“El faro de las orcas” de Gerardo Olivares o Mimosa pudica (Mimosa sensitiva)

Gerardo Olivares es de lo pocos cineastas, en España creo que el único, que se dedica a hacer cine naturalista y comprometido con ciertas causas que no suelen verse reflejadas en el cine. Si en “14 Kilómetros” en el año 2007, haciendo alusión a la distancia que separa África de España, se metía de lleno a contar  el sufrimiento de aquellos que se juegan el pellejo para aspirar a una vida mejor o simplemente sobrevivir, que no es asunto menor, con “Entre lobos” en el año 2010, nos presentaba a ese actor que nos sorprendió a todos en “El bola” de Achero Mañas diez años antes, pero ya hecho un tiarrón cachas y bastante buenorro aunque con un aspecto un tanto rústico. Ahí nos contaba la historia de un chaval que fue vendido de niño por su padre a un terrateniente y que este a su vez se lo cedió a un pastor que tras morirse, dejó a la pobre criatura en compañía de unos lobos con los que creció, dejando claro que somos los humanos los más dañinos y que hasta un grupo de cánidos salvajes son capaces de mostrar más solidaridad y empatía que esos seres vivos que caminamos a dos patas y que nos pasamos la mayor parte de nuestro tiempo pensando en cómo podemos putearnos.el-faro-cartel

En “El faro de las orcas”, este director español que trabaja fuera de norma, nos cuenta la historia de Roberto Bubas, un guardafauna patagónico cuya mayor aspiración de niño fue subirse al calipso del comandante Cousteau y recorrer los mares del mundo haciendo labores naturalistas. Este tipo hubiera sido un gran tripulante de ese mítico cascarón de nuez reciclado de un puerto seco, si hubiera podido cumplir sus sueños. Sin embargo, la no consecución de sus aspiraciones derivó en otra causa no menor en cuanto a méritos y su historia no pasó desapercibida para otras personas que desempeñaban estudios semejantes en otras partes del mundo.

En los años setenta, cuando comenzó su actividad de vigilancia de la fauna patagónica en uno de los lugares del mundo más vírgenes y privilegiados para la observación de animales en estado salvaje, no había casi gente ni cámaras ni testigos que registraran lo que allí se hacía y dedicarse a ello era seguramente una de las formas más extremas de aislamiento a las que puede llegar a someterse un ser humano. Se convirtió en un estudioso de este tipo de ballenas con muy mala fama desde que en el año 1977  a Michael Anderson le diera por dirigir una película con el gran Richard Harris de protagonista y desde entonces, estos bichos fascinantes tienen que lidiar con ese sanbenito lo mejor que pueden.

Está demostrado que las ballenas, al igual que los delfines, son seres con una inteligencia bastante desarrollada que crean sociedades con ciertas semejanzas a las de los humanos, seguramente más civilizadas. Y de entre todas las ballenas, por las razones que sean, las orcas destacan entre las demás. Pueden organizarse en manadas para cazar y son las hembras las que manejan el cotarro. Está también demostrado y que se jodan los machistas recalcitrantes, que las sociedades matriarcales funcionan mejor por una sencilla razón. Manejan sus cerebros con mayor eficacia que los machitos. A mí también me jode, pero hay que admitirlo porque la verdad sólo tiene un camino aunque no nos guste.

Beto comenzó su relación con las orcas de una manera anecdótica y lo que empezó siendo un juego, acabó creando un vínculo que se prolongó durante muchos años y que levantó ampollas en ciertos sectores anacrónicos, burocráticos e incluso académicos, que no compartían la manera directa de hacer ciencia de este guardafauna peculiar. Cierto es que es mejor que el resto de los humanos no piensen que la interacción con los animales salvajes es una opción. Hay un sitio para cada uno, ya se trate de ballenas, búhos o alacranes y hay que respetar los espacios para que ambos mundos no se mezclen jodiéndolo todo que es lo que suele acabar pasando siempre que se acaban traspasando algunas fronteras. Estoy totalmente en contra del confinamiento de animales para el divertimento y entretenimiento humanos, pero hay que admitir, que aunque siga siendo extremo, debe de haber algunos animales encerrados para que podamos aunque sólo sea intentar entender ese mundo que hay ahí afuera. Creo que sólo viendo la tristeza de esos presos que se sacrifican por los que no lo están, podemos atisbar la grandeza animal de este mundo biodiverso y maravilloso que nos ha tocado vivir y que estamos destrozando. Para respetar hay que conocer. No hay otro camino.

El hombre ha exterminado más de cien especies en las últimas décadas y en ello sigue empeñado. El rinoceronte negro, el tigre de Java, el Dodo o el Bucardo son sólo algunos de los ejemplos de nuestra labor exhaustiva en cuanto a cepillarnos especies que otrora fueron numerosas y que ahora sólo pueden verse disecadas o en réplicas de resina en los museos de naturaleza muerta que hay en todo el mundo. Con las ballenas acabará pasando lo mismo. De nada valen las moratorias de caza que se firman en grandilocuentes tratados y reuniones si luego los noruegos y los japoneses se lo pasan por el forro aprovechando el margen legal que les otorga eso tan socorrido de los fines científicos cuando todo el mundo sabe que se cazan para obtener materia prima con la cual elaborar entre otras cosas productos cosméticos para que los laboratorios los envasen y los vendan a precio de oro para que sigamos pareciendo más jóvenes y más guapos y, sobre todo, más gilipollas.

