“El fundador” de John Lee Hancock o Thypa latifolia (Enea o Espadaña)

Esta película ya encierra una pequeña trampa en su título porque no hace honor a la verdad. Ray Kroc no fue el fundador del McDonald´s.  Eso lo hicieron los hermanos Mac y Dick en la California de los primeros años cincuenta en los EE.UU, después de realizar exhaustivas pruebas y probar diferentes negocios hasta dar con la clave del asunto. Podría decirse sin temor a equivocarse, que fueron los inventores de la comida rápida, pero que les faltó ese punto de ambición que es lo que separa a los currantes de los genios y los visionarios.el fundador cartel

En la película a ese pequeño matiz, que ni es pequeño ni es realmente un matiz, lo llaman perseverancia y determinación. Los dos hermanos, condenados por cuna a vender hamburguesas para hacer honor a sus nombres, sólo querían un negocio tranquilo que les proporcionara dinero y que pudieran controlar para que la cosa no se les fuera de las manos. Y como eran listos, sobre todo uno de ellos, lo de las franquicias ya lo habían probado, pero no pudieron o no quisieron encontrar la fórmula para hacerlo, sin exponerse a perder la identidad de lo que les había hecho famosos en la pequeña porción de mundo que habitaban.

Pero no es engañoso en cuanto a que el tal Kroc, supo ver que ahí había una mina de oro y, después de muchos años pateándose el país tratando de vender todo lo que fuera minimamente vendible y acabando con la nariz chata de tanta puerta cerrándose en sus narices, ya sabía manejar y poner a su favor la idiosincrasia americana, tirando de esos valores que la han encumbrado y condenado a partes iguales.

Los comerciales siguen existiendo y jamás desaparecerán, porque cualquier producto que pueda venderse, necesita de alguien que lo anuncie a los cuatro vientos y que recorra universos paralelos para tratar de colocárselo a cualquiera que pueda pagarlos. Y son una raza abnegada y sufriente porque han erosionado durante décadas sus juanetes de tanto poner el pie entre la puerta y su marco. Aún los hay que llamarán a tu puerta cualquier día ofreciéndote el oro y el moro, pero la gran mayoría de ellos, ahora te bombardean inmisericordemente a cualquier hora del día parapetados tras unos teléfonos que no dejarán de sonar hasta que los atiendas y, algún día, cuando te pillen con las defensas bajas, aceptarás lo que te ofrezcan y entonces estarás bien jodido, porque lo que acepta el hombre debe ser aprobado por todos los dioses del universo el día que decidas darte de baja y compruebes que no hay vida inteligente al otro lado porque las comunicaciones se han ido a la mierda merced a una tormenta eléctrica de proporciones bíblicas y a ese invento diabólico de la voz pre grabada que nunca te ofrece pulsar la posibilidad que necesitas.

Y esta pobre gente, dicho esto sin ánimo de ofender, a pesar de que a veces los meteríamos en un cajón y lo tiraríamos al mar con siete candados, sólo hacen lo que tratamos de hacer todos. Es decir, ganarnos la vida para tratar de llevar algo de pasta a casa con lo que pagar las facturas y evitar el desahucio, el escarnio, la hambruna o la pobreza energética.

Lo de los inventos  o las patentes robadas, es un asunto muy viejo. Seguramente el inventor de la rueda o del fuego, ya fuera por talento o casualidad o una hábil mezcla de ambos, debieron de morirse de asco, uno herniado en una cuneta y el otro pelado de frío en su puta cueva, pero esto es la selva y aquí prima la ley del más fuerte, el más listo o el más hijo de puta, que suele acertar al pleno al quince cuando le da por apostar, no porque tenga más dinero sino porque tiene más fe en si mismo, que es una cosa de la que muchos humanos adolecemos.

