“El amante doble” de Francois Ozon o Erythrura gouldiae (Diamante de Gould)

Este tipo de pájaro, que fue llamado durante una buena temporada Pinzón de Gould y parece estar emparentado con  esa familia, como puede deducirse por la forma de su pico, especialmente diseñado para acceder a los granos que se encuentran encapsulados en determinados tipos de semillas, debe su nombre a la esposa del ornitólogo británico John Gould, siendo un ave endémica de ciertas zonas de Australia que se cría en cautividad y que durante un tiempo, hasta que se la protegió, estuvo en un tris de desaparecer de la faz de la tierra. Su plumaje colorido que da la sensación de estar pintado, es al mismo tiempo principio y causa de su desgracia. Debido a  su evidente atractivo, es un pájaro altamente demandado y muchos de ellos han acabado  en las jaulas de aficionados de todo el mundo y en su hábitat natural se ve siempre muy expuesto al ser fácilmente detectables  por sus potenciales enemigos depredadores.gould5

Durante un tiempo, también se pensó que existían diferentes especies de esta ave colorida y exótica, pero ya se sabe que no existen subespecies, sino que son variaciones cromáticas de la misma. Son aves muy sociables que forman bandadas numerosas, anidando generalmente cerca de zonas de agua y que son también conocidos como inseparables de Gould, porque cuando se emparejan y se aparean, tras un espectacular ritual de cortejo, lo hacen de por vida, existiendo la creencia, ignoro si real o creada para aumentar su leyenda , de que una vez muere uno de los miembros de la pareja, la otra recorre idéntica senda en un breve espacio de tiempo.

Y de inseparables, pero esta vez involuntarios, va la nueva película de este cineasta francés, inquieto, prolífico y ecléctico como pocos o como ninguno, porque no hay manera de encasillarle entre otras cosas porque ni se deja ni se puede hacer. Le da igual marcarse una adaptación teatral de un texto de Juan Mayorga, como “En la casa” (2012), que meterse en la piel de una puta adolescente, experimental y vocacional, que lo tiene todo, pero se siente vacía como en “Joven y bonita” (2013), que visitar las profundidades de las perturbaciones de un ser humano machacado por la guerra que debe adaptar su conciencia a recuerdos impostados como en la maravillosa “Frantz” (2016) que, como es el caso, acometer una adaptación de un relato de Joyce Carol Oates, para darle su hálito y sello personal, que es hacer películas como las copas de los pinos, con escuetos puntos de partida que el desarrolla como un prestidigitador de la cámara, agarrándose a una sucesión de planos que crean atmósferas únicas e intransferibles que se siguen agarrando a la memoria hasta mucho después de haber salido de la sala del cine.

En esta turbia, desasosegante, desconcertante e inquietante película, vuelve a servirse de esa actriz monumental que atesora en su delgado cuerpo y en su evidente juventud, la sapiencia, el talento y la presencia de los grandes y que parece estar imbuida o poseída, que tanto me da, por un tipo de esencia actoral que no se enseña en ningún lugar de formación, sino que se tiene o no se tiene.

Marine Vacth lo posee en cantidades industriales y en sus ojos verdes inmersos en uno de esos rostros hipnóticos que no puedes dejar de mirar y que te hacen sentir al mismo tiempo espía y amante furtivo, se esconde todo el sufrimiento y el desconcierto de los que han vivido mil vidas y sólo reciben de vez en cuando atisbos de las mismas, enfrentándose a la actual con el el hálito y la prestancia de los que aparentan no tener nada que perder. Es evidente que esta es sólo una percepción mía y que lo trasmite porque es una actriz cojonuda porque los papeles que elige entre los viajes que deben de imponerla como modelo profesional, también deben de absorberla hasta el punto de entrar en un trance del que debe despertar cuando el director en cuestión decide dar por finalizado el rodaje del último plano previo al montaje final.est_amante_poster

Aquí se erige, entre otras cosas porque esta monumental señora no admite compartir plano con nadie porque lo fagocita y lo absorbe en cuestión de segundos, en la protagonista absoluta de esta cinta que se sitúa a mitad de camino entre lo físico y lo espiritual, entre lo real y lo onírico, entre las fantasías veladas y las inconfesables y que transita en cada una de sus secuencias, por un terreno resbaladizo por el que conviene hacerlo con el calzado adecuado.

La protagonista se presenta en la consulta de un psiquiatra y por su actitud, aunque no sabemos nada de ella, deducimos que esconde unos traumas ocultos que todos portamos pero que pesan más o menos en la medida en que nos han ido socavando o se han producido en edades en las cuales las simas emocionales que se derivan de dichos trastornos, se hacen más grandes sin ninguna posibilidad de que lleguen a sellar del todo. El profesional de la psique, que trata de ayudarle y de aliviarle un dolor crónico instalado en el vientre de la paciente y que tiene todos los visos de ser psicosomático, no puede sustraerse al magnetismo que exhala la persona a la que está obligado a socorrer a cambio de tarifas bastante elevadas y acaba en la cama con ella en una relación que parece consolidarse, al tiempo que esta nueva situación hace desaparecer los síntomas que venía padeciendo.

Durante las largas consultas en las que enferma y doctor se van conociendo, al tiempo que el pisquiatra trata de ahondar en sus recuerdos e inicia un labor de arqueólogo emocional que con infinita paciencia trata de extraer los fósiles que nos hablarán con certeza de tiempos pretéritos, va uniendo las piezas de un puzzle que también son entregados al espectador, para que haga lo propio. Es evidente que hay también una relación traumática con una madre a la que ella se refiere siempre en pasado y que allí haya que buscar sino toda la causa de su trastorno, sí por lo menos su génesis.

