“Después de la tormenta” de Hirokazu Koreeda o Nelumbo nucifora (Flor de loto o Loto sagrado)

Hirokazu Koreeda es un habitual de los festivales del mundo entero y tiene una amplia colección de premios recolectados a lo largo y ancho del planeta. Para no marcharnos muy lejos, sólo recordar que ha sido dos de las últimas cuatro ediciones, el ganador del premio del público en el evento donostiarra. “Like father like son” (“De tal palo tal astilla”), se lo llevó en el año 2013 y “Nuestra hermana pequeña” hizo lo propio en el 2015. En palabras del propio director dichas en la presentación de su película en el Victoria Eugenia, la organización del festival siempre le invita a presentar sus trabajos y también se lo rifan en otros muchos lugares por una sencillísima razón. El tío es muy bueno y las películas antes mencionadas son también joyas del cine minúsculo que se ven con agrado y son recordadas en el tiempo.despues-de-la-tormenta-cartel

Sus historias son pequeñas e universales y no se circunscriben, como muchas de su colegas asiáticos a ámbitos culturales de Oriente que dificultan la comprensión de los Europeos o de los que están más allá del Sol Naciente. Son pedazos de vida perfectamente reconocibles porque una madre es una madre aquí y en la China (con perdón) y allí las parejas también se divorcian y los hijos sufren las consecuencias.

El título es metafórico y literal al mismo tiempo porque en principio hace alusión a la cantidad de desastres naturales, en este caso ciclones, que asolan esa parte del mundo y en un sentido más íntimo (puede que esto hubiera habido que ponerlo en primer lugar), al hecho innegable de que después del desastre, hay que hacer una evaluación de daños para ver qué es lo que se puede salvar.

El protagonista es un hombre ya muy cercano a la edad madura con un matrimonio fallido a sus espaldas, con un hijo fruto del mismo que se disputan de manera eso sí civilizada, que prometía mucho en su juventud y que después se quedó en nada como más o menos nos ha pasado a algunos millones de ciudadanos de este lugar llamado mundo. Yo pertenezco también a ese bando de perdedores que seguimos nadando aunque sepamos a ciencia cierta que no nos van a alcanzar las fuerzas para llegar a la costa. El sujeto en cuestión publicó un libro que no trajo aparejada continuidad y malvive haciendo trabajillos de detective aficionado y gastándose todo lo que gana en apuestas de juego como ya hiciera su padre antes que él demostrando una vez más que la genética es insobornable, aunque su noble intención es dar un pelotazo que le permita recuperar la estima y la familia perdidas. Nobles pero erráticos objetivos.

La mujer es un ser humano vital que ya se ha cansado de dar oportunidades al hombre que eligió para pasar su vida con él porque sabe que hay caminos que nunca conducen a ninguna parte y que, una vez extinguido el amor a pesar de que queden rescoldos, prefiere pasar página y tratar de educar a su hijo lo más lejos posible de la zona de influencia negativa que representa su progenitor, no por maldad sino por evidente incapacidad vital o lo que comúnmente se denomina inmadurez.

Hiroshi Abe y Satomi Kobayashi interpretan a la pareja protagonista que utiliza generalmente el marco de la casa de la madre del padre fracasado para dirimir sus disputas, porque la ex suegra de la chica hace denodados esfuerzos, después de la muerte de su marido, para que la casa no se le quede vacía y porque quiere a su nuera y a su nieto y nada le haría más feliz que mantener a la familia unida a costa de lo que sea y por ello despliega todas las artimañas posibles de mujer adulta, sabia y vieja para tratar de volver a unir un jarrón que se ha roto en mil pedazos. A este personaje lo interpreta con su habitual maestría, Kirim Kiki, una de las más aplaudidas y admiradas actrices japonesas, que ya nos deleitara el año pasado con su trabajo en la deliciosa, tierna y preciosista “Una pastelería en Tokio” de Naomi Kawase.

