“Alicia a través del espejo” de James Bobin o Pittosporum tobira (Pitosporo)

Los  distribuidores utilizan un hábil truco para conseguir que la gente acuda en masa a ver  las películas con las que se juegan el parné y el prestigio (asuntos estos dos muchas veces indivisibles). Consiste en poner el nombre de un productor famoso en letras muy grandes delante y encima del del director que muchas veces suele ser un tipo o tipa competente y complaciente que se presta a hacer todo lo que les digan los que ponen la pasta. Steven Spielberg lo ha hecho infinidad de veces, Peter Jackson, aprovechando el tirón de la trilogía del señor de los anillos, hizo lo propio con la fabulosa “Distrito 9” de Neill Blomkamp, 2009 y ahora, otro habitual de las producciones, Tim Burton, lo repite con esta que nos ocupa.

Ya lo dice bien claro  si es que tienes la pacienccartel aliciaia suficiente para quedarte a ver los infinitos títulos de crédito. Basado en los personajes de la novela de Lewis Carrol, porque la historia no se parece ni por asomo a lo que se ve en la pantalla. Si Lewis Carrol levantara la cabeza se la cortaría a más de uno parafraseando precisamente la más famosa frase en boca de uno de sus personajes más carismáticos.

Tim Burton es un género en sí mismo. Su particular forma de hacer películas es mundialmente conocida y su universo oscuro, tenebroso y colorista, dota a sus criaturas de un halo especial. Pero aquí se limita a poner la pasta (mucha), a contar con su actor fetiche, (Johnny Depp), con su compositor habitual (Danny Elfman) y a tirar de la madeja que quedara empezada en la anterior película (“Alicia en el País de las Maravillas”, 2010). Pero ya no queda nada del camino de baldosas amarillas.

La culpa la tiene que el proyecto estaba en manos de Disney y eso endulcora y maquilla todo hasta el empalago, como el olor de las flores del pitosporo, planta por otra parte sin mayor atractivo que el de unas hojas de color verde brillante, como el envoltorio de esta película, que es sólo eso, pura fachada.

Nada es como debería ser.  Ni Depp parece Depp, ni Danny Elfman se parece a sPittosporum_Tobira_JPG0í mismo, ni na de na.

Los personajes son los habituales, ya lo he dicho antes.  La estética es casi calcada a la primera, pero ni rastro de la tenebrosidad que trasmite Burton en sus películas, ni de la magia histriónica que nuestro añorado “Eduardo Manostijeras” pone a los personajes que le toca interpretar.

Disney es una factoría. Es una cadena de montaje perfectamente sincronizada y engrasada en la que no se permiten fallos, porque de ocurrir, el señor Walt podría descriogenizarse y organizar un ere de tres pares de cojones y poner a un tercio de su plantilla de patitas en la calle.

Se pone pues la pasta encima de la mesa, se decoran los carteles con el nombre de alguien atractivo, se buscan guionistas que escriban que todo sea bonito y que los buenos triunfen y a los malos les den por culo (si estuvieran a pie de calle, sabrían que generalmente, en la vida real, suele ocurrir justo lo contrario), colocan al frente a una marioneta que diga sí a todo, una implacable promoción y a correr.

Y el resultado es esta película previsible, simple (a pesar de todos los artilugios recreados por ordenador. La simpleza alude básicamente a la ausencia de tramas  o sub tramas interesantes) y aburrida pese a que pretende justo lo opuesto.

Todo encaja porque en Disney no hay lugar para la imaginación del espectador. La imaginación es cosa de ellos y el señor o señora que se pone a ver lo que sale en la pantalla es un comedor compulsivo de palomitas, un sorbedor incansable de coca cola hecha con  polvitos y con la autonomía justa para no mearse encima mientras se agota el metraje.

Por eso este proyecto está dirigido por James Bobin cuyos mayores logros son dirigir las dos últimas películas de los Muppets. Es decir, que lo de los muñecajos se le da bien. A ratos quiere recordar a la originalísima (dados los tiempos que corrían), “Dentro del laberinto”, Jim Henson, 1986 con Jennifer Connelly y David Bowie, pero las comparaciones son odiosas y esta especialmente.

Y, al final, como no podía ser de otra manera, todos son felices y comen perdices.

Y a ver si la próxima vez elijo mejor la película que voy a ver.

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