“Acantilado” de Helena Taberna o Portulaca oleracea (Verdolaga)

Vaya por delante que me gusta mucho el cine español y que lo defenderé a muerte en cualquier entorno contra cualquier detractor que quiera desprestigiarlo y que me jode sobremanera que no me guste una película española que haya decidido ir a ver. Mucho más que con las oriundas de otros lugares.  Y que conste también que no hay en esta defensa ningún interés patrio ni reivindicativo del lugar en el que nací y vivo.

Esta directora que diversificacartel acantilado sus esfuerzos creativos entre documentales y películas desde el año 1999, tiene ya mucho oficio a sus espaldas y eso debería notarse en sus películas. Aunque he oído hablar de ellos, no he visto sus anteriores trabajos y debido a ello carezco de referencias, pero he podido comprobar en las fichas técnicas de sus otras películas que alterna jóvenes pero consagrados actores, muchos de ellos vascos, con otros de mucho mayor bagaje existencial en esto del cine ya sea por oficio, por edad o por una sabia combinación de ambas cosas. Puede verse por los títulos de crédito y los agradecimientos, que patrocinadores no le faltan y eso suele ser porque o bien ya te has hecho un hueco en la industria, conoces a mucha gente que te apoya o te lo has ganado a pulso.

Pero esta película, basada en una novela de Lucía Etxebarría, que tampoco he leído, (ignorando tantas cosas no sé cómo tengo el valor para escribir esta crítica) se queda a medias en todo. Es un trabajo con pretensiones. Tiene mimbres suficientes para hacer un buen cesto. Las tramas y subtramas podrían haberse articulado para crear una madeja que al espectador le interesara desembrollar, pero no ocurre eso en ningún momento. Habla de cosas actuales, de sectas lideradas por gente ávida de dinero y poder sobre sus semejantes, de policías que se ponen zancadillas unos a otros para llevarse los méritos, de asuntos opacos que no quieren que salgan a la luz por si acaso a alguien le salpica la mierda… Es decir, es un thriller en toda regla que debe de mantener en vilo al espectador que quiere sentirse listo averiguando quien es el malo y porqué hace lo que hace. Pero nadie se siente listo porque es previsible hasta decir basta. Hay historias de amor cruzadas salpicando el metraje sin ton ni son y nos interesan tan poco como las cosas que les suceden a los protagonistas y están contados en flashbacks aleatorios metidos muchos de ellos con calzador y que lastran la trama más que enriquecerla. Técnicamente es impropia de alguien que tiene ya tanta experiencia acumulada a sus espaldas. La fotografía es buena, pero eso también hay que atribuírselo a los maravillosos y sugerentes  paisajes canarios. Últimamente hay muchas películas españolas que utilizan localizaciones de esas latitudes para enmarcar lo que quieren contar. El mar y los paisajes abiertos, las nubes como océanos de algodón y el sempiterno viento que lo azota todo. Es probable que las autoridades canarias ofrezcan todo tipo de facilidades para rodar allí. Es probable también que lo que resulta atractivo para los cineastas sea  la baja densidad de población en determinados parajes que garantiza esa tranquilidad tan necesaria para mantener el caos de toda grabación en un entorno lo más controlado posible. O a lo mejor es que dadas sus óptimas condiciones climatológicas sea el lugar ideal para relajarse después de acabar la jornada, pero una película tiene que ser mucho más  que una buena fotografía y unos paisajes a juego. El montaje, sobre todo en los diálogos, resulta estresante por tanto cambio de plano innecesario. No por variar de plano cada dos segundos la narración se agiliza. Los planos secuencia son un magnífico recurso para contar las mismas cosas. Desde mi punto de vista sólo hay una secuencia en el marco de una ventana en que dos de los  protagonistas pueden  mantener una conversación sin que al espectador le bailen los ojos tratando de enfocar quién está diciendo qué. Y luego esa manía de colocar a gente guapa, atractiva y con buen cuerpo en todas las películas. ¿Dónde coño están los feos? Que existimos, joder y nos apetece ver a gente como nosotros caminando por las calles y dentro de los coches para sentirnos identificados. Las películas de hoy en día parecen la continuación de la pasarela Cibeles.

No interesa lo que les pasa a los personajes. No apetece indagar en sus vidas ni rellenar los escasos huecos que quedan. Todo está tan estereotipado que invita al bostezo. LaPortulaca_oleracea_plant cuadratura del círculo ya está más que explotada. No es que se olvide según sales de la sala, es que se olvida según la estás viendo. Sólo hay una cosa que me interesa y es la relación entre los dos hermanos y el motivo que causó su separación, al cual nunca se alude de manera explícita y que permite hacer volar la imaginación hacia terrenos menos trillados.

Es como la verdolaga, una mala hierba en España, que se sirve como ensalada en algunos países europeos. Se podrá comer, si. Pero no apetece hacerlo.

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