“Ahora sí, antes no” de Hong Sang -Soo ó Taraxacum officinale (Diente de León)

Hay un tipo de películas y un tipo de cine que sólo tienen cabida en los festivales de cine alternativos o de cierto renombre y en los circuitos de cine independiente, signifique esto último lo que tenga que significar. Y suele ser un cine muy interesante la mayoría de las veces si tienes el cuajo de dejar de lado los convencionalismos, los complejos y cierta manera de ver la vida tan diferente a la nuestra. Me suele gustar el cine oriental. Me encanta su fotografía, los eternos planos secuencia a veces casi más largos que la película en sí, ( si esto fuera realmente posible) los silencios tan interminables como los mencionados planos,  los encuadres  cuidados al milímetro  y un gusto por una estética depurada que convierte los fotogramas en pedazos de poesía.

Pues esta película no tiene ninguna de esas coahora coño sisas. No hay grandes silencios y cómo se echan de menos. La factura técnica es lamentable, (la presencia del cámara detrás de los actores es tan patente como la presencia de los protagonistas que están la mayor parte del tiempo forzados y artificiales) la estética brilla por su ausencia, los planos secuencia sí que son interminables y rezas porque se acaben y en cuanto a encuadres, bueno, hay opiniones.

La música merece mención aparte porque es de barracdiente-de-leona de feria (Oriental, claro está).

Para mí es como un diente de león. Una mala hierba que florece y la más leve brisa lo manda a hacer puñetas.  (Diseminación dicen los entendidos).

Sin embargo, esta película ganó dos premios gordos en el último festival de Gijón (Mejor película y mejor actor principal) y si os leéis las críticas (Cinemanía sin ir más lejos) y veis las estrellas que un grupo de críticos de cine de los más ecléctico ponen a las películas en la Guía del Ocio, comprenderéis y yo también me lo voy a creer, que no tengo ni puta idea de cine. Siempre veo cosas mejorables en muchas películas y en las peores busco un rayito de sol que me caliente. Es decir, aunque pesado, no soy de los peores.

Pero aquí no veo nada.

El protagonista principal es un director de cine, supongo en mi ignorancia que un alter ego del propio director coreano, como si fuera un Woody Allen oriental pero sin ninguna gracia, las cosas como son.

El asunto está dividido en dos mitades en la cuales se repiten escenarios y actores con pequeñas variaciones en localizaciones puntuales y en partes del diálogo, que eso sí, determinan la historia y justifican el título (sólo hasta cierto punto porque tampoco determina gran cosa en la vida de los protagonistas)  Lo otro es inalterable de una mitad a la otra casi como un juego de esos de encontrar las siete diferencias.

No sé si el momento epifánico de la cinta, pero sí el más interesante, ocurre poco más o menos en el minuto 95 de metraje ( lo sé porque tenía el teléfono en la mano y eso, en el cine, suele ser señal inequívoca de aburrimiento) , pero eso ya es demasiado tarde para remontar el vuelo aunque a partir de ese momento te planteas un par de preguntas interesantes como si la película son dos ficciones independientes  que dependen de las decisiones de los personajes (como en la maravillosa “Las posibles vidas de Mr Nobody” de Jaco Van Dormael, 2009), o son dos partes de la misma ficción en la que en la segunda se rellenan los huecos que quedan en la primera). Lo ignoro y no me apetece averiguarlo.

Por lo visto, este director que lleva ya diecisiete películas a sus espaldas y hace siempre lo mismo en todos sus trabajos, debe de ser un genio y además reconocido.

Pues yo soy un gañán que no veo más allá de mis narices porque sino no se comprende tamaña disparidad de criterios.

Seguiré yendo al cine con frecuencia y prometo aplicarme a ver si aprendo algo.

Mis disculpas.

jooooo

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