Pero aquí se trata de una cuestión de máximo interés para una madre de niño autista que desesperada por la ineficacia de los tratamientos convencionales y ante una reacción motivada por unas imágenes visionadas en la tele, decide gastar su última bala en viajar al culo del mundo para tratar de encontrar una solución a su problema. Ese niño y esa madre existieron y viajaron hasta Península Valdés y el milagro tuvo lugar y dio origen a un libro que el cuidador de fauna salvaje escribió una vez que finalizó la experiencia. Lo demás, son licencias dramáticas que obedecen a los guiones de toda obra audiovisual para acabar de envolver el producto para que sea atractivo para un público potencial.

Se trata de una película menor sin más pretensiones que la de contar una historia y hacerlo de la mejor manera posible. Los paisajes son media película, la otra mitad se la reparten entre los actores y esa ballena de pega que se beneficia de los avances tecnológicos en el campo de  la animatrónica y de los cuáles no pudieron beneficiarse en igual medida películas anteriores a esta.

El autismo es una cabronada tanto para el que es autista como para quiénes lo sufren de manera directa. Debe de haber grados como en todo porque yo conozco gente que no es autista y que tiene graves problemas para relacionarse con otras personas de su mismo género y que reaccionan de manera cuanto menos peculiar cuando se ven sometidos a presiones o estímulos diferentes de los habituales. El caso es que esta clase de peculiaridades del comportamiento, deben ser detectadas a tiempo y actuar en consecuencia y ya se sabe que la terapia con animales puede ser muy beneficiosa no para su curación, porque no la tiene, sino para minimizar los efectos que esta clase de trastornos pueden generar en los entornos afectados.

La mimosa pudica es una especie de mimosa especialmente sensible al tacto y a los rayos solares y se contrae como mecanismo de defensa ante los depredadores y para conservar sus reservas de agua en las horas de mayor calor, como se retraen este tipo de personas que no soportan los cambios de rutina que sus cerebros interpretan como amenazas reales de las que hay que defenderse.mimosa-pudica

No conviene jugar con estas plantas porque emplean mucha energía en sus procesos defensivos, lo cual les otorga un ciclo vital mucho más breve de lo habitual. Igual que los autistas reciben la mayoría de sus estímulos por la vía visual, los que nos catalogamos como personas normales, deberíamos también utilizar idénticos patrones visuales para saber interpretar correctamente el mundo que nos rodea y actuar en consecuencia.

Las orcas que nos describen en esta película, tampoco tenían un comportamiento normal. De las más de sesenta mil ejemplares que había en el mundo (no sé por cuánto andará el contador ahora), sólo un número muy reducido de ellas desarrolló un método de caza que les permitía capturar presas vivas en las misma orilla y regresar de nuevo al mar gracias a la fisionomía de las playas y a la habilidad de estos cetáceos emparentados con los delfines. Este estudio y la forma de llevarlo a cabo, le valió al Roberto Bubas una beca del National Geographic.

Las orcas que se acercan, o se alejan, según se mire, por el estrecho de Gibraltar en época de captura del atún rojo en las almadrabas, ya han demostrado también su habilidad a la hora de organizarse y disputarle a los pescadores el preciado botín. En la unión está la fuerza y en la adaptación está la clave de la supervivencia.

Fuentes gubernamentales intentaron echar de su puesto a este señor apoyándose en la prohibición, lógica por otra parte, de que no era lícito ni ético, que un ser humano interaccionara con la fauna salvaje, pero la presión popular lo evitó. Fue por lo visto apartado a otras playas del territorio dónde nunca se habían avistado orcas y estas acabaron también yendo allí por lo que quedó demostrada la existencia de un vínculo incuestionable entre hombre y ballenas.

La mayoría de nosotros deambulamos por este lugar que nos ha tocado habitar sin más pena ni gloria, pero hay otras personas que ya sea por determinación o porque poseen un don, hacen cosas extraordinarias que deben ser reflejadas por todos los medios posibles. Todo aquello que nos ayude a ser mejores o a entender nuestro entorno y utilizar nuestro conocimiento con fines nobles, debe ser potenciado y divulgado por la mayor cantidad de medios posibles.

Todos los seres vivos pertenecemos al mismo lugar y tenemos el mismo derecho a habitarlo sin que tengamos que ser excluyentes o antagónicos. Si realmente hubo un ente  creador de todo esto, no creo que lo hiciera con otras intenciones.

Lo que ocurre es que estamos en una nave sin rumbo ni timonel y cada cual trata de salvar su propio culo.

Ya ocurrió en el Titanic y así les fue.

Sálvese quién pueda.

 

 

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