cual debe de actuar según sus principios y, en algunos casos, de sus obligaciones contractuales y todo ello sometido a los vaivenes del supuesto homicida confeso que va cambiando sus versiones según le da el aire aumentando la confusión de todos y creando vericuetos estructurales que pueden acabar derivando en otras tantas soluciones finales.

Es especialmente sugerente la relación que se crea, siempre en forma de pareja, entre los diferentes protagonistas. Entre el asesino y la hija de asesinado, entra la viuda y su hija huérfana, entre la fiscal del estado y el abogado defensor, entre este último y su jefe y, especialmente entre dicho abogado y su cliente que, a través de un cristal y, únicamente fiándose de su intuición y de retazos sueltos de una historia inconexa, debe de encontrar una manera de defenderle, de evitarle el mal mayor, al mismo tiempo que tiene que cumplir su cometido y encontrar una justificación que esquive o palie su mala conciencia.

Y aparte de que la película aborda temas complejos como la redención, la asunción de culpa y la confrontación permanente entre lo que se tiene que hacer y lo que deberíamos hacer, al final, el asesinado y el móvil que se tuviera para llevar a cabo dicha acción, acaba siendo un tema secundario que sólo interesa a aquellos que bajo su responsabilidad, deben decidir los castigos para los sentenciados y todo queda reducido finalmente a lo que cada uno piense en el estrecho reducto de su apartamento o de su conciencia.

Como siempre en el cine de este gran cineasta, no hay buenos ni malos, sólo personajes posicionados de una manera o de otra en sus escaños correspondientes, mientras aguardan a que su contrincante mueva ficha para actuar ellos en consecuencia. Ni siquiera la gente trata de defender su propio culo porque todo es un juego global en el cual cada jugada tiene su importancia en el resultado final y todos son piezas de un mismo engranaje que acabará en la estación correspondiente, en una vía muerta o descarrilado junto a una colina junto con los restos humeantes de los vagones calcinados.

Como en el enunciado del efecto mariposa, cualquier acción por pequeña que sea, podrá acabar generando otra mucha mayor, alimentando la famosa teoría del caos y, en definitiva, las razones de un asesino para quitar una vida, pueden llegar a ser tan poderosas como las de una persona que intenta salvar la de otra.

Y yo, en otro orden de cosas, me pregunto qué debe de pasar por la cabeza de un abogado que tiene la obligación de defender a su cliente a pesar de que sabe que ha cometido el delito por el cual está siendo juzgado, sabiendo que si juega bien sus cartas puede dejarle en libertad o si dormirán bien los jueces o los integrantes de los jurados populares después de dictar una sentencia de esas que se resuelven a los puntos como los buenos combates de boxeo sin unanimidad a la hora de presentar un veredicto.

A Koreeda le gusta la ambiguedad y los contornos de las cosas diluyéndose entre la bruma y no duda en presentar un sugerente juego nupcial como el del somormujo a la hora de encontrar pareja, porque sabe mejor que nadie que, tras el estío y una vez sofocados los instintos más primarios, todo vuelve a su cauce y las plumas que una vez se tiñeron de rojo, ya sea por la pasión o por la sangre, retornarán a sus tonos habituales con la llegada del invierno cuando ya sólo se cuestione el tema de la supervivencia que es la máxima vital a la que todos debemos someternos.

Ya se sabe. El muerto al hoyo y el vivo al bollo.

el-tercer-asesinato imagen dest

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *