“Barry Seal, el traficante” de Doug Liman o Fringilla Coelebs (Pinzón vulgar)

Este pájaro, del tamaño de un gorrión,  es una especie de ave no migratoria, gregaria y acomodaticia que visita y habita todo tipo de paisajes, demostrando su increíble capacidad de adaptación. En primavera son aves forestales, pero en invierno pueden agruparse en grandes bandadas con otro tipo de pájaros para visitar carrizales y otras masas de vegetación para eso tan necesario, incluso para las aves, que es irse a dormir.pinzón vulgar

Es un ave muy extendida que muestra un amplio abanico de reclamos según esté posado o en vuelo y aunque debido a la especial forma y a la robustez de su pico, es un hábil consumidor de semillas, muchos de ellos, sobre todo los jóvenes, prefieren los insectos para la cosa del papeo seguramente porque deben de ser más tiernos y jugosos. Muestran un claro dimorfismo sexual entre géneros y un vuelo directo, bastante rápido, ondulante y con series de aleteos entre planeos con las alas cerradas.

Como curiosidad, decir que su apellido latino “coeleb”, significa soltero y que fue bautizada por Linneo porque en su país natal, las hembras se marchan en invierno y los machos se quedan.

Los pinzones han sido ampliamente estudiados por biólogos porque son una demostración palpable y viviente de que la evolución va mucho más deprisa de lo que suponemos o por lo menos de lo que suponía Charles Darwin que fue el primero en poner las cartas sobre la mesa para que otros después, con las mismas premisas como punto de partida, evidenciaran que en lo que va de una camada de aves a otra en el caso de los pinzones, pueden variar el grosor de su pico para que sean capaces de abrir las cápsulas que contienen las semillas de las plantas de las que se alimentan cuando se endurecen a causa de períodos largos de sequía y esta capacidad adaptativa era la que tenía un señor llamado Adler Barriman Seal, que bajo la abreviatura de Barry Seal, se convirtió casi de la noche a la mañana en el mayor traficante de los Estados Unidos.BARRY-SEAL-cartel

Era hijo de un mayorista de caramelos que era un miembro activo del Ku Klux Klan porque entre otras cosas, si naces en Louisiana o eres negro o eres racista o lo disimulas lo mejor que puedes y ya demostró desde niño que arrestos y determinación le sobraban porque fue el piloto más joven en hacer un vuelo en solitario cuando tenía algo menos de quince años y también fue el piloto más joven de la historia de los EE.UU en pilotar un avión comercial.

En los convulsos años ochenta, en plena guerra fría y con la amenaza latente del comunismo que había decidido instalarse a apenas unos pasos de su mayor y confeso enemigo, en los Estados Unidos se cocían muchas cosas. En la administración del entonces país más poderoso del mundo con el permiso de la URRS que no estaba dispuesta a concedérselo, ya sabían que invertir dinero y recursos en sudamérica para financiar a los insurgentes para que tocaran los cojones a los gobiernos establecidos ya fueran legitimados o por la fuerza, era una manera tan buena como cualquier otra de tener las cosas bajo control y por ello, en lo que acabó llamándose “Irangate”, vendieron armas a Irán por valor de 47 millones de dólares para que se liaran a hostias con sus vecinos Iraquíes, mientras que con los pingües beneficios se dedicaban a financiar a la contra nicaragüense para que trataran de derrocar al gobierno sandinista que por aquel entonces ostentaba el poder a una distancia lo suficientemente cercana al gigante norteamericano como para que se pusieran nerviosos, evidenciando de paso que el comunismo era un cáncer que se extendía cual metástasis a toda leche entre el tejido capitalista y sus ramificaciones.

Y entre todo este lío de tejemanejes e intereses de muchos tipos, apareció la figura de este señor, oportunista y vividor que no se casaba con nadie, ni con su propia esposa a la hora de la verdad y que se convirtió en el primer mercenario demostrado que trabajó para la CIA, aunque sus primeros trabajos fueron para cartografiar la orografía y las operaciones sospechosas que se llevaban a acabo al sur del Río Grande en ese itsmo gigantesco que cual colon irritable, une las dos américas, la próspera del norte con sus oportunidades y sus sueños y la del cono sur, que hace lo que puede cuando puede y cuando la dejan si no viene nadie a instaurar el poder por la fuerza a instancias de socios mayores que dicen lo que hay que hacer, cuando y cómo hacerlo.