Nikola Tesla fue el inventor de muchas cosas entre ellas la corriente alterna, la radio o el microondas, pero Thomas Edison, Guillermo Marconi y Percy Spencer, se llevaron los méritos, aunque luego la historia haya acabado colocando al final al inventor de origen serbio en el lugar que le corresponde por derecho. Por lo visto un tal Antonio Meucci inventó el teléfono para comunicarse con su esposa enferma, pero Graham Bell se llevó el gato al agua. Por los visto también, un tal Han Lippershey inventó el telescopio, pero fue Galileo Galilei,  hombre de nombre y apellidos más rimbonbantes, quién un año después se atribuyó el mérito. Dios nos asista, porque tampoco Albert Einstein fue el primero en dar con la teoría de la relatividad, pero sí el que llegó antes a la meta porque encontró los atajos para hacerlo. Y así podríamos continuar hasta el infinito. Lo que se sabe y lo que permanecerá en las sombras para siempre porque ni la wikipedia, ni los libros de texto, ni el puto facebook dan para registrar todo lo que ha ocurrido o aconteciere siglos atrás en este mundo que nos ha tocado habitar.

En otras palabras, cuando seas padre comerás huevos o espabila coño, que nos están comiendo el culo.

En palabras, puede que tergiversadas en cuanto a la forma pero no en el contenido, del mismísimo Ray Kroc, si eres bueno te va a comer la mierda y si mi enemigo se está ahogando, pues le meto una manguera en la boca y le ahorro sufrimiento y de paso sus puntos van a mi marcador.

El mundo empresarial es así y al fin y al cabo esto es una cadena trófica en la cual hay que intentar estar en la cúspide de la pirámide, que es dónde se está más seguro y dónde encontraremos más aliados porque a caballo ganador todos se apuntan tratando de obtener dividendos.

Para poner un ejemplo más moderno, el inventor original del Red Bull fue un empresario tailandés llamado Chaleo Yoovidhya quién dio con la fórmula del brebaje para que sus empleados rindieran más, pero se expandió por todo el mundo, gracias al empuje y la visión comercial del empresario austriaco Dietrich Mateschitz que levantó un imperio a costa de acortar sustancialmente la vida potencial de todos aquellos que consuman de forma desaforada su venenoso producto. Por lo menos, en este caso, los dividendos se repartieron en partes similares.

Pues resulta que el tal Ray Kroc  era también un lumbrera, un hombre que después de múltiples fracasos y al que nadie podía acusar de no haberlo intentado, quedó admirado de un sistema empresarial que pusieron en pie dos hermanos y que supo qué teclas tocar, teniendo muy claro que el que quiere peces se tiene que mojar el culo y que cuanto más te adentres en el mar, más probabilidades habrá de encontrar presas más gordas, que puedes pescar o que te pueden arrastrar al fondo de dónde nadie podrá sacarte.

Los dos hermanos se creían muy listos y tejieron una tela de araña legal para tratar de mantener al cebo en su sitio, pero su falta de ambición les condenó y la ausencia de ética y moral del hombre que eligieron para hacer crecer su negocio, los engulló y acabó por hacerles desaparecer, teniendo que renunciar incluso a su propio apellido para seguir manteniendo su negocio de restauración que, una vez perdió los conceptos originales que les hicieron crecer y estos pasaron a manos del parásito que acabó colonizando su organismo, se diluyó como un azucarillo. Al final, cayeron en su propia trampa legal porque los que no tienen escrúpulos, saben codearse de tiburones como ellos que saben dónde morder y cuando hacerlo y ante eso, una simple sardina no tiene nada que hacer salvo palmar con la mayor dignidad posible, y la puta clave estaba en ser el propietario de los terrenos sobre los que se acabarían levantando los restaurantes,para de ese modo aspirar a una renta mensual que pudiera ofrecer más posibilidades de ganar dineros de manera exponencial.

Hubo quién se subió aprovechando la ola o que ya estaba allí cuando comenzó el maremoto y estos acabaron ocupando puestos de responsabilidad, cuando el falso fundador dejó paso a los demás por causas ajenas a su voluntad.

A día de hoy, McDonald´s es una franquicia que está por todo el mundo y que ofrece comida al uno por ciento de la población mundial y purga su mala conciencia empresarial destinando grandes cantidades de dinero a asuntos sociales. Si hubiera seguido en manos de Mac y Dick, a la muerte o a la jubilación de estos, que a veces es lo mismo, todo se hubiera quedado allí y los seres humanos tendríamos menos obesidad y colesterol y tal vez las vacas no estuvieran abocadas a una extinción futura, siempre y cuando la carne procesada que nos proporcionan a velocidad de vértigo, proceda realmente de este animal, sagrado en algunos lugares y tan diseccionable en pequeñas porciones para diferentes usos en los restantes.