Y todo parece haberse resuelto de una manera natural, aunque es evidente que no es así porque si no, un cineasta de calado como Ozon no se hubiera embarcado en este proyecto, hasta que la joven ve casualmente a su novio actual con otra mujer. Sus pesquisas en pos de desenmascarar al cabronazo en cuestión, desembarcan en la consulta de otro psiquiatra idéntico en apariencia al suyo, pero cuyo comportamiento le sitúa al otro lado del espectro de las actitudes humanas y en vez de comprensión, solicitud y empatía, se encuentra con la desafección, la dureza y la frialdad de una piedra de pedernal con ojos. Esta situación que la desconcierta y la pone cachonda a partes iguales, también acaba degenerando en un juego erótico de tintes imprevisibles que abre tantas puertas que los que estamos viendo la película nos exponemos a un resfriado y una tiritona considerables.

A partir de este momento, la película se mete en una espiral extraña, al tiempo que nos vamos internando sin remedio en los círculos de Dante que conducen al infierno tras una breve parada de avituallamiento en el purgatorio y Francois Ozon demuestra que, igual que el Diamante de Gould está emparentado con los pinzones, él también lo está con la forma de ver y entender el cine de otros colegas suyos como Cronemberg, Coppola o Aronofsky.

Como telón de fondo de esta intriga kafkiana y como única explicación y recurso posible, están los gemelos que se derivan de ciertas mutaciones que tienen lugar en los primeros estadios de los embarazos, cuando una serie de rocambolescos y aleatorios sucesos ocurren en el proceloso mar del líquido amniótico antes de definirse y empezar a desarrollarse como una realidad concreta.

Hay muchos estudios sobre los gemelos y los expertos no acaban de ponerse de acuerdo del todo en ello y los que se adhieren a la teoría del gemelo evanescente, aquel que en el primer trimestre de embarazo es absorbido por la madre, por la placenta o por la otra mitad, sugieren, porque no es comprobable, que los zurdos pueden ser la consecuencia de una gestación gemelar en la cual la otra parte no acabó por desarrollarse. Para darle más morbo al asunto, algunos hablan de los gemelos caníbales que se papean al opositor en el vientre de la gestora por aquello de eliminar competencias desde sus mismo inicios, que luego, una vez fuera, son más complicadas de gestionar y además dejan huellas más evidentes, pero sinceramente y desde mi ignorancia, no creo que se puedan aplicar ese tipo de conceptos a algo que debe de resolverse en las interioridades de las madres embarazadas de manera más práctica porque, por regla general, la naturaleza es sabia, por lo menos mucho más que nosotros y la mayor parte de las veces, siempre encuentra la forma de resolver de manera salomónica los problemas que se derivan de las mutaciones que una serie de combinaciones celulares plantean sobre la marcha según se van desarrollando los acontecimientos.

Y con esta idea juega Ozon a complicarse la vida y de paso ponernos la cabeza como un bombo, porque la intriga va en aumento según se van cayendo las capas que dejarán la cebolla en el chasis y todo se convierte en un juego de espejos, en una dicotomía indivisible que demuestra que el haz de una hoja no puede desprenderse de su envés y que las monedas sólo alcanzan acuerdos cuando están de canto y, juegos metafísicos aparte, a mí me parece un ejercicio soberbio de cine extravagante que te mantiene pegado a la butaca con los ojos abiertos como platos, tal y como anunciaba pero con una traducción libérrima por mi parte, la obra póstuma del gran Kubrick que tenía en común con esta la creación de una atmósfera envolvente que limita el oxígeno disponible para que todos seamos conscientes de que gastar más aire de la cuenta puede degenerar en un desenlace prematuro que no va ser del agrado de nadie.

Fancois Ozon puede hacer lo que le venga en gana porque ya tiene tras de sí un pasado sólido y unas credenciales inapelables que justifican, siempre y sin excepción, el precio de la entrada que se paga por ver sus creaciones y al que le gusta dejar en suspenso cada una de ellas sin dar finales cerrados, para que cada cual, a la manera que quiera o pueda, cierre unas compuertas y decida dejar abiertas otras para que se inunden con nuestros propios fluidos amnióticos. En otras palabras, para que nosotros decidamos si absorbemos a nuestro gemelo o nos dejamos absorber.

Y cuando el proceso se completa, es decir, cuando ambos individuos alcanzan el objetivo final que es salir de la madre gestante como dos entes independientes que tendrán cada uno su vida, aunque por lo visto nunca acaban de desligarse el uno del otro y si les separan y uno de ellos pierde un brazo, el que tiene los dos, siente su ausencia y están conectados por vía telepática. Esto sólo pueden decirlo los que lo son y pienso también que sus percepciones pueden estar alteradas porque compartir una casa tan pequeña siendo tan poquita cosa, tiene que condicionar lo suyo, lo cual les convierte a nivel humano en Diamantes de Gould, siempre expuestos a lo evidente de su duplicidad, motivo y causa de estudios permanentes que irradian ese aura de misterio que ha de ser resuelto, sin que ellos puedan hacer otra cosa que vivir con la mitad que les corresponde.

Y si tu dolor de estómago crónico es la consecuencia de una mala digestión tardía en forma de mala conciencia por haber absorbido a tu hermanito del alma o te sale un tercer pezón a la altura del ombligo que te recuerda lo que hiciste mientras buscas cada mañana dónde estará el cuarto en discordia, pues es lo mismo a fin de cuentas que el que se encuentra un bultito debajo del sobaco y empieza a pensar que tal vez crezca y acabe con él.

Por que quién sabe si ese quiste es tu hermano evanescente que se está tomando su venganza.

Tardía pero implacable.

 

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