Este señor, en sus vuelos de ida y vuelta, conoció, paisajes y paisanajes que le abrieron nuevas puertas de negocio y estableció vínculos comerciales con todas las partes en discordia o concordia, según soplara el viento y durante un tiempo y de manera simultánea, trató con la CIA, el FBI, La DEA (Administración de control del drogas) y fue colaborador de unos, informante de otros y espía para quién se lo propusiera con la misma naturalidad con la que eructan los bebés después del biberón. Era por lo visto y según los que saben de esto, un anticomunista por devoción, un narcotraficante por ambición y un espía por vocación, siendo estos tres términos intercambiables entre sí sin que el mensaje se altere lo más mínimo.

Y en esa época en la que los móviles no existían y los buscas con sus señales impertinentes empezaban a alterar el mapa auditivo del ser humano y en el cual las cabinas de teléfono y las monedas pequeñas de curso legal eran tan necesarias como un profiláctico a la hora de no contraer una enfermedad venérea, este señor levantó un imperio hasta el punto de llegar a controlar, a instancias y con el permiso del gobierno, una población del estado de Arkansas, en la cual hacía y deshacía como le venía en gana, controlando un aeropuerto desde el cual sacaba armas para financiar la Contra y traía de vuelta militares para su adiestramiento en territorio americano, como hicieron varias décadas después con alguno de esos que después pilotaron los aviones contra las tristemente célebres Torres Gemelas un día de septiembre de principios del presente siglo. Y mientras tanto y a mitad de camino, por aquello de aprovechar los portes, como hacen los buenos transportistas, se traía unos pocos de fardos de cocaína que dejaba caer cual inertes paracaidistas sobre zonas avisadas y controladas por la gente contratada por los jefes del Cártel de Medellín, unos pocos de años antes, pero no muchos, de que a uno de sus miembros le diera por dar a elegir a sus posibles víctimas o aliados entre la plata y el plomo.

Este juego le dio al tal Barry Seal, la oportunidad de amasar una fortuna incalculable e imposible de esconder y no le quedó más remedio que ampliar el negocio y contratar otros señores de corte similar para que pudieran dar a basto con todos los encargos que les llegaban de una parte y de la otra, sin  que pudieran llegar a discernirse, por lo menos para los que nos movemos por idiosincrasias diferentes, quiénes eran los malos y cuáles los menos malos, porque estaba más que claro que buenos ni había ni se les esperaba. Y en plena vorágine, incluso con la droga que entraba a toneladas en los EE.UU y que acabó con la vida de cientos de miles de consumidores, se llegó también a financiar, ignoro si de forma directa o mediante hábiles subterfugios, a los mismos señores que adoctrinados en territorio yanquie, aspiraban a derrocar gobiernos establecidos para adaptarlos a los preceptos del capitalismo como única forma de vida válida y legítima.

Y a estos señores que se sumaron a la causa, les llamaban los pinzones por aquello de que volaban porque no sabían hacer otra cosa y como los pinzones, también se adaptaban a las peticiones que les hacían  volviéndose gregarios cuando era necesario y regresando al nido cuando las circunstancias así lo aconsejaban.