John Lee Hancock no es nuevo en esto del cine, pero es más recordado y reconocido por su labor como guionista que como director. Firmó los libretos de dos grandes obras de Clint Eastwood en 1993 y 1997 respectivamente con “Un mundo perfecto” y “Medianoche en el jardín del bien y del mal” y aquí recrea la vida de un hombre ya maduro y de vuelta de todo que se encontró una mina de oro en su perpetuo deambular y supo explotarla para su propio beneficio y el de aquellos que fueron subiéndose al barco a instancias de su supervisión y que levantó un imperio dónde antes apenas había nada.

Michael Keaton , recuperado para el cine después de un olvido prolongado e injustificable de la mano de Iñárritu en la impagable “Birdman” en el 2014, encarna al magnate de la venta masiva de hamburguesas de forma creíble y orgánica, adueñándose de toda la película desde el largo plano inicial en el que trata de vendernos a todos una batidora de cinco ejes que nos permitirá mejorar nuestras expectativas vitales, hasta que alcanza su posición de privilegio en base a unos conceptos mercantiles sacados del libro de cómo hundir a tu prójimo aprovechándote del inmovilismo y la torpeza de los demás.

Míster Keaton está bien escoltado por otros compañeros de profesión y, en base a un buen montaje, hábil y efectista y a un guión bien hilvanado que nos cuenta la historia como hay que hacer, desde su génesis hasta su desenlace con economía de medios y con los recursos narrativos justos para hacerla digerible, crea un más que correcto producto audiovisual sobre cómo hacerse a sí mismo y las consecuencias que tendrá para bien o para mal en aquellos que estén en la onda expansiva.

Película muy americana en su concepción y en su puesta en escena, pero que no puede enfocarse de otra manera, para ser fieles a una época y lugar que sólo podían darse en la supuesta tierra de las oportunidades en la que cualquiera podía hacerse un hueco si encontraba los mimbres para hacer un buen cesto sin que ningún indeseable le robara los materiales antes de empezar a tejerlo.

Como la Enea o Espadaña, que trabajada con maña, una vez cortada y seca, puede ser utilizada para hacer muebles, como soporte de sillas y que los pájaros pueden utilizar para hacer nidos, como este hombre, que supo manipular con extrema habilidad unas circunstancias en principio poco favorables para  su expansión personal y que acabó por convertir las trabas en puntos a su favor y que tuvo la paciencia suficiente para ir recolectando ramas para construirse un nido acorde con sus expectativas. espadana

Esta planta, en el lugar apropiado, puede reproducirse a velocidad de vértigo, como se reproducían y se siguen reproduciendo cual setas, las franquicias de este restaurante que es el templo de los carnívoros con escasas aspiraciones gustativas y nivel adquisitivo acorde, y puede llegar a crear colonias impenetrables como los vericuetos legales que una legión de abogados a los que se podía pagar con holgura, crearon en torno al origen del asunto para dar la vuelta a la tortilla y apartar de manera denigrante a los creadores del invento que llegaron a creerse que un simple apretón de manos de alguien implacable iba a devenir en beneficios puntuales en base a un sistema de restauración que impusieron en una época en la cual no existía nada que se le pareciera y que supuso una auténtica revolución que aún hoy, muchos años después se sigue tratando de imitar con desigual acierto.

Según palabras del fundador por acoso, derribo y usurpación de ideas y conceptos ajenos, la vida es para los desalmados. Es decir, para aquellos que se atrevan a tomar lo que no es suyo con impunidad, nocturnidad, falta de ética y alevosía, en lo que es sin ningún lugar a dudas la biblia de los trepas, los mangantes y los chulo putas, que no tendrán inconvenientes en ponernos de patitas en la calle con una mano delante y otra detrás  para poder hacerse otro baño nuevo en su flamante mansión.

Que Dios se lo pague con una diarrea perpetua.

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