El hijo de la pareja en proceso de derribo, es un chico listo que ha heredado la belleza y la inteligencia de sus progenitores y que, como todo ejemplar hábil de la raza humana, trata de sacar partido de la situación, apretando aquí y aflojando allá porque se sabe muy querido por las tres partes contratantes y tirando de refranero español que siempre es muy socorrido, intuye y comprueba  que a río revuelto, ganancia de pescadores. Lo interpreta un actor llamado Sôsuke Ikematsu  y da la talla en las réplicas y en las múltiples escenas en las que le toca intervenir.

La película es una sucesión calmada y armónica de situaciones familiares partiendo ya de un punto de ruptura aparentemente insalvable. Está rodada, según también palabras del director japonés, en un apartamento pequeño de estudiante en el cual vivió por espacio de unos veinte años y es por eso que esta película tiene algo de biográfico aunque sólo sea por el hecho de que entre esas cuatro paredes empezó y terminó de configurarse como proyecto de persona, mientras trataba de sacar adelante su vida.

Y cada cual trata de llevarse el gato al agua como sabe y como puede, siempre con el máximo respeto que se muestran esas familias que convierten el simple y a la vez complejo acto de convivir, en una lucha de supervivencia en la que no se trata de aniquilar al enemigo porque todos están en el mismo barco y saben que una vía de agua demasiado grande puede hundir el casco y enviarlo o al desguace o a los abismos abisales de las familias destrozadas sin reparación posible.

Esta película resulta fácil compararla con la flor de Loto, también llamada Rosa de Egipto y que se considera sagrada en la India y en China y que lo fue en el Antiguo Egipto. Esta hierba acuática de tallos largos simbolizaba la resurrección en la época de los faraones porque sus tallos largos emergían del agua. En la actualidad, la copa de sus semillas disecadas se utiliza para arreglos florales. Sus raíces  hervidas son también consumidas como alimento en la cocina asiática y tiene aplicaciones en la medicina popular.

flor-de-loto-planta-sagrada-en-china-e-india-2 Esta flor de nombre místico es aprovechable en todas sus variantes como esta mágica película japonesa que tampoco tiene desperdicio. Dicen que la longevidad de las semillas de esta planta acuática que se agarra con fuerza en el fondo de los estanques, como este trabajo se agarra al alma, pueden volver a germinar incluso después de tres siglos. No viviremos tanto, pero este es un film que se guarda en la memoria y que puede que, dentro de unas décadas, si aún tenemos el privilegio de seguir vivos, vuelva a germinar en nuestros corazones.

Es una película perfecta en su planteamiento y en su concepción, magistralmente rodada con un sentido impecable del ritmo y de la pausa, que se beneficia de unos diálogos ágiles y creíbles llevados a cabo por actores y actrices que muestran su naturalidad ante la cámara y en la que el drama está siempre presente pero aderezado con orientales perlas de humor que hacen el relato más amable y definitivamente más accesible y que tampoco está exenta de eso tan importante que se denomina tramas secundarias que alimentan a la principal y la engrandecen. Gran cine de un hombre que nunca pensó en hacerse director de películas pero al cual le estaremos infinitamente agradecidos los que amamos el Séptimo Arte, por haber tomado esa crucial decisión de dedicar su vida a contar historias.

Y la historia hace honor a su título y el fenómeno meteorológico atrapa a la familia en el interior de la casa de la madre aunque a decir verdad nadie hace verdaderos esfuerzos para que eso no llegue a ocurrir y  la cámara se detiene justo después de la tormenta y cada cual deberá extraer sus propias conclusiones, porque Koreeda elige con gran criterio un final abierto en el que todo es posible.

Y queda claro una vez más que para contar historias importantes no hacen falta persecuciones aparatosas, monstruos ciclópeos,  sangre y hostias por doquier. Que basta simplemente con un buen guión y con alguien que sin golpes bruscos de timón, sepa llevar a buen puerto a su criatura.

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