Pero como suele ocurrir en estos casos, si se tensa mucho la cuerda, es probable que se rompa y eso es lo que ocurrió cuando la administración Reagan tomó el poder y ese actor malo reconvertido a presidente mucho peor, dio instrucciones precisas a la DEA para que se pusiera las pilas y cerrara el grifo a ciertos personajes que amenazaban con cubrir de blanco los inmaculados alfeizares de la sociedad americana y Barry Seal, que hasta entonces había estado protegido por acuerdos oscuros, fue dejado con el culo abierto a la intemperie con un montón de maromos sin escrúpulos a sus espaldas y perseguido hasta que dio con sus huesos en la cárcel en 1984, acusado de lavado de dinero, porque otra acusación tal vez hubiera abierto otras cajas que debían de seguir cerradas por un tiempo, pero este tío sabía la hostia en verso y podía dinamitar el estado y sus alrededores, por lo que le conmutaron la pena por trabajos sociales, a cambio de que diera información esencial para acabar con ciertos palacios de la droga que operaban a sus anchas en Colombia y eso fue lo que acabó con su vida de la única manera posible cuando se trata con ciertos personajes, porque los matones de los capos de la droga, le pusieron un sabueso que le persiguió y ajustició con la saña que se les presupone, en un aparcamiento  un diecinueve de febrero de 1986, pero no antes de que el mercenario americano, hubiera dejado notoria y abundante información sobre sus actividades delictivas previas.

Y esto lo cuenta esta película de Doug Liman que tan pronto realiza bodrios infumables como ejecuta trabajos de altura como esta obra audiovisual que bajo una apariencia formal y clásica, se desmarca de otras del mismo género para ofrecernos un biopic poco convencional, bien armado desde un punto de vista narrativo y mejor ensamblado desde otro más técnico y como protagonista principal, tenemos a ese actor de sonrisa tan falsa como encantadora que vuelve a demostrar que es mucho más que una cara bonita que lucha con denuedo para no dejar de serlo. Aquí sin llegar a saltar entre tejados, correr maratones y rascarse el culo ya pelado por callejones infectos, hace un gran esfuerzo actoral con resultados notables y vandeándose con su idioma natal y chapurreando el español para comunicarse con esos fabricantes de cocaína que en mitad de la selva podían darte pasaporte y enterrarte debajo de una palmera, encarna  a un personaje real que por lo visto tenía un físico mucho menos privilegiado que su alter ego hollywodiense y le otorga credibilidad, naturalidad y una de esas actitudes de no me juzgues demasiado que tú en mis mismas circunstancias hubieras hecho lo mismo.

Es cine del bueno que puede ahuyentar a los que están ya muy escamados con este tipo de películas pero cuando se cuenta lo mismo de una manera diferente y además se hace bien, sólo queda el recurso del aplauso y el reconocimiento.

Es una revisión desde el mismo país que la alumbró, de una de las épocas más oscuras de la historia moderna estadounidense que permite y alienta que cierto tipo de gente pueda llegar a ser lo que quiera, fomentando y alimentando ese sueño americano del cual se están despertando desde hace ya un tiempo, aquellos que se quedaron dormidos sin papeles a la sombra del árbol genealógico del Tío Sam.

Por lo visto, en uno de los bolsillos de Barry Seal, después de su asesinato por los sicarios del Cártel de Medellín, se encontró un papel con el teléfono directo de George Bush padre, lo cual da a entender que los tentáculos y la influencia activa de este señor, llegaron a ser determinantes a la hora de conseguir alcanzar ciertos objetivos y hay quién dice, tal vez rizando el rizo, pero vaya usted a saber, que participó en otros asuntos cruciales que cambiaron las piezas del tablero mundial.

Ha habido, hay y seguirán existiendo personajes de este tipo, que pululan cual elefantes sobre una tela de araña y que son nexos entre el poder y la ciudadanía y cuyas vidas fluctúan entre mundos paralelos sin que acaben discerniendo en cuál se encuentran en cada momento y siempre existirá una conspiración, un rey al que hacer jaque, un cadáver que enterrar y eso requiere de personas que sepan hacer los trabajos sucios.

Tal vez sólo fuera un tipo hábil y oportunista que no dejaba pasar ninguna oportunidad de ganar pasta, divertirse y sentirse importante allá dónde fuera y eso es lo que trasmite el famoso actor norteamericano con su interpretación, independientemente de que el guión muestre a las claras que todo estaba tan imbricado, que no había manera de deshacer la madeja sin que se rompiera el jersey.

O tal vez fuera un personaje oscuro que se movía por intereses inconfesables alentado por lo insobornable de su genética y por ese carácter tan americano que convierte  a quiénes lo poseen en trenes imparables hacia una vía muerta.

Yo me inclino por la segunda opción.

American Made (2017)

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